Hacete socio para acceder a este contenido

Para continuar, hacete socio de Caras y Caretas. Si ya formas parte de la comunidad, inicia sesión.

ASOCIARME
Cultura y espectáculos ópera | Solís | Mercedes Pinto

Mercedes Pinto- cien años y la misma violencia

En una ópera, el Solís muestra la historia de una mujer que encontró en Uruguay la libertad

La ópera “ÉL, de las tinieblas a la luz” llega al Teatro Solís el 13 y 14 de noviembre. Inspirada en la novela que Mercedes Pinto publicó en Montevideo en 1926, la obra recupera una historia de violencia, salud mental y libertad que mantiene una profunda actualidad.

Suscribite

Caras y Caretas Diario

En tu email todos los días

En conversación con la compositora Laura Vega, hablamos más allá de la obra, queremos ver cómo se sale de una situación de violencia, qué papel cumplen los afectos y los apoyos, cuánto influye la sociedad en las posibilidades de cambiar una vida y por qué, cien años después, todavía necesitamos contar estas historias.

Hay historias que parecen pertenecer a otro tiempo, hasta que volvemos a escucharlas y descubrimos que siguen hablando de nosotros. Es lo que sucede con la vida de Mercedes Pinto, escritora, periodista, pedagoga y feminista española que hace cien años encontró en Montevideo un lugar donde reconstruir su vida y publicar una novela que denunciaba la violencia y el sometimiento dentro del matrimonio.

En noviembre, esa historia regresa a Uruguay transformada en música. ÉL, de las tinieblas a la luz, una ópera de cámara con música de Laura Vega y dramaturgia y dirección escénica de Rita Cosentino, se presentará el 13 y 14 de noviembre en la Sala Zavala Muniz del Teatro Solís, en el marco de la Temporada Lírica 2026.

La obra llega en un momento especialmente significativo: se cumplen cien años de la publicación de Él en Montevideo y cincuenta años de la muerte de su autora. Pero su importancia no está solamente en recuperar una figura de la historia cultural. Está, sobre todo, en las preguntas que su vida y su literatura siguen planteando.

Mercedes Pinto vivió durante años una relación matrimonial marcada por el maltrato, el miedo y el sometimiento. Su novela, de carácter autobiográfico, convirtió esa experiencia en literatura en una época en la que la violencia dentro del matrimonio permanecía prácticamente fuera de la discusión pública.

Lo extraordinario de su historia no es únicamente que haya logrado contar lo que vivió, sino que haya encontrado una forma de salir de esa situación, reconstruirse y transformar su experiencia personal en una causa colectiva.

Salir de la violencia no depende solamente de una decisión individual

Uno de los aspectos más interesantes que surge de la conversación con Laura Vega es que la libertad de Mercedes Pinto no puede entenderse solamente como el resultado de su valentía personal. Sin duda fue una mujer extraordinaria, que desafió las convenciones de su época. Pero también hubo circunstancias, personas y contextos que hicieron posible su transformación.

La compositora recuerda que Pinto encontró en Madrid un ambiente cultural e intelectual diferente, se vinculó con otras mujeres y pudo comenzar a pensar su situación desde otro lugar. También encontró el apoyo afectivo y jurídico de quien más adelante sería su segundo marido, un abogado que la ayudó a salir de aquella relación. En la entrevista, Vega destaca una idea fundamental, para salir de determinadas situaciones se necesitan afectos y apoyos. Este mensaje no es menor y tiene gran actualidad.

Es una reflexión que mantiene toda su vigencia. Muchas veces hablamos de las mujeres que viven situaciones de violencia como si la posibilidad de salir dependiera exclusivamente de su voluntad. Les preguntamos por qué no se van, por qué permanecen en una relación que les hace daño o por qué tardan tanto en tomar una decisión.

Pero salir de la violencia es mucho más complejo. Implica superar el miedo, recuperar la confianza, disponer de recursos económicos, contar con una red de vínculos y encontrar instituciones capaces de acompañar. También requiere vivir en una sociedad que reconozca el problema y ofrezca alternativas reales.

La historia de Mercedes Pinto permite comprender que la libertad no se construye en soledad. Necesita condiciones sociales, culturales, económicas y afectivas que la hagan posible.

El contexto de un país puede cambiar una vida

Hay un aspecto particularmente importante para Uruguay en esta historia. Mercedes Pinto tuvo que abandonar España después de defender públicamente el derecho al divorcio en una conferencia pronunciada en Madrid en 1923. Su intervención, conocida como El divorcio como medida higiénica, cuestionaba las normas sociales de una época en la que muchas mujeres estaban obligadas a permanecer en matrimonios que comprometían su salud, su dignidad y su libertad.

La conferencia tuvo consecuencias políticas y contribuyó a su salida de España durante la dictadura de Primo de Rivera. Fue entonces cuando llegó a Montevideo.

Laura Vega destaca que Uruguay representó para Pinto un espacio de libertad intelectual y un entorno progresista que le permitió desarrollar capacidades y proyectos que difícilmente hubiera podido concretar en España. En Uruguay encontró personas que creyeron en ella, pudo publicar su novela en 1926 y desarrollar una intensa actividad cultural y educativa vinculada a la igualdad y los derechos de las mujeres.

Este aspecto de su historia merece una reflexión especial. Los países no son solamente territorios donde transcurren las vidas de las personas. Sus instituciones, sus libertades, sus valores y sus condiciones sociales pueden ampliar o restringir las posibilidades de quienes viven en ellos.

Para Mercedes Pinto, Uruguay fue mucho más que un lugar de exilio. Fue un espacio donde pudo volver a elegir, trabajar, crear y construir una vida diferente. Su historia recuerda la importancia de las sociedades que reciben, acompañan y generan oportunidades. También muestra que las libertades y los derechos no son conceptos abstractos: pueden determinar concretamente el destino de una persona.

Salud mental y violencia: una discusión que sigue pendiente

La ópera también recupera una dimensión compleja de la novela: los problemas de salud mental presentes en la relación matrimonial y su convivencia con episodios de violencia.

Laura Vega señala que uno de los aspectos que más le interesó al conocer la historia fue precisamente su actualidad. Aunque hoy hablamos mucho más de salud mental, diagnósticos y violencia de género, seguimos enfrentando dificultades para comprender y abordar situaciones que afectan profundamente la vida de las personas.

La compositora reflexiona sobre el estrés, la falta de tiempo, las dificultades de comunicación y los cambios en las relaciones humanas, especialmente entre los jóvenes. Para ella, resulta preocupante que conflictos presentes en una novela de 1926 sigan formando parte de nuestra realidad. La obra invita a pensar cómo se relacionan el sufrimiento psicológico, los vínculos afectivos y las conductas violentas. Es importante, sin embargo, no confundir estos fenómenos: tener un problema de salud mental no significa ser una persona violenta, ni los trastornos mentales explican por sí solos la violencia de género.

Esta distinción resulta fundamental para evitar estigmas y, al mismo tiempo, reconocer la necesidad de contar con servicios de salud mental accesibles, acompañamiento profesional y respuestas institucionales adecuadas.

La violencia no puede abordarse solamente cuando llega a sus manifestaciones más graves. También exige comprender los procesos previos, los vínculos de dependencia, el aislamiento, el control y las dificultades que enfrentan quienes necesitan ayuda.

Las violencias que comienzan mucho antes de los golpes

Uno de los recursos más interesantes de la ópera es la forma en que presenta la progresión de la violencia. La historia no comienza con sus episodios más extremos. Aparecen primero los celos, el control, las desconfianzas y pequeñas situaciones que pueden parecer poco importantes, pero que van construyendo una relación cada vez más desigual.

Laura Vega explica que la obra recupera distintas escenas de la novela y las presenta con una intensidad creciente. Se incluyen episodios de maltrato emocional, amenazas y situaciones profundamente dolorosas, hasta llegar al momento en que la protagonista decide abandonar aquella vida.

Esta progresión permite reconocer algo que todavía sucede: muchas formas de violencia se naturalizan porque no siempre son evidentes para quienes las viven o para quienes observan desde afuera. El control de los mensajes, los celos presentados como demostraciones de amor, las restricciones a la autonomía y las amenazas pueden formar parte de procesos que se instalan gradualmente.

Vega observa que vivimos rodeados de imágenes de violencia y que, de alguna manera, nos hemos acostumbrado a ellas. Sin embargo, las situaciones más sutiles pueden resultar especialmente perturbadoras cuando logramos comprender lo que significan para quien las experimenta. La ópera propone precisamente ese ejercicio: detenerse, mirar y reconocer aquello que muchas veces permanece oculto detrás de la aparente normalidad de una relación.

La palabra como una forma de recuperar la libertad

Mercedes Pinto encontró en la escritura una manera de transformar su experiencia. Primero se atrevió a hablar públicamente del divorcio y después convirtió su historia en una novela. Para Laura Vega, esa capacidad de expresarse tiene una enorme fuerza liberadora.

Durante siglos, muchas mujeres vieron limitadas sus posibilidades de crear, escribir, pensar y participar de la vida pública. En ese contexto, la palabra y el arte se convirtieron también en herramientas para recuperar una identidad que había sido silenciada.

La compositora reflexiona sobre el proceso por el cual una mujer puede ir perdiendo su autonomía dentro de una relación de sometimiento, muchas veces sin advertir claramente en qué momento comienza a dejar de reconocerse a sí misma.

En Mercedes Pinto, la palabra fue una vía de salida. Escribir le permitió ordenar lo vivido, darle un sentido y compartirlo con otras personas.

Pero también le permitió ir más allá de su propia historia. Su denuncia no quedó encerrada en el sufrimiento individual, sino que se transformó en una defensa del derecho de las mujeres a decidir sobre sus vidas.

Esa es una de las grandes contribuciones de la novela: mostrar que contar lo que sucede en el ámbito privado puede ser el primer paso para convertir un problema individual en una preocupación social.

Cuando la música permite decir lo que las palabras no alcanzan

La nueva ópera no busca reproducir literalmente la novela. Su intención es recuperar su sentido y trasladarlo a un lenguaje artístico contemporáneo. La propuesta combina música, canto y palabra hablada. Participan una mezzosoprano, un tenor y una actriz que representa a Mercedes Pinto desde una mirada más madura, capaz de recuperar y narrar lo vivido.

Laura Vega explica que decidió conservar momentos de palabra hablada porque algunos mensajes necesitaban llegar al público de manera directa. Al mismo tiempo, el canto permite transmitir emociones que muchas veces resultan difíciles de expresar de otra forma.

La puesta en escena acompaña ese recorrido. Comienza en una atmósfera oscura, marcada por el miedo y el sometimiento, y avanza progresivamente hacia la luz. La música incorpora elementos especialmente vinculados con la historia de la protagonista. Entre ellos aparece un arrorró tradicional de las Islas Canarias, asociado a uno de los episodios más dolorosos de su vida, y hacia el final surge un ritmo de candombe que acompaña el comienzo de una nueva etapa en Uruguay.

No son solamente decisiones musicales. Son también formas de representar el vínculo entre la memoria, los lugares y las posibilidades de reconstrucción. La oscuridad no desaparece porque se olvide lo vivido, sino porque la protagonista logra encontrar un camino diferente.

Una historia de hace cien años que nos pregunta por el presente

Quizás lo más inquietante de esta ópera sea descubrir cuánto de aquella historia sigue vigente. En cien años cambiaron las leyes, las posibilidades de las mujeres, el reconocimiento de sus derechos y la manera en que las sociedades hablan de la violencia. Hoy existen herramientas jurídicas, servicios de atención y un reconocimiento público de problemas que durante mucho tiempo permanecieron invisibles.

Sin embargo, la violencia de género continúa, las relaciones de control siguen presentes y muchas personas todavía encuentran enormes dificultades para abandonar situaciones que ponen en riesgo su bienestar y su vida.

Laura Vega expresa cierta tristeza ante esa contradicción: sociedades que se consideran avanzadas siguen teniendo dificultades para resolver problemas humanos fundamentales. La historia de Mercedes Pinto invita a preguntarnos cuánto hemos cambiado realmente y qué condiciones necesitamos construir para que las personas puedan vivir libres de violencia.

Porque no alcanza con reconocer derechos si no existen posibilidades reales de ejercerlos. No alcanza con decirle a una mujer que puede irse si no tiene dónde vivir, cómo sostenerse económicamente o a quién recurrir. Y tampoco alcanza con identificar los problemas de salud mental si no existen apoyos accesibles y oportunos.

La libertad requiere derechos, pero también condiciones materiales, instituciones, vínculos y oportunidades.

El arte como memoria, reflexión y posibilidad de cambio

La ópera se estrenó en Zamora, España, donde, según cuenta Laura Vega, tuvo una recepción muy emotiva. La compositora destaca que, incluso en una sociedad acostumbrada a consumir imágenes violentas, la representación de estas situaciones desde la música y el teatro puede generar un impacto diferente.

Su aspiración no es que el público salga con todas las respuestas. Le alcanza con que alguien se vaya con una pregunta, con una inquietud o con ganas de reflexionar sobre sus propias acciones y sobre la sociedad que estamos construyendo.

Hay algo especialmente valioso en esa idea. El arte no reemplaza las políticas públicas, la educación, la justicia ni los servicios de salud. Pero puede contribuir a hacer visibles experiencias, generar empatía y abrir conversaciones que de otra manera no tendrían lugar.

En ese sentido, ÉL, de las tinieblas a la luz no es solamente una obra sobre la violencia que sufrió una mujer hace un siglo. Es también una reflexión sobre la capacidad de reconstruir una vida, sobre la importancia de los apoyos y sobre la responsabilidad que tienen las sociedades de generar condiciones para que las personas puedan elegir libremente.

Mercedes Pinto encontró en Uruguay un lugar donde volver a empezar. Aquí pudo publicar su historia y desarrollar una vida intelectual y cultural que trascendió fronteras. Cien años después, su voz regresa a Montevideo convertida en música. Y nos recuerda que salir de la violencia es posible, pero que nadie debería tener que hacerlo en soledad.

Qué estamos haciendo, como sociedad, para que todas las personas tengan la posibilidad real de vivir sin miedo, recibir apoyo cuando lo necesitan y construir una vida en libertad.

ÉL, de las tinieblas a la luz

Temporada Lírica 2026 – Teatro Solís

Funciones: 13 y 14 de noviembre de 2026, 20:30 horas.

Lugar: Sala Zavala Muniz, Montevideo.

Música: Laura Vega.

Dramaturgia y dirección escénica: Rita Cosentino.

Inspirada en: Él, novela de Mercedes Pinto, publicada en Montevideo en 1926.

Producción: Fundación CajaCanarias, Festival LittleOpera Zamora y Teatro Solís