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Editorial ganso | gobierno |

El gobierno sube el tono del debate

Graznando como ganso atorado con tripa

Ya terminó el tiempo de cargar la culpa al gobierno anterior y de culpar a la Pandemia, tragedia mundial de la que bien se benefició.

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Caras y Caretas Diario

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me encontré por una selva oscura

porque la recta vía era perdida

Ay, cuán dura es esta selva salvaje,

áspera y fuerte,

cuyo recuerdo renueva el miedo

Es tan amarga, que poco lo es más la muerte

Dante Aligheri escribió estos versos de la Divina Comedia en el año 1304 y de alguna manera expresa la idea de que la vida es un largo camino que puede recorrerse de manera clara, sensata y trasparente o puede desviarse en su derrotero, haciéndola más oscura, áspera y salvaje.

700 años más tarde, en Uruguay, nos hallamos en la mitad del período de gobierno y, como bien dijo la vicepresidenta Beatriz Argimón, es hora de mirarse en el espejo.

Semejante reflexión no hubiera merecido mayor atención de sus compañeros si los números le dieran bien, pero faltando menos de 900 días para las elecciones que elegirán un nuevo gobierno, y percibiendo que el barco empieza hundirse, parece sensato que los gobernantes, blancos y todos los de la coalición reflexionen sobre lo que pasó, lo que está pasando y lo que pasará en estos 30 meses que están por venir.

Lo primero es reconocer que la fiesta terminó y la luna de miel que sucede al triunfo de cualquier gobierno se agotó sin que se cumplieran las promesas, se concretaran grandes proyectos o se iniciaran obras de suficiente entidad como para perdurar más allá del período de gobierno.

Una mirada rápida en el espejo podría devolvernos la imagen de un fracaso más o menos inexorable.

Lo segundo es asumir que de esos 900 días hay que restar los últimos 360 días, en que según sabiamente dijera Lacalle Herrera, “el presidente no consigue siquiera quien le sirva un café”.

Le quedan entonces a este gobierno 550 días de vida útil y en ese tiempo, tiene que hacer algo para que de él se guarde buen recuerdo y además debe elegir un buen candidato a presidente que pueda competir con cualquiera de los buenos candidatos que tiene el Frente Amplio.

Pero no está nada fácil para Sagitario.

Ya terminó el tiempo de cargar la culpa al gobierno anterior y de culpar a la Pandemia, tragedia mundial de la que bien se benefició.

Ahora hay que explicar por qué hay 65.000 nuevos pobres, por qué disminuyó el salario real, por qué aumentó la mortalidad materna, por qué cientos de miles de personas se alimentan en los merenderos, por qué hay cada vez más gente y familias enteras durmiendo en la calle, por qué disminuye la matrícula de los colegios privados, por qué crecen brutalmente los asesinatos y la ferocidad de los homicidios, por qué faltan medicamentos en los hospitales públicos, por qué aumentan mensualmente los combustibles y el precio de los alimentos en los almacenes de barrio y los supermercados.

Para eso se reunió en Anchorena la cúpula del herrerismo en el gobierno: Lacalle Pou, Álvaro Delgado, Roberto Lafluf, Nicolás Martínez, Luis Alberto Heber y Javier García.

El Club de Toby escuchó un informe de Lafluf que demostró que las cosas iban muy mal. Para ser más preciso, dijo que esta vez sí, se terminó el recreo.

La reunión no solo sirvió como entretenimiento de fin de semana para el presidente en su reciente vida de soltero, también fue muy útil para reflexionar sobre lo que pasó, lo que está pasando y qué hacer para que no pase lo que parece probable que vaya a pasar cuando se mira con objetividad la cruda realidad.

El que se llevó la mayor paliza fue Heber porque la reciente ola de crímenes mueve el piso a cualquiera.

Poner al líder del herrerismo puro y duro en el Ministerio del Interior es como poner a Pablo Bengoechea en la gerencia deportiva de Peñarol. Cuando las cosas andan bien da para festejar con vuelta olímpica, pero cuando andan re mal, no hay cómo despedirlo.

En este caso, sin embargo, es aun peor porque Luis Alberto Heber es un parlamentario avezado, pero un ministro del Interior tremendamente improvisado.

La paliza que recibió Heber en Anchorena es de las peores porque ni siquiera se puede ir para su casa sin que sea una catástrofe política para el ministro, el presidente, el Partido Nacional y su gobierno.

Está más desorientado que corcho en remolino. No sabe para dónde ir y los asesinatos no le dan tregua. Y cuando no se sabe adónde ir, cualquier camino es bueno.

Alguien, el más sensato de todos los presentes y el que gusta de expresar las más desagradables y agudas advertencias, puso el dedo en la llaga.

Advirtió que no estaría mal reflexionar sobre lo mal parado que había salido el gobierno del referéndum y, como contrapartida, lo bien parada que había salido la oposición, aunque la LUC hubiera sido aprobada.

Álvaro Delgado, el más optimista en tiempos del reciente referéndum, se sintió tocado.

Lacalle reiteró que había que retomar la iniciativa, recuperar el dominio de la agenda y avanzar en su propósito de reformar la seguridad social y la educación.

Adelantó que no había mucho margen para aflojar el lazo y que la Rendición de Cuentas no iba a dar espacio para aumentar el gasto, máxime que cada uno iba a reclamar fondos para sus ministerios y que la coalición hacía agua por todos lados y solo se mantenía unidad porque Sanguinetti no quería morirse viendo ganar al Frente Amplio.

No faltó quién dijera que “estamos en buenas manos si esperamos que nos salve el lobo”

Lafluf fue el más crudo; dijo enfáticamente que para ganar se necesita endurecer el discurso, confrontar de manera de no dejar espacio a la oposición, dividirla distanciando al Frente Amplio del movimiento social organizado, encontrar un candidato capaz de sostener un perfil confrontativo y desplegar un abanico de posibles candidatos para al menos aparentar cierta competencia.

Laura Raffo entendió el mensaje y “se sintió mencionada”, también Álvaro Delgado, que olvidó su talente negociador para ladrarle a Fernando Pereira, también Javier García y Beatriz Argimón, que demostró en la Cámara de Senadores que también podía mostrar los dientes.

Luego de la reunión de Anchorena también Sanguinetti salió a pegar con los tapones, Adrián Peña reclamó recursos, la ministra de Vivienda se dispuso a dar un retoque a los asentamientos, Manini y Domenech poco más que pidieron la renuncia de Heber y hasta el inefable Sebastián Da Silva reclamó que le espantaran la jauría de su estancia.

La presidenta saliente de la Federación Rural, reclamó que los subsidios al gasoil lo pagaran otros, los de Un Solo Uruguay pidieron al menos una entrevista, las cámaras empresariales mostraron su disgusto con el adelanto que el presidente sugirió otorgar a los trabajadores privados, la Cámara de la Construcción pidió más inversión en obra pública y aun entre los economistas que apoyan las políticas del gobierno se escuchan advertencias y alertas que presagian malos tiempos, más inflación, más disgustos, menos competividad para los exportadores más pobreza y más conflictividad.

Y los editoriales de El País y El Observador pidieron además apurar el paso.

Así estamos hoy, el gobierno procurando profundizar “la grieta”, sin TLC con China, sin reforma de la educación, sin seguridad, sin reforma de la seguridad social, con los precios por las nubes y los salarios y las jubilaciones, por el piso.

Con niños que se desmayan en la escuela de hambre, colas en los merenderos, sin poner un ladrillo ni hacer un metro de carretera, esperando que nuca se termine la obra de UPM ni el ferrocarril, dispuesto a privatizar la gestión del agua, con conflictos en los funcionarios públicos, reclamos salariales en la policía, crisis en la industria metalúrgica, paros bancarios y en la educación una bomba a punto de explotar en el puerto y un invierno frío en el que a los más pobres el hambre va a doler.

Estaría bueno que en la reflexión colectiva de los blancos y también en la coalición que gobierna algunos pensarán que el error estuvo en la partida.

No se puede juntar pedazos y pretender estar preparados para gobernar, sin un plan que vaya más allá de negar todo lo anterior y beneficiar a los sectores más ricos creyendo que en ellos está el motor que va a cinchar al país.

Ahora se ve más claramente a dónde conduce el neoliberalismo.

Eso ya está claro en el mundo entero, pero como siempre en Uruguay nos percatamos después.

Mientras muchos pasan hambre y necesidades, mientras muchos viven en viviendas precarias e indecorosas, mientras hay niños comiendo en las ollas populares y durmiendo en la calle, hay pocos que se la llevan a paladas a los paraísos fiscales y a los bancos del exterior donde ni siquiera les pagan buenos intereses

Solamente para tenerla a buen recaudo y lejos del país en donde se originó esa riqueza.

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