La casa de Bernarda Alba (ópera)
Caras y Caretas
Una casa que se transforma delante del público
Martín Jorge guía nuestro recorrido por los espacios que sostienen la puesta. La invitación es a entrar por lugares que normalmente permanecen fuera de la mirada del público y descubrir cómo se construye la ilusión teatral. La casa de Bernarda Alba ya está montada sobre el escenario. A primera vista aparecen paredes, puertas y habitaciones. Sin embargo, la escenografía esconde una segunda lectura.
La casa de Bernarda Alba (ópera)
Caras y Caretas
Detrás de esas puertas están los dormitorios de las cinco hermanas Alba. En las paredes aparecen cruces y elementos religiosos. Algunas ventanas iluminadas recuerdan pequeñas celdas. La sensación es deliberadamente opresiva, la casa funciona como un espacio cerrado en el que cada personaje parece tener asignado un lugar. Pero la iluminación hace que esa percepción cambie.
La casa de Bernarda Alba (ópera)
Caras y Caretas
Cuando se apagan las luces de trabajo y comienza a operar la iluminación escénica, aquello que parecía una pared sólida se transforma. Los dormitorios aparecen y desaparecen según las necesidades de la acción. Las luces se encienden una a una y permiten observar qué sucede con las hermanas incluso cuando alguna de ellas se retira de la escena principal. Es uno de los secretos de la puesta, mientras una escena ocurre en un punto del escenario, la vida de los otros personajes continúa en otro. La casa, entonces, nunca queda completamente en silencio.
El otro mundo está debajo del escenario
El recorrido continúa hacia un lugar que habitualmente permanece oculto para quienes asisten a una función, el espacio situado debajo del escenario. Allí aparece otra de las particularidades de esta producción. La puesta busca representar los dos mundos sociales que conviven en la obra, el de Bernarda y sus hijas y el del servicio doméstico.
Las Alba permanecen en el nivel del escenario. La criada y Poncia, en cambio, pertenecen a otro plano. El servicio doméstico se encuentra en el subsuelo y allí también está encerrada María Josefa, la madre de Bernarda. La propia estructura del Teatro Solís termina formando parte de la experiencia.
Debajo del escenario se observa una estructura modular sostenida por numerosos pilares. Las piezas que conforman el piso pueden desmontarse para permitir diferentes configuraciones. El vacío que queda debajo genera, además, una particular reverberación, el escenario funciona, en cierto modo, como una enorme caja de resonancia. Y allí abajo también está la casa de María Josefa. Una pequeña habitación que desde la mirada del espectador podría pasar inadvertida adquiere otra dimensión cuando se conoce quién la habita y qué representa dentro de la historia. Son estos detalles los que revelan que nada está colocado al azar. Todo responde a una concepción escénica que convierte el espacio en parte activa del relato.
La casa de Bernarda Alba (ópera)
Caras y Caretas
El montaje se realizó en tiempo récord, tres días de trabajo intenso, desde la mañana hasta la medianoche, para dejar lista una casa que durante las funciones parecerá permanecer inmóvil, aunque en realidad estará cambiando todo el tiempo.
La versión operística de La casa de Bernarda Alba fue estrenada originalmente en 2007. Miquel Ortega compuso la obra pensando en la mezzosoprano uruguaya Raquel Pierotti, quien estrenó el papel de Bernarda y tuvo un vínculo fundamental con la creación de la partitura. En esta nueva producción, Bernarda será interpretada por Nancy Fabiola Herrera, cantante española estrechamente vinculada con Uruguay, acompañada por un elenco que reúne voces líricas nacionales e internacionales. La ópera conserva la potencia de las palabras de Lorca, pero las lleva hacia otro territorio.
La casa de Bernarda Alba (ópera)
Caras y Caretas
La música amplifica aquello que en el texto muchas veces permanece contenido, el deseo, la angustia, la represión, el miedo, la violencia y la necesidad de libertad. El silencio deja de ser solamente ausencia de sonido y se convierte también en parte de la tensión dramática. Por eso, volver a La casa de Bernarda Alba a través de la ópera no significa simplemente escuchar la misma historia cantada. Significa entrar nuevamente en esa casa y descubrir que sus paredes pueden sonar.
El elenco de la casa
La producción cuenta con dirección musical de Martín Jorge y dirección escénica de Amelia Ochandiano. La escenografía está a cargo de Ricardo Sánchez Cuerda, el vestuario de Soledad Capurro y la iluminación de Lucía Acuña. El elenco está integrado por Nancy Fabiola Herrera, Kismara Pezzatti, Alejandra Wolff, Blanditánike Soret, Flavia Berardi, Clementina Moreira, Carla Sampedro, Carolina Rotela y Lina Mendes.
La casa de Bernarda Alba (ópera)
Caras y Caretas
A ellos se suma la Orquesta Filarmónica de Montevideo, encargada de convertir en sonido la tensión que atraviesa la casa. El resultado promete un encuentro entre teatro y música para volver a contar uno de los grandes clásicos de la dramaturgia en español desde una perspectiva diferente. Y quizá allí esté la principal razón para cruzar nuevamente el umbral.
La casa de Bernarda Alba (ópera)
Caras y Caretas
Quienes conocen la obra teatral descubrirán una Bernarda Alba distinta. Quienes nunca se acercaron a ella tendrán la oportunidad de hacerlo desde un lenguaje capaz de transformar los silencios, las miradas y los conflictos de las mujeres de esa casa en una experiencia musical de gran intensidad.
La casa está lista. Las habitaciones esperan detrás de sus puertas. Las luces saben cuándo encenderse. Debajo del escenario, otro mundo permanece oculto. Y sobre las tablas, Bernarda y sus hijas volverán a enfrentarse al deseo, las normas, el encierro y una libertad que parece imposible.