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Cultura y espectáculos Montevideo Fantástico | Juan Pablo | Alejandro

Desde el 8 de mayo con Entrada Libre

Montevideo Fantástico: el cine como un acto colectivo. Entrevista a Juan Pablo y a Alejandro

Entrevista a Juan Pablo y a Alejandro, creadores de Montevideo Fantástico, festival de cine con entrada libre que se lleva a cabo desde el 8 de mayo

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En un país pequeño donde, según la vieja caricatura rioplatense, “nunca pasa nada”, existe desde hace más de dos décadas un festival que insiste en demostrar exactamente lo contrario. Entre monstruos, distopías, fantasmas, criaturas imposibles y películas filmadas con celulares, el festival Montevideo Fantástico volvió a abrir una grieta luminosa en la rutina montevideana y del interior del país.

La edición XVI se realiza entre el 8 y el 16 de mayo de 2026, con funciones gratuitas y sedes distribuidas en distintos barrios y departamentos.

Pero Montevideo Fantástico no es solamente un festival de cine de terror, ciencia ficción y fantasía. Es, quizás, algo más extraño y más profundo: una forma de resistencia cultural. Un espacio donde el cine independiente todavía puede existir sin pedir permiso a las plataformas, a los algoritmos ni a las grandes productoras. Un territorio donde lo raro todavía tiene derecho a respirar.

Existe por el amor a compartir y curar propuestas culturales de calidad y que no estén ni en plataformas ni en otros circuitos y los costos que tal iniciativa conlleva, cuenta con el apoyo de la ley de apoyo al cine que data del año 2008 dentro del marco de acciones del plan de gobierno del Frente Amplio. Tanto Alejandro como Juan Pablo quieren agradecer que esto haya - y siga - sucediendo y que tengamos memoria pero no desde la pancarta sino desde reconocer una realidad que requiere tenerlo presente para no repetir malas experiencias de desfinanciamientos a la cultura, como sucede en otros países.

Por esa misma razón, mientras gran parte del entretenimiento contemporáneo parece diseñado para anestesiar, Montevideo Fantástico apuesta por películas que incomodan, que preguntan, que fracturan. Películas hechas muchas veces “sin plata”, como repiten entre risas sus organizadores, pero con algo más importante: libertad.

En conversación con Juan Pablo y Alejandro —dos de los responsables históricos del festival— aparece constantemente una idea que atraviesa toda la entrevista: "el fantástico" no funciona como evasión, sino como espejo. Un espejo deformado, oscuro, poético, feroz. Pero espejo al fin.

Alejandro lo resume de manera contundente:

“Tratamos de que no sea solamente un carnaval de efectos especiales, sino remover internamente al espectador, llevarlo a la reflexión”.

Y tal vez ahí radique el verdadero corazón filosófico del festival: usar monstruos para hablar de lo humano.

Desde su creación en 2005, Montevideo Fantástico se convirtió en uno de los festivales de cine fantástico y de terror más longevos de América Latina. Lo que empezó como una aventura autofinanciada terminó transformándose en una red cultural descentralizada que hoy llega a salas de Montevideo, Rivera, Treinta y Tres y distintos centros culturales barriales.

La lógica es simple y profundamente política: llevar cine diferente a lugares donde normalmente no llega.

No a las élites culturales. No al circuito cómodo.

A los barrios.

A la periferia.

A la gente.

Poster Montevideo Fantástico

—Montevideo Fantástico ya lleva más de veinte años. ¿Qué cambió desde aquellas primeras ediciones?

Alejandro: Cambió muchísimo. Al principio estaba todo centralizado en una sola sala. Después empezamos a expandirnos. Hoy el festival está completamente descentralizado. Hay funciones en varios barrios de Montevideo y también en departamentos del interior. La idea fue siempre acercar un cine distinto, independiente, a lugares donde normalmente no llega.

Juan Pablo: Y además con entrada libre. Eso era fundamental para nosotros. Hay centros culturales donde trabajamos con grupos específicos: adolescentes, adultos mayores, mujeres y disidencias. Entonces pensamos la programación para esos públicos concretos. Eso nos interesa mucho: que las películas dialoguen con las personas.

—El festival parece tener también una dimensión social además de artística.

Alejandro: Totalmente. Nosotros creemos mucho en la democratización del acceso a la cultura. Y también en la formación de público. Que la gente pueda ver cosas que no va a encontrar en Netflix ni en una sala comercial.

Juan Pablo: El fantástico siempre fue muy menospreciado. Durante años muchos críticos metían todo en la misma bolsa, como si el terror fuera solamente sangre o sustos. Y no. Hay películas increíbles diciendo cosas importantísimas desde el género.

—En la entrevista aparece mucho la idea de “libertad creativa”.

Alejandro: Porque es central. Cuando alguien entra al sistema industrial muchas veces pierde libertad. Empiezan los productores diciendo “cambiame este final”, “poné un actor más lindo”, “hacelo más comercial”. La película deja de ser una obra y pasa a ser un producto.

Juan Pablo: Acá valoramos justamente lo contrario. Películas hechas con pocos recursos, pero con una voz propia. Hay gente filmando con celulares y haciendo cosas increíbles.

Alejandro: El festival es tan independiente como las películas que recibimos.

—¿Cómo trabajan la curaduría para evitar caer en clichés del terror o la ciencia ficción?

Juan Pablo: Buscamos películas donde haya algo más atrás del género. Una mirada. Una búsqueda. Algo para decir. No nos interesa solamente el golpe de efecto.

Alejandro: Y también pensamos mucho en el público uruguayo. El uruguayo es muy exigente culturalmente. No se deja llevar tan fácil. Eso obliga a programar con mucho cuidado.

—Hablaron mucho del público uruguayo como un público crítico.

Alejandro: Sí, totalmente. A veces nos tiramos tierra encima como país, pero Uruguay tiene una tradición cultural enorme. En cine, literatura, música. El público acá piensa, analiza, compara.

Juan Pablo: Y además tenemos algo muy nuestro: hacer mucho con poco. Eso pasa en el cine, en la música, en todo. Somos multitarea porque no nos queda otra.

—¿Qué sienten cuando ven jóvenes haciendo cine casi sin recursos?

Alejandro: Muchísima admiración. Este año tenemos otra vez un director de Artigas presentando un corto hecho prácticamente sin presupuesto. Y está buenísimo ver esas ganas.

Juan Pablo: A veces ves un corto y pensás: “si esta persona hizo esto con casi nada, imaginá lo que haría con recursos reales”.

—También parece haber una dimensión filosófica en el fantástico contemporáneo.

Juan Pablo: Claro. Hoy el mundo ya es bastante distópico. Muchas películas terminan siendo casi costumbristas. Hay directores de países en guerra mandándonos trabajos donde usan el género para hablar de lo que están viviendo.

Alejandro: Me pasó este año con un realizador que me escribió: “perdón si demoro en contestar, mi país está en guerra”. Y ahí entendés todo. El fantástico sirve para hablar del horror real.

—¿Qué esperan de esta nueva edición?

Juan Pablo: Que vaya gente. Que la gente se anime a descubrir películas de Serbia, Irán, Armenia, Estonia. Que exista curiosidad.

Alejandro: Y que los propios realizadores también miren lo que hacen otros. Que no sea solamente “voy a ver mi corto y me voy”. El festival es intercambio.

Hay algo profundamente uruguayo en Montevideo Fantástico. No sólamente porque sucede acá, sino porque encarna una manera muy local de resistir: hacer cultura incluso cuando parece imposible. Inventar espacios. Sostener proyectos contra toda lógica económica. Trabajar de otra cosa durante el día y seguir armando festivales en horas que no tienen pero las consiguen.

Quizás por eso el festival tiene algo de épica mínima.

No la épica grandilocuente de Hollywood.

Otra.

La épica silenciosa de quienes todavía creen que una película puede cambiar algo.

O al menos despertar una pregunta.

En tiempos donde todo parece acelerado, superficial y descartable, Montevideo Fantástico insiste en reunir personas en una sala oscura para mirar historias extrañas. Y tal vez no exista hoy un gesto más poético que ese.

Porque como dicen ellos en su sitio web: "en el fondo el fantástico nunca habla de monstruos. Habla de nosotros".