Hacete socio para acceder a este contenido

Para continuar, hacete socio de Caras y Caretas. Si ya formas parte de la comunidad, inicia sesión.

ASOCIARME
Cultura | El universo de Ana | funciones | entradas

Del 20 al 27 de setiembre en La Gringa Teatro

El universo de Ana: un viaje al niño interior que nunca nos abandona

El universo de Ana es una obra de teatro visual que nos regala poesía, humor y juego, para hablarle a las infancias y también a nuestro niño interior.

Suscribite

Caras y Caretas Diario

En tu email todos los días

Cuando la sala se oscurece y el silencio se instala, no aparecen palabras. En lugar del discurso, surge una atmósfera, objetos que se revelan, títeres que parecen respirar, luces que dibujan emociones en el aire. Así comienza El universo de Ana, la creación de la titiritera Tamara Couto, una obra que invita a recorrer el mapa más personal y a la vez más universal, el mundo interior de cada ser humano.

Ana entra en escena con ese universo a cuestas. No lo anuncia, no lo explica, lo carga consigo como todos cargamos memorias, recuerdos y temores. Y a medida que avanza la obra, ese equipaje se desarma, se abre, se comparte. De los objetos surgen vivencias, de los movimientos aparecen emociones, del humor se desprende ternura. Ana se sorprende de lo que llevaba consigo y también el público, juntos, descubren que incluso lo olvidado habita en nosotros y nos transforma.

Al final, Ana se marcha distinta. No vacía, sino más liviana. Ha elegido qué conservar y qué dejar atrás, como quien selecciona con cuidado los recuerdos que vale la pena seguir cargando. El espectador sale con la misma sensación, la de haber atravesado un viaje poético y lúdico que no termina cuando bajan las luces.

La creadora detrás de Ana

Tamara Couto no llega a este proyecto por azar. Es titiritera de oficio y vocación, alguien que aprendió a contar historias con objetos y cuerpos pequeños que, en sus manos, alcanzan dimensiones gigantes. “Siempre pensé el teatro desde lo visual, desde lo que se ve y se intuye, más que desde lo que se dice”, confiesa. Esa mirada se cristaliza en El universo de Ana, una pieza que prescinde de las palabras para apostar al lenguaje universal de las imágenes.

A los 41 años, Tamara se reconoce múltiple: “A veces, cuando me preguntan cuántos años tengo, respondo que siete. Porque sigo teniendo siete, ocho, nueve…”. Esa idea atraviesa su obra, no hay una frontera rígida entre infancia y adultez, sino un continuo en el que las experiencias se acumulan sin borrar las anteriores. Su propio recorrido como docente, creadora y mujer, se refleja en Ana, una protagonista que no es niña pero que tampoco renuncia a su capacidad de asombro.

La obra, dirigida por Matilde Nogueira, se sostiene en un equipo artístico que acompaña y potencia la visión de Tamara, desde el diseño de escenografía y objetos de Lucía Acuña hasta el espacio sonoro creado por Paola Larrama, pasando por la iluminación de Leticia Figueroa. Cada detalle ha sido pensado para que la experiencia sea total, inmersiva y profundamente humana.

El universo de Ana
El universo de Ana

El universo de Ana

Un espectáculo sin palabras, cargado de sentidos

En un tiempo en que la palabra ocupa casi todo —en discursos políticos, en redes sociales, en los noticieros—, Tamara eligió el silencio. O más bien, eligió un lenguaje distinto, el de los objetos, el de los gestos, el de la imagen que irrumpe y habla sin decir.

“El espectáculo no tiene palabras, toda la dramaturgia se desarrolla a partir de lo que el espectador ve”, explica. Ese desafío es también una apuesta estética, confiar en que lo visual puede construir una narrativa tan poderosa como cualquier texto. En ese silencio emergen los sonidos cotidianos, los juegos, las risas, incluso el miedo, que se vuelve visible en los movimientos de Ana y en la reacción de los objetos que la rodean.

La maquinaria escénica está pensada como un organismo vivo. Títeres, artilugios, mecanismos que aparecen y desaparecen, objetos que guardan sorpresas, todo está dispuesto para que el público, grande o chico, se deje llevar por la lógica del juego. Lo que a un niño puede parecerle pura diversión, a un adulto se le revela como metáfora de su propia vida.

Si la obra fuera únicamente poética, podría ser densa. Si fuera solo lúdica, correría el riesgo de ser liviana. Pero en El universo de Ana hay un elemento que equilibra y conecta, el humor. “Es una obra intensa, pero también muy divertida”, asegura Tamara. Y lo cierto es que las risas que despierta son liberadoras. El humor aparece como una llave de acceso al mundo interior, como un puente entre la emoción y la reflexión. Gracias a él, la obra evita solemnidades y se transforma en una experiencia cercana, accesible, incluso familiar.

Teatro para las infancias

El gran mérito de El universo de Ana es que no se limita a contar una historia, sino que la vuelve espejo. Ana no es un personaje externo, lejano o extraño, es un reflejo. En ella, los espectadores reconocen sus propios mundos internos, con sus luces y sombras. Los niños encuentran en Ana a alguien que juega, que explora, que se asusta y que ríe. Los adultos descubren a alguien que carga con su pasado, que selecciona recuerdos, que busca aligerar el equipaje. La obra funciona, entonces, como un espacio de encuentro entre generaciones, un territorio común donde las infancias y las adulteces se miran y se reconocen. Ese cruce intergeneracional es intencional. “Quisimos hablarle a las infancias, pero también a la infancia que los adultos seguimos teniendo”, insiste Tamara. Y en ese gesto hay una decisión política y estética, recordar que crecer no significa olvidar, que madurar no equivale a renunciar a la ternura.

En Uruguay, el teatro para niños ha tenido una tradición fuerte pero a veces subestimada. Muchas veces se lo reduce a lo didáctico o lo meramente lúdico. El universo de Ana rompe con esa lógica, se trata de un espectáculo para infancias, sí, pero pensado con la misma complejidad y profundidad que cualquier obra destinada a adultos. El valor de este tipo de propuestas es doble. Por un lado, ofrecen a los más pequeños experiencias artísticas que van más allá del entretenimiento, lo que despierta la sensibilidad estética y la capacidad reflexiva. Por otro, invitan a los adultos a reencontrarse con su propio niño interior para generar un espacio compartido que pocas veces se ofrece en la vida cotidiana.

Quizás la mayor enseñanza de El universo de Ana sea que todos cargamos un equipaje invisible. Objetos, recuerdos, emociones que llevamos con nosotros día a día, muchas veces sin ser conscientes. La obra no pretende dar respuestas ni soluciones mágicas, pero sí nos plantea una interrogante... ¿qué pasa si abrimos ese universo y elegimos con qué quedarnos?

El universo de Ana
El universo de Ana

El universo de Ana

Funciones y entradas

El universo de Ana se presentará del 20 al 27 de setiembre en La Gringa Teatro (Galería de las Américas, 18 de Julio 1236 esq. Yi). Las funciones serán a las 15 horas y, los días 22 y 23, habrá doble función a las 15 y a las 17. Las entradas tienen un costo de $500 y pueden reservarse al 099 408 985.