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Editorial

Error profundo

Cuando se complica un partido fácil

Ojalá no se pierda de vista la importancia de que en octubre o en noviembre la derecha sea desplazada del gobierno.

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Naturalmente, cualquiera de los aludidos puede alegar que expresar una opinión, emitir un documento que expone argumentos en un sentido o en otro ante la oportunidad de una decisión importante que debe adoptar la ciudadanía, como supone un plebiscito sobre la seguridad social, nunca puede ser un error, sino que es un comportamiento honesto y esperable en el marco de un sistema democrático. Sin embargo, ese elogio a la transparencia del pensamiento y a la máxima amplitud de la libertad de expresión y reunión, consagradas en la Declaración Universal de los Derechos del Hombre y del Ciudanano, plantea, en el contexto de una elección nacional que va a ocurrir en menos de sesenta días, tres problemas enormes que, con semejante concentración de pensamiento complejo, no se debería haber pasado por alto.

Las consecuencias de las firmas de los economistas

El pronunciamiento de los economistas tuvo tres consecuencias negativas simultáneas: primero, puso en el tapete una diferencia importante que divide en el seno del campo popular, vale decir, de la izquierda política, social organizada y la ciudadanía que milita y adhiere (o sea, la base organizada del Frente Amplio y lo movimientos sociales), a la vez que es un punto que une a la coalición de gobierno y a la derecha política, social y cultural del país; segundo, un grupo cuadros políticos y técnicos, de donde todo el mundo presume que va a salir el grueso del equipo económico, se puso de gorro al 70 % de los frenteamplistas, que no sólo están de acuerdo con el plebiscito, sino que cuatrocientos mil de ellos incluso firmaron para que se convocara; tercero, produjo un enfrentamiento en términos gruesos a dos meses de las elecciones entre la la izquierda académica y el movimiento de los trabajadores, en un tono de un iluminismo insultante, no porque lo escriba yo, sino porque así lo recibieron la mayor parte de los militantes sindicales, aun de aquellos sindicatos que no acompañaron la recolección de firmas, que pueden compartir los argumentos de los 112, pero que el tonito catedrático medio de “yo sé y vos no” tampoco se lo bancan.

En mi humilde opinión, además, los firmantes le hicieron un flaco favor a la causa que los convocaba en este acto generoso de militancia tecnocrática, dicho con el mayor respeto que me merecen los que allí suscriben, muchos de los cuales conozco, respeto (a todos) y quiero personalmente: como no son 112 frenteamplistas, sino 112 economistas titulados y en ejercicio (90 % o más lo son), además frenteamplistas, que se suman a un coro que ya bajaba de las colinas del oficialismo y que alertan sobre la destrucción del país si se aprueba el plebiscito, como si la papeleta del Sí representara la afirmación del comienzo de los juegos del hambre, el inicio de un apocalipsis iterativo que nos llevará derechito al infierno, lo más probable es que produzca el efecto contrario en el electorado: porque el electorado, que hasta hace poquito se encontraba en una proporción significativa desinformado y, por consiguiente, difícilmente motivado a buscar una papeleta que prácticamente ningún sector va a ensobrar, ahora ese electorado sabe que se está jugando un partido importante, tan importante que hay un consenso sospechoso, como si se hubiesen diluido las contradicciones sociales.

Que el error no se siga profundizando

Ahora bien, señalado lo que, nuevamente, en mi humilde opinión, constituye un fenomenal error de la intelligentsia económica de la izquierda, sería bueno que ese error no se siguiera profundizando, subiendo el tono de los disparates intercambiados y redirigiendo la campaña de la izquierda, ya no a ganarle las elecciones a la derecha, sino a ganar un plebiscito contra otra parte del pueblo con sensibilidad progresista, de hecho, contra una parte muy vulnerable y vulnerada en sus derechos, como son los cientos de miles de uruguayos y uruguayas que no pueden creer que les posterguen la edad de retiro y otros tantos que sienten que una jubilación mínima que está por debajo del salario mínimo es insuficiente para poder transitar la vejez de modo decoroso, ya ni hablar de disfrutarla.

Ojalá no se pierda de vista la importancia de que en octubre o en noviembre la derecha, que ha demostrado ser muy antipopular, turbia en sus manejos y además profundamente clientelar en el manejo de los recursos del Estado, sea desplazada del gobierno. Porque si ello no ocurre, las cosas van a ir de mal en peor, porque seguirán gobernando para los malla oro cincos años más.