Fundación Alejandro Novo

Combatir la violencia con amor

Liberados del sistema penitenciario y víctimas de la delincuencia trabajan codo a codo en la construcción de un nuevo proyecto que tiene como objetivo acompañar la reinserción social de poblaciones vulnerables, con foco en los exprivados de libertad.

Graciela Barrera de Fundación Alejandro Novo
Foto: Julio Pata Eizmendí

Por Meri Parrado

Caras y Caretas dialogó con una de las impulsoras de esta iniciativa, Graciela Barrera, quien perdió a su hijo en el marco de una rapiña y decidió transformar ese dolor en sentimientos positivos que le permitan generar un cambio.

«Mi nombre es Graciela Barrera. Soy la madre de Alejandro Novo. Mi hijo murió víctima de la delincuencia y vengo a charlar con ustedes porque quiero buscar caminos para lograr una mejor convivencia». Así se presentaba Graciela, dos años después de la muerte de su hijo, en un establecimiento carcelario, ante más de 40 personas privadas de libertad que la miraban sin entender cómo podía estar allí, queriendo entablar un diálogo con ellos, luego de su experiencia.

Alejandro Novo murió en el marco de una rapiña en el año 2009 cuando se encontraba trabajando en el negocio familiar de venta y reparto de pollo. Desde entonces, su madre, junto a su familia y amigos, se dedicó a buscar justicia, pero no desde el odio o el rencor. «Necesitaba intentar que otras familias no sufrieran lo que sufrimos nosotros con la pérdida de mi hijo».

Esta madre emprendió un camino del cual nunca se apartó: decidió dedicarse a trabajar para las familias víctimas de la delincuencia y también con los victimarios. Es así que, junto a otras dos familias, creó la Asociación de Familiares y Víctimas de la Delincuencia (Asfvide), ya que, a raíz de su experiencia, tomó conciencia de que no había ningún tipo de ayuda para estas personas. «Desde ese lugar pudimos visibilizar a las víctimas, lograr que accedieran a una pensión reparatoria (ley 19.039), instrumentar el primer consultorio penal de Udelar, en convenio con el Ministerio del Interior, así como un sistema de atención social y psicológica para estas personas».

Al tiempo comenzó a visitar las cárceles. Cuenta que fue un proceso que hizo sola, «como la mamá de Alejandro». «Cuando comencé a ir a las cárceles vi cosas horribles: hacinamiento, olor nauseabundo y todo lo feo que uno se puede imaginar de la vida. Desde ahí me propuse trabajar para cambiar ese mundo».

Sus primeras charlas fueron en la barraca 10 de la cárcel de Punta de Rieles. Luego de que se presentó, los reclusos le acercaron un banco, la rodearon para escucharla y poco a poco comenzaron a intercambiando ideas. «Mi objetivo con esos encuentros era que las personas que cometen delitos pudieran ver la contracara de ese hecho y ver sus consecuencias. Yo les decía que ellos podían salir de la cárcel, pero que mi hijo no. Que los hijos de ellos los podían abrazar, pero que mi nieta no podía abrazar más a su papá».

Graciela cuenta que cuando terminaban esos encuentros se daba cuenta de que muchas veces las cosas no son lo que parecen. «Muchos de ellos lloraron conmigo y eso surgió sin psicólogos de por medio. Solo ellos y yo. Cuando llegas a hablar detenidamente con ellos, de igual a igual, te das cuenta de que con ese simple hecho ellos se sienten valorados y te respetan. Es muy importante en estos contextos que una persona se dé cuenta de que vale y es lo que tenemos que tratar. Empoderar a las personas para que logren salir adelante».

Para Graciela se trató de una experiencia «muy fructífera» para ambas partes y asegura que siempre sintió respeto hacia ella por parte de las personas privadas de libertad, incluso por aquellos que tenían interés de escucharla. “Algunos, hoy liberados, se siguen acordando de mí, me llaman y se preocuparon cuando estuve enferma. También encontré a gente que me dijo ‘no se gaste conmigo, señora, porque yo fui, soy y seré delincuente toda la vida’. Pero eso jamás me representó un problema para seguir intentando. Simplemente les decía que si ellos querían, juntos podíamos cambiar algo».

A los 10 años de la muerte de Alejando, el año pasado, la Justicia encontró a los culpables del delito, quienes están próximos a recibir la sentencia de la condena. «Cuando encontraron a los culpables, con mi familia pudimos cerrar un ciclo y enfocarnos en emprender este camino de la fundación que se inaugurará en los próximos meses».

A los culpables, de alguna manera, Graciela siente que los perdonó y eso se refleja en su accionar y en su forma de vivir la tragedia que le tocó. Asegura que no tiene problema en, algún día, visitarlos en la cárcel para hablar con ellos y «mirarlos a los ojos», como lo ha hecho con otras personas privadas de libertad.

 

La Fundación Alejandro Novo

«La fundación lleva el nombre de Alejandro porque es una forma de honrar su memoria. Él soñaba con tener una chacra», relata Graciela mientras sus ojos lidian entre el brillo y la humedad.

La sede de esta fundación es precisamente una chacra, ubicada en ruta 5 y camino Fauquet, que fue cedida por la empresa ISG (Inclusión Social Generadora), que trabaja en el Polo Industrial del Comcar. Se trata de un predio de 6 hectáreas que será destinado a la realización de diferentes emprendimientos para brindarles oportunidades laborales a quienes más lo necesitan.

De acuerdo al documento legal que le da vida a este proyecto, la fundación tiene el objetivo de «generar oportunidades de trabajo y capacitación para familias víctimas de delincuencia, personas liberadas del sistema penitenciario, familias de estas últimas y familiares de personas con privación libertad que demuestren compromiso familiar y personal de reinsertarse socialmente en modo positivo».

Además, atenderá a otras poblaciones vulnerabilizadas mediante la creación de programas de asistencia enfocados, por ejemplo, en jóvenes de entre 18 y 29 años con consumo problemático de drogas. Asimismo, se asistirá a la población migrante con programas de asistencia legal, laboral, de capacitación y de acompañamiento psicosocial.

El equipo que llevará adelante este proceso es, en palabras  de Graciela, «un grupo de amigos» que para el inicio ya cuenta con aproximadamente 30 personas. A la familia Novo se sumaron otras dos familias, así como profesionales de diferentes áreas, entre los cuales está Jaime Saavedra, exdirector de la Dirección Nacional de Apoyo al Liberado (Dinali), conocido por su excelente accionar en la práctica de políticas pospenitenciarias y su discurso cargado de sentimientos positivos, poco habitual en el ámbito carcelario. Todos ellos comparten la misma noción de que los cambios se logran con amor, respecto, confianza en el otro y esa será la línea de trabajo. «Miramos esto desde el punto de vista del amor, quizá un poco idílico para algunas personas, pero creemos que la forma de salir adelante es dándonos cuenta de que la otra persona es un ser humano igual que uno y que en esta vida somos todos parte de lo mismo».

Graciela enfatizó en que el espíritu de esta iniciativa es evitar el sufrimiento de aquellas familias que, de una forma u otra, son víctimas de la delincuencia. «Nosotros estamos convencidos de que en cada hecho delictivo hay dos familias que sufren. Cuando la víctima muere, como en el caso de mi hijo, queda una familia a la que se le destroza la vida. Nunca más volvés a ser la misma persona porque ese dolor lo vas a llevar contigo el resto de tu vida».

Pero del lado del victimario, quien comete el delito, también hay sufrimiento, explica. Esa persona tiene que cumplir una condena para de alguna manera «reparar» lo que hizo, pero también tiene familia que sufre y que necesita ser acompañada. «Así entendemos nosotros este proceso y en esa línea vamos a trabajar», aseguró.

Además del amor, el otro cimiento que sostendrá este proyecto es la cultura del trabajo. «La Fundación Alejandro Novo se enfocará en brindar oportunidades laborales, ya sea en el predio o de forma autónoma para que quienes pasan por allí tengan herramientas para hacer su propio camino. Creemos que el trabajo es el camino para realizar el cambio y existen pruebas de ello: de 98 personas que han pasado por ISG menos del 5% reincidió en el delito».

Para la impulsora de este proyecto, hay que trabajar mucho también en el preegreso de las personas liberadas del sistema carcelario abordando todo su entorno «porque se trata de un ambiente muy vulnerable». Considera que al sistema carcelario actual le falta mucho para lograr generar verdaderos procesos de cambio en las personas. «No hablo solo del factor  edilicio, tiene que haber una política pública en que realmente exista la rehabilitación. Que las personas privadas de libertad tengan derecho a estudiar y a trabajar. Lo único que deben perder es lo ambulatorio, pero hay que entender que son parte de la sociedad y que van a volver a estar del otro lado. Por eso, hay que trabajar para construir caminos juntos», concluyó.

2 comentarios en «Combatir la violencia con amor»

  1. Oscar el Preguntón | el 12 junio, 2020 a las 6:53 pm |

    Coraje de mujer… Sin dudas, es una actitud que puede generar rechazo, pero con los números que menciona, YA demostró que vale la pena… y la pregunta es obvia: Cuántos de nosotros en la situación infame que le tocó vivir, estaríamos dispuestos a imitar su ejemplo?

  2. paulina Asecas de Oona | el 12 junio, 2020 a las 9:55 pm |

    Todos los foros del país, todos los foristas y todos los que cruzo y crucé… saben de memoria… mi comentario al respecto…

    ………»- Aburriría yo si comentare… -«…

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