Esa peculiaridad se rompió en los años violentos y se agudizó con la dictadura. Tras esta, los partidos políticos trazaron un acuerdo implícito, nunca escrito, de que la democracia se debía regar todos los días y que se debían alcanzar altos niveles de convivencia. La derecha valorizó la república y las instituciones, la izquierda revalorizó la democracia y los poderes fácticos hicieron lo suyo. Conclusión: un país “normal”. Luego, con los años, se registró otro pacto implícito: todos comprometidos con los equilibrios macro y las políticas sociales que sostuvieran adecuados niveles de convivencia y equilibrios sociales. La derecha ahora no insiste con las privatizaciones; el Estado, que era el salvador desde una perspectiva de izquierda, ya no lo es. Ambos bloques valoran el mercado y la libre empresa y se manejan con cautela en torno a las regulaciones. Un nuevo marco amortiguador —con patas políticas y económicas— se instaló en el país. Así se vieron las alternancias partidarias en el gobierno sin que se registraran sobresaltos, salvo la crisis del 2002.
Lógica política
Uruguay, el partido único y dos fuertes alas
Uruguay es un país peculiar. Lo es por su historia, su cultura social y política, por los valores que provienen de personalidades que influyen en el pensamiento colectivo, por sus dimensiones geográficas y por su enclave entre dos grandes naciones.