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Cultura y espectáculos Marcelo Aprile | libro | Salud Mental

Una invitación a reflexionar

Marcelo Aprile, psicólogo: "Estamos en una pandemia de ansiedad y depresión"

El libro Fenómenos adictivos. Reflexiones actuales- por ahora-, de Marcelo Aprile, reflexiona sobre las adicciones, la salud mental y plantea que el hombre contemporáneo vive en una comunidad marcada por el aislamiento.

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Ya se puede encontrar en librerías Fenómenos adictivos. Reflexiones actuales - por ahora-, propuesta del psicólogo Marcelo Aprile que cuestiona los enfoques tradicionales y plantea una mirada renovada centrada en la empatía, el vínculo y la escucha humana. El libro es una invitación a reflexionar a partir de algo que nos es familiar a todos: las adicciones, planteando que esta problemática está presente en los padecimientos del hombre contemporáneo, siendo parte de una comunidad marcada por el consumismo y el aislamiento. En el marco de este lanzamiento hablamos con Aprile sobre su investigación y la necesidad de hablar de salud mental en nuestro país.

Más allá de la definición clínica, ¿A qué le llamamos una adicción en los tiempos que corren?

Muchas veces, cuando hablamos de adicción, lo primero que pensamos es en alguien que tiene un uso de sustancias, primeramente alcohol o cocaína, que son las imágenes que nos vienen, pero hoy lo adictivo tiene más que ver con una forma de estar en este mundo, a una conducta, a una compulsión que se termina generando, que puede ser a través de la comida, puede ser las apuestas, puede ser el scroleo, puede ser las sustancias, puede ser la búsqueda de adrenalina, puede ser la vigorexia, puede ser el trabajo, donde vamos a estar anclando ahí una forma de atravesar lo que es el sufrimiento, una forma de buscar paradojalmente un apaciguamiento, porque lo que empezamos a sufrir de a poco fue la pérdida o no poder desarrollar totalmente la capacidad de auto apaciguamiento; de calmarnos, de encontrarnos relax, porque estamos mediados por un sistema donde estamos muy activos y muy estimulados todo el tiempo, y si vos te fijás lo que suele suceder post consumo, post atracón de comida o post lo que sea, se da como una calma, que generalmente tiene una vida útil muy poca pero en un momento fue eficaz, lo que suele suceder es que es una herramienta que tiene una eficacia muy corta y después uno sigue buscando eso que sucedió una vez, pero nadie se enferma, porque nadie busca enfermarse; lamentablemente uno le erra a lo que es la herramienta para estar bien, podemos decir que resuelve problemáticamente un problema, pero no es en la teoría del trauma que pasó algo, sino simplemente es poder calmarse, poder distraerse, poder terminar la jornada de una forma más tranquila.

La salud mental es un tema de urgencia en nuestro país. ¿Qué sentís que debe cambiar para poder lograr un abordaje más efectivo?

Yo creo que la salud mental es un gran problema, pero el problema más grande es si pensamos que la salud mental es un problema individual y singular. Si no pensamos que empieza a emerger todo esto en un contexto cultural; digamos, a principios de 1900 el problema de salud mental era otro, lo que pasaba es que era una sociedad victoriana donde había muchas dificultades para la expresión, para asumir el deseo, pero todavía tenía sintomatología. Hoy lo que estamos es en una pandemia de ansiedad y depresión y de un sufrimiento donde nadie encuentra su lugar en el mundo, porque lo que se rompieron son los anclajes de pertenencia y tiene que ver que está debilitado todo el lazo comunitario e identitario.

Y en esto me quiero poner como lo que está sucediendo ahora, pensando en cómo somos pensados, porque un Estado nos fue forjando en un momento a tener ciudadanos. Hubo una cultura muy robusta de ciudadanía, de construir redes sociales y marcos donde las personas pudieran ser parte de un Estado. A finales de los 90 el liberalismo fue construyendo lo que era el consumidor. Tenemos la Liga de Defensa del Consumidor que debe tener más consultas que lo que quizás es ciudadanía. Y de a poco nos fuimos acostumbrando a ser pensados así. Y hoy estamos en aras de ser pensados como suscriptores, donde no están pensando que vos sos parte del sistema, donde tu voto vale. Al revés, generalmente firmás un contrato y no tenés ni idea de lo que estás firmando y estás sometido después a que si te querés desligar simplemente es imposible. Estamos pensados como alguien que alquila y está sosteniendo contratos que no son bien claros. ¿Y por qué hago esta referencia? Pensando lo que es este modelo que nos quieren instalar en Uruguay de tener como un país en paralelo donde no se ancla con la nación, sino que es como una suerte de cultura burbuja, separada, donde va haber gente de distintas partes del mundo, pero no necesariamente generan comunidad por más que ellos digan que son una comunidad.

No, son una comunidad burbuja donde pueden tener un interés común pero no construyen lo que se necesita que es el arraigo cultural. Somos parte de lo mismo, tenemos el mismo fin común, somos parte de una historia, un linaje. Eso tiene que ver con lo que estábamos hablando hoy. ¿Qué es lo que está dando tanta inseguridad? Que no tenemos como un arraigo en lo que son grandes discursos.

¿Cómo reacciona la sociedad ante estos temas, para muchos aún un tabú?

En los años 70, se decía que había un esquizofrénico o un psicótico, como se suele decir en todas las familias. Hoy podemos decir que en todos los núcleos hay alguien que tiene una adicción, y el tema con las sustancias se habla mucho más. Sigue teniendo una sensación de vergüenza, pero lo adictivo es algo que nos es mucho más familiar que antes, y el tema de la salud mental, la depresión y la ansiedad es algo que todos podemos estar pudiendo integrar y pensando soluciones más allá de la farmacología, que es lo nuevo que está sucediendo hoy.

¿Por qué? Porque la farmacología puede ser un elemento necesario, en muchos casos, pero no es exclusivo. Hay otras formas de ir trabajando también este tipo de sufrimiento. Entonces, lo que estamos viendo es una sociedad que hoy por hoy está pudiendo nuevamente darle espacio, porque no quiere al extremo de la enfermedad, sino darle espacio a que hay síntomas que podemos empezar a manejar con cuestiones mucho más naturales.

Por ejemplo, empezar nuevamente a tener control de nuestros horarios, de nuestros ritmos, de la alimentación, de cuánto tiempo nos dedicamos a estar al aire libre, o también esta cultura de aprender a reconocer que el entretenimiento es algo que nos enferma, que es del mundo, de la estimulación, y lo que necesitamos nosotros es esparcimiento para poder descansar y volver a tener montos de energías saludables para poder sostener la vida. Porque si estamos todo el tiempo en un régimen de entretenimiento y excitación, difícilmente podamos volver a tener energía. ¿Eso cómo se da? Con encuentros con otros, encuentros con padres, se da en contacto con la naturaleza, en ser consciente que estás respirando, que podés dormir bien. Eso es lo que también se necesita.