Uno de los símbolos centrales del homenaje fue la camiseta que Peñarol entregó a cada uno de los familiares del músico. Todas llevaban el número 5, un detalle cargado de significado.
Ese número no fue elegido al azar. La familia Rada había donado al Museo de Peñarol una camiseta del histórico capitán aurinegro Néstor “Tito” Gonçalves, que había acompañado a Rada durante sus viajes y que el músico conservó entre sus pertenencias hasta sus últimos días.
La historia de aquella camiseta terminó convirtiéndose en un puente entre dos generaciones de ídolos: el capitán que marcó una época dentro de la cancha y el artista que llevó el nombre de Peñarol por el mundo desde la música.
“Estamos agradecidísimos, llenos de amor. La red que nos han armado para sostenernos se siente, se agradece y esta es una muestra más”, expresó Lucila Rada. Contó además que primero conocieron la iniciativa de la camiseta y luego el presidente aurinegro, Ignacio Ruglio, se comunicó con la familia y puso el club a disposición.
Camiseta de Peñarol
El parche en el pecho, con la imagen de Rada, fue la señal más visible del homenaje durante el clásico. Pero el verdadero tributo estuvo en las tribunas: en los trapos, en la ovación y en la memoria de miles de hinchas.
Rada murió dejando una obra que atravesó generaciones y fronteras. Pero también dejó una historia particular con Peñarol, hecha de canciones, afectos, viajes y recuerdos.
Mientras en el estadio se preparaba el clásico, del otro lado de Montevideo, la hinchada de Nacional había realizado su propio banderazo en Los Céspedes para acompañar al equipo con un último “¡vamo arriba!”.
Dos hinchadas, dos rituales, una misma ciudad pendiente del clásico. Y en el Campeón del Siglo, antes de que la pelota empezara a rodar, hubo un nombre que consiguió reunir por un instante todas las miradas: Ruben Rada, el hincha que esta vez volvió a la cancha de otra manera.