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Columnas de opinión | la hora | Volver | FA

Domingo 30

Llegó la hora: ¡Empezamos a volver!

En la noche del 30 de noviembre, cuando veamos estrecharse en un abrazo a Yamandú, Carolina y Lima, pensaremos con emoción: empezamos a volver.

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¿Cuántas veces pasamos mal y pensamos ‘ya se va acabar’? ¡Si habrá habido veces en que soñábamos con que llegue la hora! Bueno, llegó. Ahora depende de nosotros. Las urnas están prontas, vacías, esperando que dentro de ellas se exprese la voluntad popular. Es impresionante sólo pensarlo, ¿no?

Desde hoy al día de la elección no puede haber un momento de descanso. Hay actividades programadas, pero yo confío mucho en el olfato de cada uno sobre lo que hacer. Nadie sabe mejor que uno mismo a quién le puede faltar la lista, quién precisa un empujoncito y quizás un viajecito para ir a votar. El vecino, el pariente…

¿Quién no conoce a alguien que, a horas ya de la elección, tiene dudas? Muchos de tradición partidaria del partido de gobierno se sienten desilusionados. Casi, casi una crisis de identidad. Hay que decirles que los esperamos con los brazos abiertos.

Sobre este tema yo tengo un testimonio muy importante que debo dar. Es una obligación que me he impuesto. Hace siete años que milito en el Frente… Sin embargo, sin renegar de mi pasado, me siento uno más. Es una deuda de gratitud que debe hacer pública. JAMÁS ME SENTÍ UN RECIÉN LLEGADO. Es muy importante que sepa transmitirle esto a los que aún vacilan entre votar al FA o en blanco. Que vengan, los esperamos. Acá van a encontrar su lugar.

Esa es la síntesis que sabe hacer el FA. Uno no tiene que renunciar a su historia para sentir la del FA como propia. Yo recuerdo muy bien el acto de fundación del Frente en la explanada municipal. Fui a “bichar”. Militaba en otras filas. Eran obvias las coincidencias entre lo que proponía el FA y el wilsonismo, pero estábamos en trincheras opuestas y competitivas. Fui a mirar.

Hoy, cada vez que, por ejemplo, se celebra esa fecha, voy a festejar como uno más. Es el cumpleaños de la fuerza a la que pertenezco y por la que estoy entregando mucho o poco lo mejor de mi. Por eso es importante decírselo a los que dudan… den el pasito. Ayer recibí una carta de un dirigente histórico del nacionalismo. Va a dar el paso. Yo le dije: “Tranquilo. No te vas, venís”.

Hice muchas visitas en esta campaña, muchas visitas a pequeñas poblaciones del interior… algo que me genera alegría, porque me alimenta el alma, me enseña, me enriquece. También en experiencias, en ver la cara local de los mismos problemas, que se repiten en todo el territorio nacional. El Gobierno compite por las estadísticas… es muy bueno verles el rostro local a los problemas.

No es cierto que los problemas que han ganado toda la ciudad de Montevideo son solo “urbanos”. En el interior se vive también el tema de la seguridad, de la gente en situación de calle, la marginalidad, la disputa criminal territorial, etc. Pero una cosa es leerlo en un memo y otra es ver el rostro con que en cada lugar se manifiesta el problema.

En Zapicán, con unos 600 habitantes (un padrón mayor por la población rural), por ejemplo, hay un solo policía: no hay más. Si un robo ocurre cuando está fuera de su horario… fue. Nico Pérez y Batlle y Ordóñez son pagos muy queridos para mí. Allí mi viejo aprendió a caminar y a andar en bicicleta… Allí la sociedad civil ha tomado las riendas. Tienen una escuela de baby fútbol para hacer una “política social de contención” con los jóvenes. Lo que el Gobierno comenta en sus discursos, allí se hizo. Lo hizo la gente. Una ONG enseña a gente de todas las edades con síndrome Down.

Podría contar tantas anécdotas... Ya llegará el tiempo de los grandes actos electorales, pero por favor, yo quiero seguir en ese pueblo a pueblo, cara a cara, mano a mano con la gente mirándola a los ojos mientras cuenta…

Lo importante es que de acá al 30 de junio, y luego desde julio a octubre, sintamos ese compromiso, todos, quienes militan orgánicamente y los que solo acompañan. De acá a octubre los precisamos a todos y todas. La máxima debería de ser “todos los días hago algo…”. Un llamado, una visita a un vecino, arrimar una hoja de votación, ofrecer una llevada a las personas mayores o discapacitadas del barrio, o del edificio, si vivimos en un departamento.

No es que este tipo de militancia también sirve. Es la más importante. Que el triunfo se construya desde abajo. Yo veo las monedas que el Gobierno ha gastado en propaganda de Delgado y Laurita (que ahora eligió no ser intendenta… ni presidenta) y pienso dos cosas: tanta plata gastada para perder. Y luego reflexiono: y, además, ganar así… para qué.

Porque ganar para algo, y si el triunfo lo contrae de a poco y desde abajo la propia gente, vale la pena. Es ganar con la gente empedrada de la victoria, con las esperanzas renovadas, con la luz de la alegría encendida nuevamente. Empezamos ya y seguiremos hasta octubre y, si hace falta, hasta noviembre.

Dos discursos vienen a mi memoria. Tabaré en la plaza Lafone y su “no te rindas…”, y Wilson cuando, en la Curva de Maroñas, en pleno discurso se desató un temporal, y dijo: “Que venga el viento… que venga la lluvia y limpie todo lo que haya que limpiar, que venga el viento y barra todo lo que haya que barrer…”.

En la noche del 30 de noviembre, cuando veamos estrecharse en un abrazo a Yamandú, Carolina y Lima, pensemos con emoción: empezamos a volver.

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