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Cultura | Inés Errandonea | Buenos Aires |

Séptimo Diario

Inés Errandonea: canciones que pugnan entre realidad y relato

Después de rehogar sus composiciones en ruido, enojo, desamor y enredos reales, la cantante Inés Errandonea busca ahora el impacto escénico.

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La cantautora uruguaya Inés Errandonea transita la dualidad. Hace tres años y medio que vive en Buenos Aires, pero viaja a Montevideo con frecuencia para tocar, visitar familia y gestar proyectos. A veces siente que tiene un pie en cada lado del charco. En 2020 publicó su disco debut, La vida real, un conjunto de canciones con impronta pop que presentó a banda completa el año pasado en la emblemática Sala Zitarrosa, y que el sábado 24/9 mostrará en formato más íntimo en Café Vinilo (Estados Unidos 2483, a las 21).

"Este show tiene que ver con esta vida de habitar los dos lados y con hacerme un poco más cargo de vivir en Buenos Aires", adelanta Inés. "Hay algo ahí medio confuso en mí misma: '¿Qué es esto? ¿Dónde vivo yo?'. Saqué un disco en pandemia que en Uruguay lo vengo tocando muchísimo: hice un show gigante, tiene mucho sentido porque soy de allá y tenía un desarrollo de mi carrera allá. Pero es rarísimo también para mí porque siento que tengo que hacer cosas en Buenos Aires porque es mi casa hoy."

Y hay otra dualidad. En vivo, la cantante y compositora propone un cruce performático entre "la vida real y lo escénico", algo que viene desarrollando hace varios años. "Me interesa deambular en ese borde. Que no sea solo tocar una canción y después otra, sino que ocurra algo a nivel escénico, que tenga que ver con el presente, con el momento", amplía la también realizadora audiovisual.

► Saltando el charco y las piedras

Con producción de Juanito el Cantor, el disco está centrado en la canción y tanto los arreglos como la sonoridad están asociados al pop. Hay un bolero precioso que se llama Decidí cantar; una pieza experimental, La moneda; un aire de candombe titulado Esta noche; una intimista a dúo con Juanito, Todo tiene un fin; y otra que capta la fuerza del pop rock, El círculo.

"Me cuesta mucho cuando compongo decir 'voy a hacer un candombe o un bolero'. Lo que me gusta del pop es que te da esa libertad de que no tiene un marco tan claro, es más abierto a un montón de géneros", explica Inés. "El ritmo de cada canción tiene que ver con la letra o el ánimo del momento. Eso también es lo mágico de componer: a veces salen las cosas sin darte cuenta."

De todos modos, la música rioplatense aparece inevitablemente, porque forma parte de su identidad. "La primera llevada que hice no era candombe, no era nada. Me empezó a surgir una letra muy verborrágica arriba de esas armonías y cuando escuché la melodía y el fraseo dije: 'Ta, hay aire de candombe'", cuenta sobre Esta noche, una canción que "apareció" caminando por la Rambla de Montevideo. "Es la música de la que estoy hecha", refuerza.

En el disco, además, se destacan dos canciones que tienen colaboraciones especiales. En Anti radar participa su amiga y coterránea Papina de Palma, que viene pisando fuerte en su país. "La admiro un montón, empezó a componer y grabarse antes que yo. Fue muy inspirador para mí verla hacer y me terminé de dar cuenta estando cerca de ella de que yo re quería hacer eso", dice sobre el oficio. "Es una canción que tiene que ver con las frustraciones que hay a veces en el camino de mostrar lo que hacemos", completa.

La otra invitada del disco es la cantautora entrerriana Noelia Recalde en La tierra. "Su voz me parece de una gran delicadeza y profundidad", confiesa Inés, que conoció a la litoraleña por su disco Palabra, uno de los mejores lanzamientos de 2019.

► La vida real no es como te la muestran

La belleza de lo crudo, el alejamiento de lo pulcro, la valentía de la desnudez: esos son los ejes de la poética de este disco. Frente a tanta prolijidad y orden en el mundillo musical y las redes sociales, ella eligió focalizar sus canciones en la belleza del error, en aquellos aspectos que casi nunca se muestran. Los de la vida real. Lo que ocurre detrás o debajo de las pantallas. "Me gusta lo no pulcro y es algo que no está tan representado en las artes más masivas, como el cine y la música. Hay varias canciones en este disco que conectan con el ruido, el enojo, el desamor o los enredos reales", dice.

"Casi todos mis primeros años de composiciones fueron dramáticamente autorreferenciales. Y tenía que ver con que durante muchos años no me animaba a componer, tenía una resistencia terrible, me daba vergüenza y miedo que lo vieran otros", cuenta. "Pero cuando me di cuenta que eso me estaba frenando, tiré de la piola y escribí sobre lo que me daba vergüenza y se lo canté a todo el mundo."

--¿Qué tipo de cosas?

--Me refiero a todo tipo de situaciones, de pareja, íntimas, con cierta visceralidad e intensidad. Las letras son re reales en mi vida. Y obviamente cuando una enuncia, de algún modo se convierte en una especie de autoficción, porque elegís una forma de relatar y de nombrar. Hay un recorte siempre. Un margen de lo que una pone delante y de qué manera lo hace.

--¿Cada canción entonces es un recorte de tu vida?

--Sí, intento que el recorte sea lo más corporal posible, lo más emocional, lo más cercano a mí. Y no tanto algo más mental. Ahora me siento más liviana, pero en ese primer disco saqué todas las tripas para afuera.

El año pasado, ese disco debut le ganó un Premio Graffiti -un galardón que reconoce a la música uruguaya- a Mejor Artista Nueva. "Primero, con total honestidad, es tremenda felicidad desde que te dicen que estás nominada, porque es un lindo mimo que te den un premio. Y más para una artista nueva y emergente", resalta.

"Obviamente, después hay que tener muy claro que esas cosas son eso: una distinción que unas personas dijeron que les parecía que vos eras la mejor artista nueva. Pero no es más que eso y hay que recordarlo. Además porque un montón de veces yo no estoy de acuerdo con lo que ellos deciden."

-Vivís acá hace tres años y medio, ¿qué te une a Buenos Aires?

--Es un lugar donde siento que hay muchas posibilidades. Y eso me parece fascinante, me incentiva, me ilusiona y me impulsa. También a veces eso mismo me resulta algo abrumador, porque no sé para dónde arrancar entre tantas propuestas. Pero me genera ganas de hacer cosas. En esta ciudad hay muchas mujeres haciéndose cargo de sus proyectos.

Por Sergio Sánchez (vía No)

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