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Atardecer naranja | literatura |

Escribir es leer y escuchar

Daniel Mella: "Escribir es haber visto una belleza que te dejó una herida"

El escritor, editor y cantante pasó por Atardecer naranja para hablar de sus procesos creativos al escribir y su vínculo con la luz, el vacío y el silencio.

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Daniel Mella es escritor, entrevistador, editor, docente y cantante. Es uno de los escritores contemporáneos más destacados de la literatura uruguaya. Dice que escribir es leer, como lo plantea Marguerite Duras, y que uno escribe para saber qué escribiría si escribiese.

Publicó Pogo, Derretimiento y Noviembre cuando era muy joven. Pasó un tiempo, vivió otras vidas, y volvió a la escritura con el libro de cuentos Lava y la novela El hermano mayor con los que ganó el Premio Bartolomé Hidalgo. La exploración más cercana a la autoficción que empezó con El hermano mayor, se profundizó en 2022 con Visiones para Emma. Esa búsqueda siguió en Yo quiero a mi bandera, un libro de 2024 que oscila entre el ensayo, la narrativa y la poesía. Este año publicó su primer libro de poesía pura: La lengua de mis hijos.

Desde 2023 además edita la revista Oro, una revista literaria que recupera la tradición de las revistas literarias, en donde además de dar lugar a la imperfección, los apuntes sueltos de escritores y a nuevas voces emergentes, se expresa en cada número un profundo amor por escribir y leer. En esa revista, además, hace las entrevistas, y ha dicho que le interesa conversar. En el último tiempo, además, usa su voz para cantar canciones en la banda CHINO, con la que sacaron en mayo el EP Volvére.

Dice que tiene sed, que todavía hay otros yo esperándolo por ahí, y que su deseo tiene que ver con comprender la experiencia humana.

En el episodio #7 de Atardecer naranja conversamos con Daniel Mella sobre sus procesos creativos, y su vínculo con la luz, el vacío, el silencio y la oscuridad. Compartimos en esta nota algunos extractos de la entrevista e invitamos a todos los lectores a ver la conversación completa en el canal de YouTube de Caras y Caretas TV. Todos los jueves a las 19, nuevas conversaciones con artistas y personas vinculadas a la cultura.

Embed - Atardecer Naranja #7 Daniel Mella

¿Cuál es la diferencia entre mirar y ver?

La tengo acá en Google. Fue la única búsqueda que hice hoy, además del afinador de guitarra. Dice: “La diferencia principal entre ver y mirar en español radica en la intención y el grado de atención. Ver es percibir visualmente algo de forma pasiva mientras que mirar implica dirigir la vista y la atención de forma activa hacia algo con una intención específica”. A mí me sorprendió un cacho porque lo primero que pienso cuando pienso en ver es en el ver más allá de lo que hay, en el realmente ver, es casi un interpretar, es como cuando vos ves las intenciones detrás de las cosas, como el clarividente, o como el que ve la esencia. Mirar para mí era algo más superficial y ver era algo más profundo, pero me gusta cómo se cruzan esas definiciones sacadas de un diccionario y las que vos te haces o las que se van generando

Y si lo vinculamos con la escritura, si escribir es como mirar o como ver, ¿para vos en qué medida escribir es mirar desde afuera de la situación, o en qué medida es ver desde dentro del cuerpo?

Para mí son las dos cosas a la vez. Tenés que ponerte en un lugar que es como desde una distancia, que puede parecer como a la de salirte, una distancia defensiva incluso. Me acuerdo de esos primeros días en que se había muerto mi hermano Seba, de repente me llamaban la atención cosas que me parecían bellas, una nube que pasaba, una lluvia, una pluma encima del cajón, y me daba un grado de culpa: Yo estaba viendo belleza en un momento que se supone que es triste. Y pensaba, estoy haciendo esto para alejarme de la situación y alejarme del dolor. Creo que capaz que sí pero al mismo tiempo es cuando entras más adentro de la cosa. Tenés que alejarte para poder ver de verdad, tenés que irte de tu país para poder ver a tu país realmente. Me acuerdo de haber leído una cosa en un libro de Salinger, que es uno de mis escritores favoritos, que el narrador de ese libro decía que el poeta o el escritor tiene una herida en los ojos o en la mirada y se queja de esa herida que tiene pero cuando viene el oculista no se deja atender.

Escribir tiene que ver con haber visto una belleza que no puede hacer otra cosa que dejarte una huella, una marca o una herida. Creo que es ahí desde donde se escribe.

Hay una frase hermosa de Marguerite Duras que dice que “Escribir es leer lo que todavía no se escribió”, ¿para vos escribir también es una experiencia de lectura?

Sí, creo que sí. La misma Duras también dijo algo así como “Escribo para saber lo que escribiría si escribiera”. Creo que ese es el viaje que uno emprende. Y es un viaje de ida y no tiene fin porque solo lo vas a averiguar escribiendo lo que escribirías. Y creo que escribir además nace de leer. Uno primero por lo general es lector. Cuando sos chiquito te leen cuentos cuando te vas a dormir, después empezás a leer vos, empezás a amar eso y es muy posible que uno termine escribiendo para conocer otro aspecto de la lectura que es el escribir. Uno escribe para ser un lector más amplio o un mejor lector. El que lee y no escribe conoce un aspecto de la lectura; el que lee y escribe de repente pasa a conocer otro.

Estamos hechos de ficciones y una de las ficciones que más nos atraviesan es la ficción del nombre. Vos decidiste llamarte Mella. Mella, según el diccionario, es “Vacío o hueco que queda en una cosa por faltar lo que lo ocupaba o henchía, como en la encía cuando falta un diente”. ¿Por qué incluiste al vacío como parte de la ficción de tu nombre?, ¿Cuál es tu vínculo con el vacío como escritor?

Mella es el apellido de mi madre, yo soy Daniel González Mella, y siempre tuve la impresión de que Mella tenía más que ver con la herida, la huella. Lo que hace mella. Pero me encanta esa definición sobre el vacío. No sé si habría literatura sin vacío. No sé si escribiría sin la sensación de vacío que siento y que creo que todo el mundo siente. Tengo la sensación de que he intentado llenar ese vacío de mil maneras y pocas son satisfactorias. La creación o en este caso la literatura es una de las más satisfactorias que conozco, ya sea para llenar ese vacío por un rato u ocupar el tiempo.

Cuando escribís también tenés la sensación de que te estás lanzando al vacío.

Me gusta también el vacío en el texto. Lo que no se dice, lo que no se muestra. En el caso de la poesía fue un descubrimiento. El blanco en la página, eso me pareció un gran descubrimiento, una posibilidad increíble que te brinda la poesía. Pienso en la palabra vacío y me viene la palabra vértigo y abismo también. Hay algo de lo abismal que me interesa mucho, que no haya nunca una sensación de confort o de solidez absoluta, que siempre haya una sensación como de cierta caída al escribir.

Tu escritura pasó por varias etapas. En otra entrevista en la que hablabas de esos cambios planteaste que “Hay algo de volverse más sutil en ubicar las grietas”. ¿Cómo fue que la sutileza te llevó de las grietas del mundo a las grietas propias?

Creo que en un momento la diferencia entre el afuera y el adentro se disuelve, como la dirección. Si realmente estás mirando para afuera te lleva a tus propias cuestiones, a tus propias grietas. Volviendo a lo que hablábamos al principio, del mirar. Si estás sentado junto a un río y realmente estás mirando al río, te empezás a ver a vos mismo en el río también. Sos vos y el río te mira y entablás un diálogo. Creo que ahí es donde está el mirar, en el diálogo. Podríamos hacer una nueva definición de mirar: Es entablar un diálogo con eso que estás viendo. Y si estás dialogando en serio, no hay otra que mirar para adentro y escuchar y entender un cachito dónde están esas grietas. Es paradójico, porque uno necesita expresarse, y en ese expresarse te vuelve como un saber de vos mismo, que es momentáneo. Tenés un acceso a determinada cosa en ese momento que está pasando, y eso te refleja, y al mismo tiempo te muestra que no hay fin, porque no es un reflejo fijo. El libro que escribiste a los 21 ya no sos vos, y el que escribís hoy no vas a ser mañana. Entonces siempre está ese otro. Siempre sos otro. Siempre hay otro vos que te está esperando a la vuelta de la esquina. A mí me interesa mucho ese otro.

Ese devenir hacia el yo te llevó hacia la poesía. Cuando te conocí me decías que leer tu poesía en vivo para otros era conocer otra forma de vulnerabilidad. ¿Cuál es el vínculo de la poesía con la inocencia?, ¿qué redescubriste de la escritura al contactar con la poesía?

Hay algo de la escritura poética que es anterior al impulso de la prosa. En mi caso lo es. De adolescente escribí cuadernos y cuadernos de poesía y es como volver a un origen, a una esencia, a una inocencia. Volver a una libertad, que no tiene el ejercicio de la prosa. Y es tan sencilla como desobedecer a la tiranía del tamaño de la página, algo tan material como eso, que vos escribiendo un poema puedas decir “me chupa un huevo lo largo que es el renglón”, entonces ahí ya están pasando siete mil cosas que son imposibles en la prosa. Eso es lo que hace un niño a veces cuando está jugando, dibujando. Vos cuando estás jugando y sos un niño, a veces inventás juegos incluso, vamos a jugar a no sé qué y ponemos las reglas, pero a la mitad del juego como vos me vas ganando yo te cambio las reglas. Cambiamos las reglas, las desobedecemos, o las vamos creando, descubriendo. Tampoco es que todo sea puro capricho en la poesía o en el verso, empezás a jugar en espacios tan sutiles y tan mínimos, que a veces te jugás todo en una sílaba. Y en la prosa en general no pasa eso. Entonces tenés la inocencia y la pureza y la libertad, y al mismo tiempo hay como una especie de rigor nuevo que se impone y que tiene que ver con cómo va a sonar. Una de las cosas raras que me pasó cuando empecé a escribir esos poemas fue que se me abrieron los oídos. Si antes era más la mirada la que yo tenía abierta, cuando la prosa era la cosa, ahora de repente todo lo que sonaba empezaba a ingresarme, como mi hija hablando, alguien en la calle, una entrevista, como estar atento a los ritmos del habla de la gente.

Si uno abre los oídos y escucha, la gente escupe poesía sin darse cuenta. El habla coloquial tiene una poesía increíble. Es muy fuerte, podrías escribir un libro entero de poemas sin inventar una sola palabra, nomás escuchando. Eso me parece una dimensión de la poesía que es fascinante.

Mella Foto 2

La escritura también es un diálogo con otras escrituras, y la tuya estuvo muy vinculada a la escritura de Mario Levrero. Otro escritor que hacia el final de su vida se comprometió con una búsqueda más metafísica. ¿Cómo fue tu vínculo con Levrero?, ¿cómo es tu vínculo con la luz y la oscuridad?

Levrero fue para mí un maestro absoluto. Cuando yo era jovencito y empezaba realmente a leer o a escribir, sus libros no se conseguían en las librerías. Te los tenían que prestar. Y justo me hice de un amigo, Ricardo Henry, que me prestó “La ciudad”. Y fue decisivo para mí eso. Fue el primer uruguayo que yo leía que me dio a entender que se podía ser uruguayo y escribir bien. Y después estaba toda esta actitud que formaba parte de su reputación y de su leyenda, pero que también era real, que es que a él no le interesaba demasiado figurar. No le interesaba escribir libros para la masa. Y su obra permanecía intocada por esas ambiciones y esas presiones. Y para mí eso ya fue como un modelo de lo que es la ética del escritor. Para mí su literatura era tan buena en parte por eso. Yo lo imaginaba como una especie de guerrillero clandestino escondido en alguna trinchera, cagándose en todos y haciendo lo suyo. Entonces sus libros fueron decisivos para mí en ese sentido. Después fue decisiva también su presencia en mi vida. Este gran amigo le llevó el manuscrito de “Derretimiento”, mi segundo libro. Y Levrero lo leyó y me invitó a su casa y tuvo la delicadeza de invitarme con café y con masitas y estar horas hablándome de lo bueno que era mi libro y compartiendo ese rato conmigo. Yo tenía 21 años en aquella época, estaba re asustado. Estaba ante uno de mis ídolos. Y al mismo tiempo me dio miedo verlo, porque estaba en un estado bastante deplorable. Yo nunca había visto la depresión así a la cara, no sabía que una persona podía llegar a dejarse estar de tal manera. Fue fuerte porque es fuerte lo que él hace. Hay que tener una energía y una capacidad espiritual y física para escribir como escribe. No es cualquier cosa sentarse a escribir y no es cualquier cosa sentarse a escribir como escribe Levrero. Creo que Fernando Pessoa fue el que escribió “me destruyo para crear”, y yo la tomé por ese lado. Capaz que para realmente poder crear algo bello hay que permitirse destruirse a uno mismo. A veces se puede pasar tres noches de corrido sin dormir porque está escribiendo y eso ya es destruirse en un punto, o te fumás 7000 puchos. Hay algo que a veces hasta puede ir contra la salud en el acto creativo, pero creo que ahí es donde no importa nada. Y ese es el momento que a mí me importa o el que a mí me gusta del proceso creativo. Es cuando todas estas consideraciones desaparecen y el acto está sucediendo y me parece que en un punto es medio inevitable que la verdadera luz emerja de la oscuridad o que la flor más rara y bella emerja del barro.

¿Por qué una palabra más? ¿Qué sentido tiene? ¿Cómo es tu vínculo con el silencio?

Es hermoso el silencio. Para mí hay que agregar una palabra más si es necesaria. Si es necesaria para decir algo que a veces sabes que tenés que decir y que querés decir. Si es una palabra que te lleva al silencio incluso. Mira, hay algo que me pasó el otro día que fue increíble. Yo no sé tocar la guitarra, ¿no? Pero durante este último tiempo empecé, con los dos acordes que sé, a explorarla y a componer canciones. Y en la presentación de mi libro de poemas, nadie sabía, solo yo y el editor, que iba a cantar algunas de las canciones que compuse en la guitarra, por primera vez cantando en público frente a gente. Era tal el silencio que había en la sala. Por supuesto que más lindo que todo lo que canté.Lo más lindo de todo ese momento fue el silencio que había.

Entonces, capaz que una palabra más para que haya más silencio.

Yo creo que podés apreciar mejor al silencio cuando encajas la palabra justa, o el sonido ese que lo viene a interrumpir o a atraer.