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Columnas de opinión | Uruguay- | política | Orsi

Lógica política

Uruguay, el partido único y dos fuertes alas

Uruguay es un país peculiar. Lo es por su historia, su cultura social y política, por los valores que provienen de personalidades que influyen en el pensamiento colectivo, por sus dimensiones geográficas y por su enclave entre dos grandes naciones.

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Esa peculiaridad se rompió en los años violentos y se agudizó con la dictadura. Tras esta, los partidos políticos trazaron un acuerdo implícito, nunca escrito, de que la democracia se debía regar todos los días y que se debían alcanzar altos niveles de convivencia. La derecha valorizó la república y las instituciones, la izquierda revalorizó la democracia y los poderes fácticos hicieron lo suyo. Conclusión: un país “normal”. Luego, con los años, se registró otro pacto implícito: todos comprometidos con los equilibrios macro y las políticas sociales que sostuvieran adecuados niveles de convivencia y equilibrios sociales. La derecha ahora no insiste con las privatizaciones; el Estado, que era el salvador desde una perspectiva de izquierda, ya no lo es. Ambos bloques valoran el mercado y la libre empresa y se manejan con cautela en torno a las regulaciones. Un nuevo marco amortiguador —con patas políticas y económicas— se instaló en el país. Así se vieron las alternancias partidarias en el gobierno sin que se registraran sobresaltos, salvo la crisis del 2002.

La cartelización

El 20 de octubre de 2024, escribí en Caras y Caretas que en Uruguay parecía dibujarse una suerte de “cartelización política” entre los dos bloques, neoconservadores y neoprogresistas. Esa suerte de “cartelización” mostraba un signo relevante: se parecían. Cada bloque ponía sus énfasis, un poquito, y se alternaban en el gobierno sin mayores dramas. Además, Uruguay exhibía con orgullo que el presidente se reunía con los expresidentes en un clima de convivencia que contrasta con lo que se observa en diversos países del mundo. El Uruguay como uno solo. Y, por si fuera poco, dos grandes líderes, José Mujica y Julio María Sanguinetti —que anduvieron a los tiros en los años 60— acordaron renunciar el mismo día a la Cámara de Senadores, y luego promocionaron un libro con sus reflexiones conjuntas. ¿Era el fin de una época? No sé. Fue una bandera que líderes más jóvenes —Lacalle y Orsi— tomaron con comodidad.

Orsi parece muy inclinado a hablarle a la ciudadanía toda, y por eso hace ademanes que contemplan sensibilidades opositoras. (Cuando mencionó a Bukele entusiasmó a la oposición y erizó a la izquierda). Su pragmatismo lo lleva a ser un fiel representante de la “cartelización” (¿Mujica forever?) y a diluir la simbología “zurda”.

La reciente aprobación por unanimidad del Presupuesto Nacional, con acuerdos multipartidarios en diversas áreas —aplaudidos por “fachos” y “zurdos”—, es una señal inequívoca de convivencia, “del país por encima de los partidos” y de “cartelización”, una mecánica que lleva a diluirse las fronteras de los bloques. (Así nacen, casi sin aviso, políticas de Estado que tantas veces se reclaman desde influyentes comunicadores).

Conclusión

Es interesante observar que esta lógica política podría ser caracterizada como una suerte de peculiar “partido único” con dos fuertes alas, los neoconservadores y los neoprogresistas. ¿Una nueva excepcionalidad que ofrece el “Uruguay Natural” al mundo? Es para resaltar el papel jugado por el senador Pedro Bordaberry —del ala conservadora—, que hizo esfuerzos para obtener acuerdos con el progresismo (y el progresismo con él). Cada parte avanzó y cada parte cedió. Así fue que ese talante de Bordaberry “arrastró” a los blancos “beligerantes” más proclives a seguir en la “cuchilla” tuitera que a sentirse seducidos por la “cartelización” o el funcionamiento del “partido único”.

NOTA. ¿Qué pasa con la “infantería de izquierda” que le llama “tibio” a Orsi y que, incluso, hay quienes dicen no querer votar más al FA? José Mujica, que tenía espaldas para su pragmatismo, solía decir a sus allegados más íntimos que no le preocupaban los malestares en el costado más de izquierda del FA. “Se calientan, pero después votan al FA”, concluía el fallecido líder. El asunto es si a la izquierda del FA nace una oferta atractiva y con cierta potencia. Y como Mujica ya no está, quizás esa pata a la izquierda sea un experimento posible.

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