La historia tiene, además, un origen bastante singular. La primera edición nació en 1999 como una suerte de despedida de la radio X FM y terminó convirtiéndose en algo que excedió largamente aquel propósito inicial. Con los años, la fiesta se transformó en uno de los grandes acontecimientos culturales y musicales del país, esperado por muchos.
Una fiesta que se convirtió en fenómeno
Parte de la explicación está en que la Fiesta X nunca fue solamente una sucesión de recitales. Su identidad estaba en el cruce. En una misma jornada podían convivir artistas consagrados y emergentes, distintos géneros musicales y propuestas culturales que invitaban al público a circular, descubrir y permanecer durante horas. Pero al mismo tiempo había dos grandes artísticas y grupos para escuchar, y en el medio un espectáculo callejero independiente que te atrapaba al pasar, y Alejandro Dolina al mismo tiempo haciendo La venganza será terrible, en la misma fiesta.
Esa concepción alcanzó dimensiones extraordinarias. En algunas ediciones las convocatorias se contaron por decenas de miles y, hacia 2007, la programación llegó a proyectar más de 90 artistas. Pero reducir el fenómeno a la cantidad de público sería perder una parte importante de la historia. La X construyó una experiencia en un momento en el que descubrir música funcionaba de una manera muy diferente a la actual. Se caminaba entre escenarios, se llegaba a una banda que quizás no se conocía, se encontraba una propuesta inesperada. El público no iba necesariamente con todo decidido de antemano. Se cruzaban miles de personas con un mapa impreso y la programación para saber qué espectáculo, qué comida y dónde estaban los baños.
Ese concepto adquiere hoy una dimensión diferente. La Fiesta de la X nació antes de Spotify, Instagram, TikTok y de la centralidad que adquirieron los algoritmos en la forma de consumir cultura. Una de las preguntas más interesantes de este regreso es, precisamente, si aquel espacio de descubrimiento puede reconstruirse en una época en la que las plataformas tienden a conducir a cada persona hacia aquello que ya sabe que le gusta y cada uno de nosotros terminamos encerrados en un mundo de las pequeñas cosas que nos rodean y creemos que nos gustan solo porque no logramos llegar a conocer otras. La Fiesta de la X fue y volverá a ser como un laboratorio de la Ley de los Grandes Números donde podemos encontrar, en el mismo el universo de cultura, música, propuestas, gustos, y personas.
Volver sin vivir de la nostalgia nos muestra uno de los conceptos más importantes de este gran regreso: la próxima Fiesta de la X no puede ser simplemente una reproducción de aquella fiesta. Existe una memoria muy poderosa entre quienes la vivieron. Para buena parte de ese público, hablar de la X significa volver a una etapa de su juventud, recordar bandas, amigos, encuentros y una determinada manera de vivir la música. Pero veinte años después, existe también una generación completa que nunca estuvo allí. Ese encuentro generacional es uno de los grandes desafíos. Personas que participaron de aquellas primeras ediciones pueden regresar ahora acompañadas por sus hijos, hijas y nietos, mientras jóvenes de veinte años llegan a un acontecimiento del que conocen más la leyenda que la experiencia. Será importante conseguir que la memoria funcione como punto de partida y no como límite, algo así como dialogar con la nostalgia sin convertir la fiesta en nostalgia. La pregunta, entonces, no es solamente si quienes estuvieron alguna vez podrán volver a sentir algo parecido. Es también qué tendría que ocurrir para que alguien que nunca vivió una Fiesta de la X salga de esta edición comprendiendo por qué durante tantos años se siguió hablando de ella y nos marcó a generaciones con un recuerdo de experiencia única.
Recuperar la mezcla es entender que la diversidad aparece como otro elemento central de aquella identidad. La X fue ampliando sus fronteras musicales y culturales y construyendo un espacio donde podían encontrarse públicos distintos. Esa mezcla tenía, además, otra consecuencia no menor de anotar, la misma funcionaba como vidriera. Compartir un gran acontecimiento con nombres establecidos permitía que artistas jóvenes fueran descubiertos por públicos que probablemente no hubieran llegado hasta ellos por otros caminos. Recuperar esa capacidad puede ser uno de los mayores aportes de una Fiesta de la X contemporánea. No solamente reunir artistas que ya convocan, sino volver a generar condiciones para el descubrimiento, el encuentro y la circulación de nuevas propuestas. Y eso obliga también a preguntarse qué significa hoy la propia X. Si continúa representando aquel cruce entre géneros, generaciones y expresiones culturales, o si, casi tres décadas después, necesita incorporar nuevos significados.
Un acontecimiento de otra escala que también se da en el hecho de que el regreso tampoco es pequeño. La información difundida sobre esta nueva edición ubica la fiesta en la Rural del Prado, el 11 de diciembre de 2026, con una propuesta de seis escenarios y más de 150 artistas, además de gastronomía, artes visuales y otros espacios culturales.
La escala permite comprender que la intención no parece ser solamente realizar un homenaje a lo ocurrido. El desafío es volver a producir un acontecimiento capaz de ocupar un lugar relevante en la cultura contemporánea. Hacerlo hoy probablemente sea incluso más complejo. Cambiaron la tecnología, las exigencias de producción, las formas de comunicación, la relación del público con los espectáculos y la propia industria musical. Pero también existen recursos técnicos, audiovisuales y escénicos que permiten imaginar experiencias que eran imposibles cuando comenzó la X. La paradoja del regreso está justamente en esa situación de que, para recuperar el espíritu original, probablemente sea necesario no copiar la forma original.
La X como parte de una historia cultural y de fenómenos de nuestro país es una realidad, ya que, mirada desde el presente, la experiencia también permite revisar lo que ocurrió con la cultura uruguaya durante aquellas décadas. La Fiesta de la X apareció en un momento de enorme efervescencia de la música nacional y ayudó a construir espacios de encuentro entre artistas, públicos y expresiones diferentes. Por eso su regreso abre una discusión más interesante que la de una programación determinada. ¿Es posible volver a construir grandes espacios colectivos de encuentro cultural en una sociedad donde el consumo se volvió mucho más individualizado y fragmentado? La respuesta no se conocerá hasta que la fiesta vuelva a suceder, el próximo 11 de diciembre. Porque hay algo que ninguna reconstrucción histórica puede reproducir de antemano: un fenómeno cultural se convierte realmente en fenómeno cuando el público se apropia de él.
Camino a los 30 años
Hay, finalmente, una cuestión que proyecta el regreso hacia adelante. La Fiesta de la X nació en 1999 y comienza a acercarse a sus tres décadas de historia. Por eso esta edición deja planteada otra pregunta: ¿estamos frente a un regreso excepcional o ante el comienzo de una nueva etapa? La posibilidad de una Fiesta de la X de los 30 años inevitablemente aparece en el horizonte y ahora es algo muy cercano. Pero quizás antes hay algo más importante, que es qué lugar puede ocupar la X en el Uruguay de hoy. El desafío no consiste en demostrar que aquella fiesta fue importante. Eso ya forma parte de su historia y es así. El desafío es otro, es conseguir que una idea nacida en 1999 pueda volver a producir descubrimiento, mezcla, encuentro y sorpresa casi treinta años después.
La Fiesta de la X vuelve con una ventaja y con una enorme responsabilidad y desafío: tiene una historia que la precede, pero para volver a ser un fenómeno tendrá que ser capaz de construir una historia nueva.
| *Alejandro Fontaina es un empresario, productor y referente de la industria de los medios y el entretenimiento en Uruguay, especialmente reconocido por ser el creador de la Fiesta de la X. Vinculado a la radio y a la producción de grandes espectáculos, en 1999 impulsó la primera edición de la fiesta, que nació asociada a X FM y terminó transformándose en uno de los grandes fenómenos culturales y musicales del país. Bajo su dirección, la propuesta trascendió el formato tradicional de festival para reunir música y distintas expresiones culturales, alcanzando convocatorias multitudinarias. Más de dos décadas después de aquellas grandes ediciones, Fontaina vuelve a ponerse al frente del proyecto con el desafío de recuperar su esencia y, al mismo tiempo, construir una Fiesta de la X capaz de dialogar con una nueva generación. |