Hacete socio para acceder a este contenido

Para continuar, hacete socio de Caras y Caretas. Si ya formas parte de la comunidad, inicia sesión.

ASOCIARME
Sociedad papa | laicidad |

León XIV llega a Uruguay este viernes

Entre laicidad y fe: qué representa la llegada del papa para Uruguay

Caras y Caretas dialogó con referentes de diversas disciplinas sobre los diferentes debates que motiva la visita del papa León XIV a Uruguay.

Suscribite

Caras y Caretas Diario

En tu email todos los días

Hay países donde la llegada de un papa es un verdadero fenómeno de masas. En Uruguay, en cambio, la noticia se recibe en una atmósfera donde conviven la alegría, la expectativa, la indiferencia, la curiosidad y ese pragmatismo medido que caracteriza a la sociedad más secularizada de América Latina. La visita del papa León XIV, que pisa territorio nacional este viernes 6 de noviembre, sucede 38 años después de que Juan Pablo II pisó Montevideo por última vez, en un país que recién dejaba atrás la dictadura. El Uruguay que hoy recibe al nuevo pontífice es sensiblemente diferente al de aquellos años, pero mantiene intacto uno de sus rasgos constitutivos: una separación drástica y aparentemente orgullosa entre el Estado y las creencias religiosas.

El proceso de secularización en Uruguay comenzó en la segunda mitad del siglo XIX, por el año 1861, cuando el Estado tomó el control de los cementerios, desplazando a la iglesia de la tutela del fin de vida. El siguiente hito fue en el ámbito de la educación, ya hacia finales de siglo, en 1877, con la erradicación de la enseñanza religiosa en las escuelas públicas. Le siguieron la invención de festividades seculares —donde la Navidad pasó a ser la Fiesta de la Familia y la Semana Santa la Semana de Turismo— y la consagración constitucional de 1918, que selló el divorcio oficial entre la Iglesia y el Estado.

En este escenario que podría leerse como único en la región, la inminente llegada del obispo de Roma vuelve a encender la mecha de viejos debates culturales, sociales y hasta geopolíticos. ¿Qué factor común une la parada en Uruguay como parte de una gira que incluye a Argentina y Perú? ¿Qué significado tiene el desembarco de un papa en el país más laico de la región? ¿Cómo dialoga la presencia del Vaticano con una laicidad que no es letra muerta sino un rasgo identitario?

Los motivos detrás de la gira regional

“El principal motivo de la visita de León a Uruguay y Argentina es cumplir con un pendiente que [el papa] Francisco, su antecesor, no logró concretar, que era viajar a su país y al Río de Plata”, señaló Nicolás Iglesias Schneider, licenciado en Trabajo Social e investigador especializado en política y religión. En tal sentido, el experto recordó que debido al “vínculo complejo” que Francisco mantenía con algunos presidentes de la región, con la política interna argentina, y por su rol político muy fuerte, “prefirió no intervenir”, deuda que el nuevo papa buscaría saldar con este viaje. La inclusión de Perú en la gira, agregó el entrevistado, responde a que “es su segunda patria, y tiene un vínculo afectivo con este país y con el trabajo pastoral que él hizo con las comunidades indígenas en Perú”.

Más allá de las motivaciones personales del papa, el investigador sostuvo que la visita también debe leerse en un escenario latinoamericano y global en que el catolicismo conserva un peso significativo. “Uruguay tiene una de las Iglesias católicas más pequeñas —pese a ser la religión mayoritaria—, pero América Latina sigue siendo el continente con mayor cantidad de católicos. Hay 1.400 millones de católicos en el mundo y casi la mitad están concentrados en las Américas. Y León representa a las Américas, no solo América Latina”.

Iglesias considera que la figura de León XIV también adquiere una dimensión particular por su vínculo con Estados Unidos y Perú, así como por los posicionamientos que ha expresado ante los principales liderazgos. “Es el primer papa estadounidense que tiene esta doble filiación de Estados Unidos y Perú, en un contexto donde un montón de presidentes han girado a la derecha —salvando el triunfo reciente de [Luiz Inácio] Lula da Silva—, como [Javier] Milei, [José Antonio] Kast, como [Abelardo] de la Espriella, Keiko Fujimori, e incluso [Daniel] Noboa. Todos los giros a la derecha utilizan el discurso religioso dentro de su narrativa política, y ni que hablar de [Donald] Trump. Entonces, la visita de León también se enmarca en un contexto donde la narrativa religiosa tiene fuerza y está muy politizada”. En contraposición, entiende que el actual pontífice representa “un mensaje mucho más humanista, mucho más preocupado por el bien común”, lo que adquiere relevancia frente a políticos que, según su análisis, utilizan la religión con fines conservadores.

El investigador también vinculó ese posicionamiento con las diferencias públicas que León XIV ha mantenido con varios líderes globales. “Estamos en un contexto geopolítico donde muchos de los principales liderazgos tienen una narrativa muy diferente a la que tiene el papa, donde podríamos incluir discursos religiosos etnonacionalistas como el de [Benjamín] Netanyahu o el de [Vladímir] Putin, mientras el papa tiene una postura muy crítica, por ejemplo, hacia el genocidio”. En el caso del presidente estadounidense Donald Trump, señaló, mantiene diferencias particularmente en asuntos como la migración y la tecnología. Es así que, para Iglesias, la presencia del papa en América Latina expresa una posición que contrasta con el rumbo político que representa el trumpismo en la región.

En la misma línea, el antropólogo y docente Nicolás Guigou sostuvo que el papa es una figura que trasciende el ámbito estrictamente religioso. “Es el jefe del catolicismo, un jefe de Estado importante y un ícono occidental. El Vaticano, pese a su tamaño, es un Estado influyente. Es por esto que personas ateas o anticlericales también pueden tener expectativas ante su visita”, analizó. Pero esa “doble imagen”, dijo, también “resulta compleja”, ya que “cualquiera podría entender que no puede haber una autoridad religiosa en el Parlamento, cuando tenemos diputados evangélicos y demás, pero es ahí donde entra la investidura de jefe de Estado”. Y agregó: “Esas también son las modalidades que ha tenido la Iglesia Católica para incidir en el mundo contemporáneo. Claramente, la Iglesia Católica está involucrada en negociaciones políticas en diferentes partes del mundo, entonces, también hay una esperanza por la situación compleja que estamos viendo en la región. Tal vez sea una esperanza sin fundamentos, pero no importa”.

En una región atravesada por conflictos y desequilibrios políticos y sociales, el antropólogo considera que la Iglesia católica todavía conserva una capacidad de incidencia simbólica e institucional que puede resultar relevante. “Si bien hay una cantidad de pentecostales, neopentecostales y evangélicos en América Latina, y van en aumento, la Iglesia Católica sigue siendo importante, en términos poblacionales cada vez menos, pero sí en términos simbólicos. Es muy difícil imaginarse América Latina fuera del catolicismo, porque es fundacional. Y creo que todos estos elementos hacen que se valora como positiva y esperanzadora la llegada del papa, esperando que medie y contribuya a disminuir la aspereza de una cantidad de conflictos que tenemos en la región”.

Desde esa perspectiva, Guigou ve en León XIV una posible figura de contrapeso frente a los discursos políticos que, a su entender, promueven la deshumanización y la confrontación. “Hay presidentes que realmente gozan con la destrucción del otro. Yo creo que el papa en ese sentido puede traer un poco de la afectividad que nos hace bastante falta y que muchos de los líderes no sólo no otorgan, sino que son muy violentos con su propia población. Podría ser un contrapeso interesante para pensar una nueva forma de estar en el mundo, en relación a las perspectivas tan cruentas que se están planteando en varios países de la región”, señaló.

El doctor en Sociología y Ciencias Políticas, docente e investigador sobre los fenómenos religiosos, Néstor da Costa, también coincide en que, más allá del factor religioso, León XIV llega en medio de “un mundo convulsionado”, donde “la prepotencia, la guerra, la agresión, la mentira, es lo que está arriba de la mesa”. Y añadió: “Este papa ha puesto puntos claros en el debate internacional. La semana pasada contribuyó a un alto el fuego entre Ucrania y Rusia. Fue quien dijo públicamente ‘no le tengo miedo al señor Trump’. Y nadie en el mundo dice estas cosas hoy en día. Entonces, es un líder no solo católico, sino internacional, que propugna valores muy a contracorriente de lo que está viviendo la humanidad”.

Por su parte, Carolina Greising, historiadora e investigadora especializada en política, religión y civilización, también destacó en León XIV “su discurso sobre la paz y la dignidad humana”, así como sus posicionamientos políticos, como el que tuvo frente a la Administración de Donald Trump. “Es un papa que, a pesar de ser yanqui, se planta fuerte y dice que no le teme a Trump, algo que muchos latinoamericanos queremos escuchar”, expresó.

También consideró que parte de la expectativa ante la visita de León XIV tiene mucho que ver con lo que despierta su figura, a quien definió como un papa “cauto, austero y moderado, pero con un mensaje con fuerte contenido social y una clara opción por los sectores vulnerables. Para Greising, esa orientación se condice con su agenda prevista en Uruguay, particularmente en la visita a Casavalle, “uno de los barrios más violentos, complejos y extremos en todo sentido”.

Además del interés que genera su posicionamiento político, la investigadora se refirió a la primera carta encíclica del papa León XIV, llamada Magnífica humanitas (en español, Magnífica humanidad), que fue publicada en mayo de 2026, donde el papa se expresa en contra de la inteligencia artificial. “En un momento en el que Uruguay se posiciona como un hub tecnológico, el papa habla sobre la dominación de la tecnología, la dignidad humana, evitar la esclavitud del siglo XXI. Creo que los uruguayos tenemos mucho que escuchar sobre lo que dice el papa en relación a la inteligencia artificial, que nos tiene a todos como en vilo. Entonces, traerá un mensaje apostólico, pero también un mensaje de paz y de dignidad humana, que capta la atención de creyentes y no creyentes”.

Una laicidad con “efectos sociales”

De acuerdo a la última encuesta realizada en octubre por Equipos Consultores el 36 % de la población uruguaya declaró ser católica, el 13 % profesa otras religiones cristianas y el 7 % pertenece a otras religiones. Un 29 % se definió como agnóstica o atea y el 15 % manifestó no saber o prefirió no responder.

“Sin dudas [Uruguay] es el país más secularizado de la región. Solo un 36 % de los uruguayos son católicos, y hay un amplio porcentaje, que debe rondar el 35 %, de personas que creen, pero no lo hacen a través de ninguna iglesia. Por lo tanto, venir a un país como este, para un papa, es una muestra de reconocimiento a la Iglesia local”, expresó Da Costa. El experto recordó que el papa Francisco visitó Mongolia, donde el porcentaje de católicos es aproximadamente un 10 %, instalando como mensaje que “donde estén, aunque sean pocos, son parte de nosotros y vamos a ir a dialogar”. Mencionó también que el pontífice acaba de estar en Francia, que es otro país muy secularizado, “donde dejó mensajes muy relevantes para la sociedad”. Da Costa reconoció que la visita del papa y su mensaje “por supuesto que para los católicos tiene un significado mayor”, pero remarcó la existencia de un importante porcentaje de personas que, sin ser católicas reconocen al papa como “una figura internacional importante”.

Según Guigou, en Uruguay la separación entre el Estado y la Iglesia católica no solo quedó establecida jurídicamente, sino que también fue moldeando una cultura que atraviesa distintos ámbitos de la vida cotidiana. Para él Uruguay no solo “es un país de matriz laica”, sino que “construyó una cultura laica que, en muchos elementos, sustituye a la Iglesia católica”. Por ejemplo, señaló, “es el único país del mundo donde existe la Semana de Turismo, que justamente sustituye a la Semana Santa”. Lo mismo ocurre con Navidad que en Uruguay es el Día de la Familia o con el Día de la Virgen que en Uruguay es el Día de las Playas. “Hubo todo un proceso de sustitución de fechas y momentos conmemorativos católicos por fechas laicas que fueran más incluyentes de toda la sociedad, no solo de la comunidad católica”.

Para el antropólogo, “hay una cultura laica difuminada, que, a veces está presente incluso en los creyentes”. En este punto, aclaró que “la laicidad no es equivalente al ateísmo”, sino que “está vinculada con la posibilidad de que personas expresen libremente sus creencias”. Sin embargo, explicó que, debido al modelo de laicidad uruguayo, “hay muchos ámbitos donde ni religión ni la espiritualidad pueden entrar, donde de eso no se habla”. “Es un modelo excluyente que aplicamos a los sistemas pedagógicos del Estado, a los sistemas sanitarios, etcétera”, donde, según remarcó, la presencia de símbolos y manifestaciones religiosas tiene límites específicos.

Este modelo de laicidad, señaló Guigou, “tiene efectos sociales”. Y profundizó: “Tenemos un alto porcentaje de ateos y agnósticos, que está muy por encima de lo que puede encontrarse en el resto de América Latina. En ese sentido, somos una rareza. En un país tan matrizado por el catolicismo y ahora también por el neopentecostalismo, el evangelismo y las nuevas espiritualidades, la laicidad no solo hace que el número de ateos y agnósticos sea alto, sino que la gente crea de otra manera. No es fervorosa, es mucho más racional y más abierta que en otros países. Y eso tiene que ver con los efectos de una cultura laica que se difumina y que está presente en muchos de nosotros, sin darnos cuenta”. Para ilustrar esa particularidad, comparó las manifestaciones religiosas que se observan en Uruguay con las de otros países latinoamericanos. Mientras en lugares como Ecuador, Venezuela o Brasil las expresiones religiosas pueden adquirir una dimensión popular y pública mucho más marcada, en Uruguay existe una distancia mayor respecto de esas prácticas.

“El Estado es laico, el país no”

La diferencia entre un Estado laico y una sociedad no religiosa es uno de los puntos sobre los que hizo especial énfasis Carolina Greising, historiadora e investigadora especializada en política, religión y civilización. Para ella, hablar de Uruguay como un país laico puede llevar a una interpretación equivocada, porque supone extender a toda la población una característica que corresponde, en rigor, a sus instituciones. “El Papa León no viene a un país laico, sino que viene a un país que tiene el Estado más laico de Latinoamérica, que es distinto. Al decir que es un país laico estaríamos diciendo que somos todos ateos o agnósticos y que estamos 100 % secularizados en nuestros hábitos cotidianos, y no es así”, planteó. “Hasta las personas que dicen no identificarse con ninguna religión, cuando les preguntas en profundidad, en algo creen. Te dicen, por ejemplo, que le prenden una vela a la abuela. Es este el Uruguay que recibe al papa. Los uruguayos tienen vínculo con la trascendencia, lo que no es tan evidente como antes es la institucionalización de la religión. El tema es que la sociedad uruguaya arrastra una tradición anticlerical y antijerarquía, heredada del batllismo, que no debe confundirse con una posición antirreligiosa”.

Para la historiadora, la expectativa generada por la visita es una muestra de que la sociedad uruguaya no puede reducirse a los porcentajes de adhesión religiosa. “Si la gente no creyera en nada no se hubieran vendido 50 mil entradas para ir a verlo al Estadio Centenario”, señaló. También discrepó con el relato de que hay poco movimiento ante la visita del pontífice: “Unos pasantes de Chile que están acá en la Universidad están sorprendidos porque está por venir el papa y dicen que parece que no viniera nadie, y que en su país las calles por donde él pasaría estarían llenas de banderas. Yo creo que hay mucha movida en torno al papa, pero a la uruguaya”, describió, mencionando los distintos coloquios, debates y actividades políticas y académicas que se han realizado en torno a la visita, así como la intensa cobertura de los medios. “¿Quién iba a decir que el Frente Amplio iba a organizar un evento de cristianismo?”, preguntó.

El límite entre la visita religiosa y el papel del Estado

La llegada de León también vuelve a poner sobre la mesa una discusión histórica en Uruguay: cuál debe ser el lugar del Estado frente a una visita de estas características. Para Fernando Amado, diputado del Frente Amplio e investigador de la masonería y de la historia de la secularización uruguaya, “el punto central no es cuestionar la presencia del papa, sino determinar qué papel institucional le corresponde asumir al Estado”, ya que, a su entender, “es imposible dividir la figura del papa líder religioso y la del papa jefe del Estado del Vaticano. Es absolutamente ridículo plantear que puede desdoblarse una figura como la del líder de una religión que lleva más de 2.000 años de poder, de intentar influir, de haber sido gobierno”.

El legislador aclaró que no cuestiona la llegada de líderes religiosos, espirituales o filosóficos de ninguna corriente. “Pueden venir líderes religiosos de cualquier religión, líderes espirituales, líderes filosóficos, el que sea, eso no está en discusión”, sostuvo. El problema, explicó, aparece cuando se discute la participación de las instituciones estatales y el tipo de reconocimiento que se le otorga al visitante, dijo en referencia a la controversia que se generó alrededor de la posibilidad de que León XIV se dirigiera a los legisladores desde el recinto parlamentario, durante una sesión extraordinaria de la Asamblea General, propuesta impulsada por varios legisladores católicos y encabezada por el diputado nacionalista Rodrigo Goñi.

Para Amado, esa iniciativa suponía una alteración del principio de separación entre el Estado y las religiones. “En púlpito de la democracia, donde está la soberanía popular, la iba a ocupar de manera privilegiada un líder religioso desde su cosmovisión totalmente legítima, pero ajena a lo que tiene que ver con el republicanismo y justamente la separación del Estado de las religiones y de las iglesias”.

Aunque señaló que se logró frenar esa propuesta, se sucedieron otras iniciativas que, desde su perspectiva, buscaron otorgarle al papa un reconocimiento institucional que excede el protocolo correspondiente a un jefe de Estado, por ejemplo, la propuesta de iluminar el Palacio Legislativo con los colores del Vaticano. “Cada una de las cosas que han ido proponiendo tiene un objetivo muy, que es hacer campaña, hacer proselitismo, tratar de poner en la agenda no sólo la visita del papa, sino de colocarlo como un líder indiscutible de la paz, de la democracia y un portador de todos los principios positivos para la humanidad en estos tiempos”, afirmó.

Por otro lado, Amado reconoció que “el contexto internacional de guerras y revolución tecnológica, que favorece la visita de León XIV, ya que de alguna manera él levanta la bandera del humanismo y de la necesidad de preservar la inteligencia humana”. No obstante, consideró que eso no debería llevar a confundir algunos de sus posicionamientos con el conjunto de las ideas que sostiene la Iglesia católica, como los referidos al aborto, el matrimonio igualitario o los debates sobre los derechos sexuales y reproductivos. “La mayoría de los uruguayos han decidido una y otra vez a contracorriente de lo que es ese ideal imaginario de sociedad de valores de la Iglesia católica. Justamente ahí es donde hay que estar muy finos en que el Estado se mantenga neutro”.

Sobre esto último, Greising manifestó no creer que el papa venga a hablar de eutanasia, aborto o matrimonio igualitario. “Son temas en los que sí hay controversias, opiniones diferentes, pero dudo que el papa haga foco en aspectos que ya fueron laudados por el Parlamento, por más allá que dogmáticamente pueda hacerlo”.

Oportunidades y desafíos de la Iglesia católica

Según el informe Latinobarómetro 2024, la proporción de latinoamericanos que se identifican como católicos pasó del 80 % en 1995 al 54 % en 2024, una caída de 26 puntos porcentuales en casi tres décadas. Ante este contexto de retroceso del catolicismo, ¿es posible pensar que detrás de la visita del papa también podría haber una intención de contener ese repliegue? Para Iglesias, “los papas no mueven la aguja de ese descenso” porque “el decrecimiento responde a un proceso de larga duración, registrado en estos últimos 50 años, por una diversidad de razones, como los procesos de secularización, cortes de la transmisión de la fé religiosa de una generación a otra, el descreimiento de la Iglesia como institución y el aumento de la oferta religiosa, especialmente el crecimiento de los evangélicos y los pentecostales”.

De todos modos, Iglesias llamó a “no perder de vista” que no solo se trata de que la gente no crea, sino que “las formas de creer de las personas son cada vez menos institucionalizadas” y “la gente sigue manteniendo una dimensión de creencia, de búsqueda espiritual religiosa, aunque cada vez menos a través de instituciones tradicionales como la Iglesia católica”.

Por su parte, Greising tampoco cree que la visita del papa genere por sí misma “un aumento del catolicismo institucional”, pero sí consideró que puede ser “una buena oportunidad” para acercar a “personas que creen en algo tienen fe por la trascendencia”. “Creo que puede ayudar a reforzar la espiritualidad de la gente, y eso es muy importante”, sumó. Por otro lado, consideró que también tiene el desafío de “tratar de derribar ciertos prejuicios anticlericales, de abrir sus puertas, dialogar francamente, mostrar la cantidad de obras anónimas que realiza y decir ‘nosotros somos esto’”. Cuando habló de prejuicios, mencionó, por ejemplo “los abusos eclesiásticos de la Iglesia católica, que le han dejado una mancha espantosa, con razón”, y que generó que “todo lo que viene de los curas se mire con sospecha”. “Creo que la visita del papa puede dejar una Iglesia católica de puertas abiertas, derribar mitos y abrir a la reflexión”, concluyó.

Temas