En medio de ese caos emergió la figura gigante de Jesús Trindade.
Cuando el reloj marcaba el minuto 90'+3', Trindade desató un remate de media distancia que, tras desviarse en un zaguero, dejó sin chance a González y puso el 2-1. El estadio se vino abajo, las lágrimas y los abrazos brotaron sin control: ¡era el título del Clausura y también de la tabla anual!
Pero la historia no terminaba ahí. A los 90'+7', la "frutilla del postre" llegó con un zapatazo impresionante del propio Trindade desde más allá de la mitad de la cancha, que sorprendió al arquero y selló el 3-1. La locura fue total, desbordante.
El pitazo final no hizo más que confirmar lo que ya era un hecho: Peñarol se llevaba la victoria, la consagración en el Clausura y la Anual, dejando a Nacional sin opciones y con la mesa servida para definir el Campeonato Uruguayo frente a Plaza Colonia, cosa que finalmente obtuvo.