Además, en ese mismo momento se registraba una falta de comunicación interna, porque al parecer Férez no estaba al tanto. El árbitro principal Férez, permanecía dentro del vestuario en conversaciones con otras partes que intentaban solucionar el problema existente.
Creyendo que la decisión ya estaba tomada y acatando el protocolo de seguridad, la funcionaria policial subió a la cabina del locutor comercial y ordenó la inmediata apertura de puertas y la evacuación del público por los altoparlantes del estadio.
Farías explicó que el locutor acató la instrucción debido a que las directivas de suspensión y desalojo solo pueden recibirse por parte del oficial de partido o de la propia policía, no de civiles ni de delegados de los clubes.
El desenlace final del partido que nunca se jugó
Pocos minutos después, cuando Férez salió del vestuario con la intención de evaluar el problema, se encontró con una escena irreversible: el estadio había sido evacuado, el público se había retirado y las ambulancias y el personal de seguridad privada de las puertas ya no estaban en el recinto.
Ante la imposibilidad logística y de seguridad de hacer regresar a los espectadores, el árbitro principal no tuvo más opción que oficializar la postergación del partido.
"De esto hay pruebas irrefutables", concluyó de forma tajante Ernesto Faría durante su intervención.