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Columnas de opinión | General | origen |

Manini Ríos

Réquiem para un general dominado por su ADN

El origen manda. Su apellido –compuesto por una raíz de origen piamontesa y otra española– surge hacia finales del siglo XIX.

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En la revolución de 1904, Pedro Manini Ríos luchó del lado gobiernista y fue triunfador junto a José Batlle y Ordóñez. El devenir histórico –las actitudes, su lenta toma de distancia de las ideas del creador del batllismo– lo convirtió en líder del “liberalismo conservador” en el Partido Colorado desde 1913.

“Durante las guerras civiles, Manini Ríos expresó cierta inclinación militar a través de su participación en la Guardia Nacional. Este rasgo se consolidaría después en su carrera política a través de un vínculo cercano con el Ejército y sus oficiales, aspecto que, como se verá, ostentó su sector político, el riverismo”, escribió el historiador Gerardo Caetano en su libro “El liberalismo conservador”.

Había sido sargento en la Guardia Nacional en 1898 y llegó a ser teniente coronel de ese cuerpo y jefe del Batallón de Voluntarios nro. 1, en ocasión de la intentona revolucionaria nacionalista en 1910, en contra de la candidatura presidencial de Batlle.

Fue un estrecho colaborador de Batlle, relación que nace cuando, con 17 años, ingresa como periodista al diario “El Día”, a finales del siglo XIX. Junto a Domingo Arena, trabajó intensamente junto al líder colorado, tanto que hizo coincidir su luna de miel con la estadía de Batlle en Europa. La “cuestión obrera” fue el elemento que fue minando la relación entre ambos: Batlle, más cercano a contemplar las movilizaciones de los trabajadores, y Manini Ríos, proclive al “orden” y la represión de las manifestaciones que se expresaron durante el gobierno de Claudio Williman. No obstante, en la segunda presidencia de Batlle, éste le otorga a Manini Ríos la titularidad del Ministerio del Interior. Con 31 años y siendo ministro, Batlle y Manini comenzaron a distanciarse y nuevamente la “cuestión obrera” fue el eje de la controversia. Frente a las movilizaciones de la Federación Obrera Regional Uruguaya (FORU), el ministro Manini fue citado por la Cámara de Representantes y allí realizó un discurso que aparece como un hito en su relacionamiento con Batlle. Cuenta Caetano: “En su comparecencia parlamentaria, en un discurso que fue aplaudido entonces y que nunca sería olvidado por la prensa conservadora, el joven ministro del Interior anunció que había prohibido la manifestación de la Federación, la que a su juicio era ‘enteramente anarquista (….), formada por elementos revolucionarios, de sabotaje, de destrucción y violencia’. Al mismo tiempo, proclamó que la huelga no podía extenderse a los funcionarios públicos, lo que a su juicio significaría ‘subversión’ y ‘revolución’. De igual modo, estableció que se ‘iría a la militarización si el conflicto se radicalizaba’”.

(Es interesante el devenir de esta familia. Con el primer gobierno de Julio María Sanguinetti (1985-1990), otro Carlos Manini Ríos fue designado también ministro del Interior. Había sido ministro de Óscar Gestido y de Jorge Pacheco Areco, y fue embajador hasta 1977, en plena dictadura. En 1980 se expresó contra la reforma constitucional de la dictadura. Tras ser designado ministro del Interior, fue protagonista de una interpelación por la represión contra estudiantes y un diputado del Frente Amplio. Sanguinetti lo mantuvo un tiempo y en 1986 Manini Ríos fue sustituido. Era tío del actual jefe de Cabildo Abierto).

El quiebre con Batlle

El año 1913 fue el de la fractura con Batlle y Ordóñez y el eje fue la propuesta batllista de impulsar el “colegiado”. Manini Ríos se erige como líder contra la reforma y se transforma en portavoz de productores rurales empresarios de origen colorado y altos mandos militares, “colorados pero no batllistas”, según Caetano. Toma a Fructuoso Rivera como su eje histórico partidario. Así funda su propio periódico, “El Telégrafo”, y comienza a estrechar vínculos con grupos conservadores ligados a la Iglesia. Tras derrotar a Batlle y Ordóñez, nace otro periódico, “La Mañana”, fundado en Montevideo el 1 de julio de 1917 como tribuna opositora a la corriente gobiernista de Batlle. “La Mañana” se transformó así en una tribuna conservadora, clerical, ligada a los sectores del campo y castrenses. Es interesante que en ese periódico trabajó un “cívico” conservador, estanciero, Eduardo J. Corso, que muchos años después –desde esa tribuna– se manifestara contra un proyecto de ley de las 8 horas para el trabajador del campo, impulsado por un ministro de Sanguinetti, Hugo Fernández Faingold.

La relación de los Manini Ríos con el universo conservador y autoritario se observa en su apoyo a la dictadura de Terra y a su afectuosa relación con el franquismo y Mussolini. Ya en plena crisis política en los años 70, la opción era clara. Un Manini Ríos, Hugo, ya fallecido, fundó la Juventud Uruguaya de Pie, una organización violenta ligada a la Policía y los militares, y Guido ingresó a la Escuela Militar “para defender la Patria”.

El epitafio

El pasado 25 de abril, el general Guido Manini Ríos –promotor de la actual “La Mañana”, continuador de aquel periódico– convocó a conferencia de prensa y aseguró que no tiene “ninguna duda” de que el sistema financiero pudo haber presionado al sistema político para que no incite a firmar a sus militantes.

Analizó los factores que, a su juicio, contribuyeron a que, finalmente, no se cumpla con el objetivo propuesto en agosto de 2023 de recolectar las 300.000 firmas. Recordó que en un principio se había previsto que la recolección iniciara en abril de 2023 y se postergó hasta su lanzamiento oficial en agosto por esperar que “los demás partidos políticos” pudieran “hacer propuestas para ir por una ley, que era lo que queríamos”, destacó el líder de CA. “Nunca llegó una propuesta seria”, aseguró sobre las iniciativas legislativas de las demás fuerzas políticas.

“CA quedó realmente solo en esta campaña, salvo excepciones que a título personal firmaron y alguna recolección mínima de firmas”, apuntó Manini en referencia al resto del sistema político. Recordó al Partido Ecologista Radical Intransigente (PERI), liderado por el diputado César Vega, como el “único” que apoyó la iniciativa. El general, olvidadizo, no citó al partido de “Un Sólo Uruguay” que manifestó su apoyo y que, según dijeron, iban a juntar firmas.

Las firmas no alcanzaron. No hay tantos soldados como para alcanzar la cifra exigida por la Corte Electoral para habilitar el plebiscito de la “Deuda Justa”. No firmó ni siquiera el que está acogotado por las deudas, que está en el Clearing y sólo puede sacar un préstamo usurero en entidades que están debajo del radar del Banco Central. Ni siquiera firmó el endeudado hasta la manija. ¿Por qué? Algunas reflexiones que se pueden acercar a una respuesta: 1) lo impulsa un militar que ha dado muestras de poco apego a la democracia y a la transparencia en la gestión pública (tareas en ASSE, Colonización y Ministerio de Vivienda); 2) no tuvo detrás una poderosa organización social, la logística de los cuarteles no le sirvió, lo que podría estar diciendo que su influencia en la soldadesca se está cayendo como un piano; 3) los medios no difundieron mayormente la propuesta sobre la “Deuda Justa”, quizás para no afectar sus relaciones con el sistema financiero que claramente se mostró en contra de la iniciativa.

Es interesante: miles y miles de uruguayos no se dejaron seducir por la demagogia con uniforme verde oliva oculto debajo de un traje de civil. Paralelamente al fracaso por la recolección de firmas, se constatan desgajamientos internos: se van diputados y exjerarcas de gobierno. Optan por el Partido Nacional o el Partido Colorado.

Cabildo Abierto no tiene futuro; golondrina que no soportó ni cinco inviernos. La concepción ideológica del partido fue su partida de defunción. Creyó que ya estaba con un par de frases y mandar como si sus seguidores fueran un batallón de infantería. No tiene recambio. Su edad lo sepulta (tiene 66 años, en las próximas tendrá 71 años). No tiene recambio generacional en un partido cuyos votantes migrarán hacia algo más sensato. Debajo del general viejo, hay un escribano más viejo. No hay lugartenientes, ni tenientes. Quedan restos de una camada de militares nostálgicos que hicieron una buena cosa: apostaron a la lid electoral en vez de organizar golpes de Estado.

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