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Mundo

Deuda, ralentización, guerra comercial y caos global

Davos: se preanuncia una nueva gran crisis

En 2018, Xi Jinping fue la estrella absoluta del foro político empresarial más importante del mundo. Este año no asistieron Xi, ni Trump ni Putin. Tampoco Macron, May ni Macri, atenazados por sus problemas domésticos. Sin embargo, el foro fue más seguido que en otras ocasiones y sus estrellas fueron oscuras: el nuevo informe del FMI, y el mensaje de Mario Draghi, del BCE, que alertan ante una eventual nueva Gran Recesión.

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Maynard se sobresaltó en su reposera cuando llegó al artículo de Alyosha. Cerca de él, Bertrand Russell dormitaba con su infaltable pipa en la boca. “Siempre supe que tenía razón, pero esta vez es diferente”, dijo, maldiciéndose inmediatamente por haber citado, sin querer, el título del libro manipulado de Kenneth Rogoff y la cubana que se firma Carmen Reinhart, famosos falsificadores de tablas Excel, descubiertos por sus estudiantes.

En un Foro de Davos (realizado entre el 23 y el 26 de enero bajo el nombre “Creando un futuro compartido en un mundo fracturado”), donde la única presencia política de significación fue Jair Bolsonaro (cuya intervención además fue increíblemente corta), resplandecían sin embargo las luces malas de una nueva crisis global similar a la Gran Recesión 2007–2010, que ahora podría sobrevenir, aunque nadie lo mencionó, por el peligro que suponen las múltiples burbujas especulativas en las grandes empresas de las nuevas tecnologías, y el tremendo peso de la deuda externa consolidada (que alcanzaría a 164 billones de dólares, equivalente al 225% del PIB mundial, lo que significa una deuda per cápita de US$ 25.000, según el monitor fiscal del FMI), vinculado directamente a los problemas de gobernanza mundial (se necesita otro Bretton Woods y nuevos FMI y Banco Mundial, pero sólo la Internacional Progresista lo dice ahora); de regulación financiera, y al crecimiento de la desigualdad y la concentración de la riqueza.

A ello se suma, según el último informe Perspectivas de la Economía Mundial, presentado por el Fondo Monetario Internacional en Davos, la peligrosa ralentización del crecimiento mundial, incluyendo esta vez a China, que caería a 6,2% y el estancamiento de India en 7,7% (cifras que nos resultan asombrosas, pero no pueden oficiar de “locomotoras” del crecimiento mundial, como en los últimos catorce años); y los efectos de la Guerra Comercial entre Estados Unidos y China, que ya se notan en ambos mercados, los principales exportadores e importadores del mundo.

Como ocurrió en Shanghái en enero de 2007, la caída de una gran bolsa podría provocar una cadena global de quiebras, al caer el factor “confianza” que siempre resalta, y sobre el cual tanto ha escrito, el Cr. Ricardo Pascale.

“Esta vez la crisis sería absolutamente global y no como la Gran Depresión de 1929”, caviló Maynard, agregando que “por otra parte las políticas expansivas tienen un límite cuando afectan a todos los grandes mercados”.

Alguien que concuerda con él, como buen alumno del MIT, es el presidente del Banco Central Europeo (BCE), Mario Draghi.                          

Los temores de Draghi

Con un pasado negro a cuestas, pero una formación y una inteligencia extraordinarias, Mario Draghi acaba de formular en Madrid, el 24 de enero, graves  anuncios, y anunciar severas medidas. “La reunión de hoy era para ver dónde estamos y por qué”, señaló, explicando que los riesgos -que parecían eliminados en la Eurozona- están aumentando severamente. Se refirió a las incertidumbres políticas (léase Donald Trump), a la guerra comercial y al brexit. Afirmó, con contundencia, que “tiene a su disposición, listo para ser usado, un arsenal de herramientas”, aviso de claridad meridiana.

Mientras Christine Lagarde recortaba en Davos las previsiones de crecimiento globales, pero especialmente las de la eurozona, que ahora tendría un alza del PIB del 1,6% en 2019, Draghi endureció su discurso, refiriéndose en particular a Alemania, el Reino Unido e Italia.

E inmediatamente se refirió a lo que haría el BCE. “Frente a aquellos que creen que las políticas extraordinarias de los últimos años le han dejado sin margen de maniobra ante nuevas crisis, el italiano que aún estará nueve meses al frente de la nave quiso dejarles claro que se equivocan. Recalcó que el Eurobanco dispone de un maletín repleto de herramientas. “Tenemos muchos instrumentos y estamos preparados para usarlos o ajustarlos según la coyuntura”, dijo. Incluso deslizó un “lo que sea necesario” que recordó a aquellas palabras que pronunció en 2012, en lo más duro de las tormentas financieras que asolaban a la eurozona”, señala El País de Madrid.

“Entre las herramientas a las que el BCE podría recurrir para ahuyentar los miedos, los analistas contaban con una nueva subasta de liquidez ilimitada para los bancos, como las aprobadas en 2012 y 2017. Pero Draghi, que destacó lo “útiles y eficaces” que fueron estas lluvias de dinero, rebajó las expectativas de una nueva ronda de liquidez que aliviaría a un sector financiero agobiado por la pérdida de rentabilidad”.

Todo indica que, al contrario de lo que Trump le pide a la Reserva Federal, Draghi se irá del cargo en octubre (sería bueno que eso no ocurriera, pero pueden esperarlo alturas mayores), sin modificar al alza las tasas de interés del BCE.

¿Alcanzará con las previsiones del FMI y el BCE para frenar las tendencias centrípetas de la economía mundial, que nunca se dio, como se prometía en 2009, un “nuevo orden financiero y comercial global” que asegurara la estabilidad global?

Maynard se arrellanó en su reposera: “No me hicieron caso en 1946 en Bretton Woods y miren lo que cosecharon. Alyosha tiene razón”, rumió, y siguió leyendo.

La desigualdad crece a ritmo exponencial

Dándole la razón a Thomas Piketty, nada menos que Klaus Schwab, el fundador nominal del World Economic Forum o Foro de Davos, llegó a la conclusión de que “los hijos heredan más que antes la riqueza y la pobreza de los padres”, porque “no hay movilidad social”.

Uno de los documentos que más circuló en el lujoso centro fueron los informes de la conocida organización no gubernamental Oxfam Intermón titulados ¿Bienestar público o beneficio privado? Desigualdad 1-Igualdad de oportunidades 0. Los mismos, como los estudios de Piketty, muestran la asombrosa disparidad en la acumulación de la riqueza, y señalan sus efectos perversos en el futuro comportamiento de la misma, ya que los hijos de los verdaderos emprendedores no suelen ser innovadores sino parásitos. Ejemplos, también entre nosotros, sobran. Con respecto a los informes “el primero se centra en la situación de los plutócratas, la mayoría de los presentes en la ciudad suiza: la riqueza de los milmillonarios se incrementó en 900.000 millones de dólares en 2018 (cifra equivalente a quince PIBs del Uruguay), lo cual equivale a un incremento de 2.500 millones de dólares diarios, mientras la riqueza de la mitad más pobre de la población mundial -que equivale a 3.800 millones de personas- se redujo en un 11%. La riqueza está todavía más concentrada en menos manos: el año pasado 26 personas poseían la misma riqueza que 3.800 millones, mientras que un año antes esa cifra era de 43 personas. La fortuna de Jeff Bezos, propietario de Amazon y de The Washington Post, y el hombre más rico del mundo, se ha incrementado hasta alcanzar los 112.000 millones de dólares; tan solo el 1% de su fortuna equivale a la totalidad del presupuesto sanitario de Etiopía, un país donde viven 105 millones de personas. Y una tendencia muy relevante: los hombres poseen un 50% más de la riqueza mundial que las mujeres”.

Schwab, a quien nadie puede tildar de izquierdista, concluyó que “la continua desintegración del tejido social debida a las anteriores disfunciones podría en última instancia provocar el colapso de la democracia”. También podríamos preguntarnos acerca de la naturaleza y disfunciones de la democracia en un mundo donde personajes como Donald Trump o Juan Sartori (que estuvo en Davos, donde no hubo representantes del gobierno de Uruguay), disfrutan hoy de medios para llegar al poder inimaginables hace menos de una década.

Rodrik y el dilema de la Izquierda

Casi al mismo tiempo que el Foro, se conoció un excepcional artículo del reconocido economista Dani Rodrik, el primer crítico serio y fundamentado de los efectos negativos del inevitable proceso de globalización, y actual integrante de la Internacional Progresista. El mismo, titulado “The Left’s Choice” (La elección de la izquierda), y publicado en Project Syndicate y Rebelión, afirma que “los principales beneficiarios políticos de las fracturas sociales y económicas causadas por la globalización y el cambio tecnológico, es justo decirlo, han sido hasta ahora populistas de derecha. Políticos como Donald Trump en los Estados Unidos, Viktor Orbán en Hungría y Jair Bolsonaro en Brasil, han llegado al poder capitalizando la creciente animosidad contra las elites políticas establecidas y explotando el sentimiento nativista latente”.

Señala, como correlato necesario, que “la izquierda y los colectivos progresistas han estado mayormente desaparecidos en combate. La relativa debilidad de la izquierda refleja en parte el declive de los sindicatos y los colectivos trabajadores organizados que históricamente han formado la columna vertebral de los movimientos izquierdistas y socialistas. Pero la abdicación ideológica también ha jugado un papel importante. A medida que los partidos de izquierda se volvieron más dependientes de las elites educadas que de la clase trabajadora, sus ideas políticas se alinearon más estrechamente con los intereses financieros y empresariales”.

Así de simple. ¿No percibimos que al menos en parte hay mucho de verdad?

Sigue Rodrik: “Los remedios ofrecidos por los principales partidos de izquierda seguían siendo, en consecuencia, limitados: más gasto en educación, mejores políticas de bienestar social, un poco más de progresividad en los impuestos y poco más. El programa de la izquierda se dedicaba más a endulzar el sistema existente que a abordar las fuentes fundamentales de las desigualdades económicas, sociales y políticas”. Parece innegable.

El gran economista señala que, si bien hay espacio aún en esos campos “indoloros”, “se necesitan reformas más profundas para ayudar a nivelar los campos de juego en favor de los trabajadores y las familias corrientes en una amplia gama de dominios. Eso significa centrarse en la producción, el trabajo y los mercados financieros, en políticas tecnológicas y en las reglas del juego político”.

Rodrik prodiga una serie de medidas en varios campos de acción como los mercados laborales, tecnológicos y las finanzas (que podrían ser motivo de futuras notas), así como en temas electorales, y llega a claras definiciones políticas, que pueden ser tan válidas para el mundo desarrollado como para el subdesarrollado, que nosotros integramos. Entre otras, se refiere a “las reglas de financiación de campañas que han permitido a las corporaciones y a los miembros más ricos de la sociedad ejercer una influencia excesiva en la legislación”. Vaya si nos interesa.

Pero Rodrik va más a fondo y llega a todos los movimientos progresistas y de izquierda de todo el mundo conocido, al concluir afirmando: “El Partido Demócrata se enfrentará a una prueba crítica en las próximas elecciones presidenciales de EEUU en menos de dos años. Mientras tanto, tiene una elección que hacer. ¿Seguirá siendo el partido que simplemente agrega edulcorantes a un sistema económico injusto? ¿O tiene el coraje de abordar la injusta desigualdad atacándola en sus raíces?”.

Qué claro es este gran economista…

Cuánta necesidad de una auténtica discusión de los temas fundamentales (y no sólo de cargos o de posiciones circunstanciales, por muy importantes que sean) nos debemos todos.

 

 

 

 

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