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Sindicales LUC |

Con el referéndum las fuerzas del cambio marcaron su impronta

Contra todas las previsiones, el movimiento social y político que impulsó el Sí estuvo muy cerca de concretar la anulación de los 135 artículos. Y si no lo logró, fue porque enfrentó una diferencia sustancial en materia de recursos, y esto impidió llegar con sus argumentos a toda la población.

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Hay números que hablan por sí solos de estas diferencias: Casi seis veces más publicidad en radios para el No (85% a 15%) y holgadamente más del doble en TV (70% a 30%), mientras que la relación en los espacios informativos de los medios fue de 3,5 contra 1. En resumen: una espada contra un tenedor.

A través de esa diferencia de medios fue desde el poder que se impuso que este plebiscito era contra el gobierno, y desde esta lógica torcida el presidente fue quien apeló a su respaldo y aprobación. Por el contrario, la Comisión por el Sí siempre debatió a partir de los aspectos que consideraba rechazables de la LUC.

 

Empecinamiento absurdo

La postura presidencial, con los cómputos a la vista, condujo a todos los observadores a formularse una pregunta: ¿cómo deberá actuar de ahora en adelante el gobierno ante un respaldo inferior a 50%? La primera señal del presidente fue decepcionante, dado que reafirmó su rumbo a pesar de que supuestamente gobierna para todos los uruguayos.

Quienes damos pedal cada día no pusimos palos en la rueda del gobierno durante la recolección de firmas ni a lo largo de toda la campaña por el Sí. Son condiciones esenciales del movimiento sindical la negociación y la búsqueda de acuerdos. Pero para que el futuro del país se encamine dentro de un clima de diálogo y entendimiento, tiene obviamente que estar presente la voluntad del gobierno y en particular la del presidente de la República.

Logramos una remontada fantástica por la entrega de la gente, por la voluntad de los ciudadanos de militar, de golpear puertas, de batirse en las redes sociales, de pintar muros, de producir materiales de propaganda y publicidad. Y lo hicimos organizadamente, a plena conciencia y con argumentos. Los miles de compañeros que sustentaron este esfuerzo son los triunfadores de este proceso.

Nuestra preocupación sigue siendo la calidad de vida de nuestra gente, sus empleos, sus ingresos, sus derechos, su seguridad, y ahora también los aumentos de precios. Pensamos en los uruguayos que están comiendo en ollas populares, en las penurias de quienes viven en los asentamientos y -muy especialmente- en los que están por ser desalojados.

No fuimos nosotros quienes utilizamos políticamente a la Policía. Esto lo hizo el gobierno y sucedió porque algunos policías muy poco profesionales cometieron abusos en su accionar, algo que debía denunciarse. Y fue, como consecuencia de estas denuncias, que un director nacional de Policía mandó «parar la mano hasta el 27 de marzo» y a partir de entonces los abusos de autoridad desaparecieron. Tras este análisis cabe la duda de si estuvimos ante hechos aislados como se sostiene desde el poder o fueron el resultado de una práctica impulsada por las autoridades. Si a esto le agregamos la «sensación térmica», que toda la población percibe, de que la violencia y el delito han crecido, no caben dudas sobre que el ministro Heber debería renunciar.

Nos preocupa que el presidente esté convencido de que la política de fijación de precios de los combustibles “es una medida de transparencia”. Este tema va más allá de lo que dice la LUC, porque nos deja la duda de si el gobierno va a proteger a la población y la producción de los altibajos del precio internacional del petróleo.

Nos preocupa también que  la reforma de la seguridad social, hasta el momento ha recogido solamente la visión de los técnicos seleccionados por el gobierno, sin recoger los aportes ni las opiniones de los sindicatos ni de los organismos de seguridad social involucrados. Por eso reivindicamos que ella surja de un verdadero proceso de diálogo social como recomienda la OIT, cosa que hasta el momento no ha sucedido.

AEBU

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