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Editorial elecciones internas | Frente Amplio | votación

PARA AMANECER EL DÍA DESPUÉS

Ideas y reflexiones sobre las elecciones internas del 30J

¿Qué hay que esperar de estas elecciones internas? ¿Cuáles son los modelos de país que están en pugna? ¿Por qué tiene que ganar el Frente Amplio?

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Caras y Caretas Diario

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Los medios de comunicación han prestado a este evento toda su atención periodística y sus espacios comerciales se han brindado para una disputa publicitaria que ha sido dominada más que siempre por la inversión de los partidos que componen la coalición oficialista.

Las empresas que miden la opinión pública, con mayor o menor credibilidad, han contribuido como siempre a inclinar la balanza de acuerdo a sus intereses comerciales.

Con una gran votación, ganamos todos

Hemos procurado mantener una posición editorial equilibrada en todas las plataformas del multimedio Caras y Caretas, invitando a algunos de los principales referentes de las tres propuestas frenteamplistas y a los candidatos respectivos.

Hemos evitado evidenciar preferencias y hemos minimizado las opiniones editoriales referentes a las opciones que han elegido los distintos columnistas de Caras y Caretas, incluyéndome.

Dijimos, y lo pensamos sinceramente, que con una gran votación del Frente Amplio ganamos todos, que el programa representa a toda la fuerza política y que aspiramos a que, terminado el escrutinio y proclamada la fórmula del Frente Amplio a la elección nacional, se proceda con amplitud, sin sectarismo, sin revanchas ni rencores para conseguir el gobierno con la más amplia mayoría y construir un futuro mejor para todos los uruguayos, particularmente para los más humildes, con audacia, valentía, generosidad, con prudencia pero sin vacilaciones.

Después del 30J

Me temo que los próximos meses exigirán mucha unidad y que, de ganar las elecciones en noviembre, con o sin mayoría parlamentaria, las exigencias para hacer un buen gobierno, para crecer con inclusión, combatir la inseguridad, abatir la pobreza infantil, combatir la desigualdad y realizar transformaciones progresivas en educación, salud y seguridad social, sólo podrán materializarse si actuamos con generosidad y amplitud, como fuerzas mancomunadas en un mismo proyecto.

Si algo tuviéramos que aconsejar a los dirigentes de los distintos sectores del Frente Amplio, es que eludan la tentación de opinar en los medios sobre las cosas que puedan provocar más rispideces entre compañeros, que eviten tropezar con las piedras que les ponen en el camino, que no caigan en las trampas del adversario y que no sean tontos.

No quiero entrar en disquisiciones arbitrarias sobre qué candidato está en mejores condiciones para ganar en octubre, ni sobre las condiciones intelectuales y humanas de los mismos. Tampoco sobre su carácter, su género, sus experiencias, su capacidad de gestión o su formación técnico profesional y su preparación para el cargo que eventualmente ostentará. Sobre estos aspectos, virtudes y defectos, cada quién tendrá su opinión formada y votará en consecuencia.

Ni eclécticos ni dogmáticos; hay que tener ideas

Me gustaría dar una opinión probablemente controversial, como cualquier otra, diciendo que para ganar hay que manifestar desde ahora cómo se piensa y qué es lo que se va a hacer, sin disimulos electorales, sin rebajar aspiraciones, sin poner camuflajes a propuestas y sin realizar falsas promesas ni sugerir propósitos imposibles.

Para poner los perímetros ideológicos diría que no hay ser eclécticos ni dogmáticos, pero ideas hay que tener. No se puede pretender gobernar sin ideas. Nadie va a creer que somos leones vegetarianos.

No queremos ganar para arreglar las veredas. Propongo manejarse con la verdad, sin crear ilusiones falsas y sin demagogia. Es obvio que no vamos a cambiar el mundo ni cabría prometerlo. Tampoco hay que mostrarse amansado, inofensivo, casi igual al adversario para conquistar votos dudosos siguiendo el consejo de politólogos ultracentristas, aún más mojigatos que los presuntos votantes indecisos.

Menos malla oro y más democracia

Creo que la gente que puede eventualmente votar al Frente Amplio quiere un cambio. Ese cambio implica menos malla oro y más democracia, para una sociedad más humana, menos desigual, más solidaria y generosa, respetuosa de las minorías raciales y sexuales, verdaderamente transformadora para un futuro más próspero.

No está mal advertir que los recursos son y serán escasos y no alcanzarán para cumplir con todas las necesidades, pero hay que ser conscientes de que quienes confíen en el Frente Amplio querrán que se dé vuelta la tortilla y que los recursos de que se disponga y los que se puedan obtener rompiendo la chanchita vayan a los bolsillos de los que menos tienen, de los que más sufren, de los más postergados, de los más humildes. Muy en particular, de los niños y sus madres, especialmente en los hogares monoparentales.

Creo que cualquier observador más o menos informado imagina que lo que se diga en la campaña electoral va a ser menos de lo que en realidad se haga en el gobierno. Hasta el más inadvertido sabe que las promesas de campaña son meros deseos y que la realidad de lo que al final puede hacerse suele resultar mucho más austera. Que las propuestas siempre son más exageradas que las realizaciones.

Nada demuestra que el electorado silencioso aspira a que todo siga como está con un poquito más de sensibilidad social. Es más, yo percibo, y creo que hay suficientes ejemplos, que la gente desea propuestas de verdad transformadoras y que sólo esas ideas son capaces de movilizar las conciencias y conseguir la participación popular. Y sin participación popular no va a haber cambios ni nadie va a poder mover las raíces de los árboles.

Debería haberse aprendido que para una alternativa de cambio no hay nada peor que tener miedo al pueblo. El Frente Amplio debería atreverse a pensar que lo que creyeron nuestros fundadores y estamparon en nuestras bases programáticas es posible. Que el proyecto deberá ser antioligárquico, antiimperialista, movilizador y participativo, o no será nada.

Que deberá militar por la integración latinoamericana en un mundo cada vez más multipolar en el que las fuerzas en pugna procurarán abatir nuestra soberanía y hacernos peones coloniales de confrontaciones ajenas.

Los tres quieren cambios

Yo conozco a los tres candidatos del Frente Amplio y ella o él tendrán mucho para decir y aportar. Tengo mucha fe en que todos ellos quieren lo mejor para los uruguayos. En su fuero más íntimo, los tres quieren cambiar y los tres quieren un gobierno más sensible, más honesto, más transparente y más solidario.

Como era de esperar, hay diferencias entre los mismos que a veces se exageran un poco porque en una disputa electoral hay que buscar elementos de diferenciación para permitir una elección competitiva. De pronto sentimos más ilusión con uno u otro candidato o candidata, pero, al fin y al cabo, hay que tener confianza en que la última palabra la tendrá la fuerza política y su programa de gobierno.

En esta oportunidad, la elección dentro del Frente Amplio ha sido respetuosa y con poco ruido, aunque ha habido algunos chisporroteos más o menos esperables. Todo normal cuando dentro de cuatro meses habrá que medir fuerza con la coalición gobernante conservadora constituida como un partido contra el Frente Amplio.

Dos coaliciones

Habrá dos coaliciones, una progresista y otra conservadora, para no decir una de izquierda y otra de derecha. La coalición progresista apuesta a la igualdad, la integración latinoamericana, el combate a la pobreza, el crecimiento con inclusión, el combate al delito, al narcotráfico y al lavado de dinero. Promueve los derechos humanos, el derecho de las minorías, la ciencia y la innovación, la educación, la laicidad, la transformación productiva, el matrimonio igualitario y la igualdad racial, los derechos de la mujer, la sostenibilidad ambiental, la solidaridad social, la libertad sindical y los derechos laborales, la presencia de lo público como escudo de los débiles y del Estado como motor del desarrollo contribuyendo a la igualdad de oportunidades en la educación, la salud pública y la seguridad social.

La coalición conservadora promueve la libertad de mercado, privilegia a los poderosos, se alinea a las directivas de los Estados Unidos en las actuales disputas internacionales, procura universalizar los valores de la tradición y la religión, proclama el retiro del Estado, una política de seguridad represiva y punitiva, flexibiliza los controles del lavado de dinero y rebaja en su programa la agenda de derechos, en particular los derechos de la mujer, los derechos de los trabajadores y los derechos de las minorías étnicas y sexuales.

En verdad, esta es la verdadera disputa de octubre y noviembre. Allí se resolverá el futuro de Uruguay.

La gente la tiene clara

El Frente Amplio tendrá que ganar si queremos poner al Uruguay en la era del progreso. En general la gente la tiene clara, ya han visto lo que pueden esperar de un gobierno de la derecha y han visto lo mucho que han recibido y lo poco que le han quitado en tres gobiernos de la izquierda.

Los Gobiernos de Tabaré y el Gobierno de Mujica han procurado que el Uruguay crezca con libertad y justicia. Si hubo que privilegiar a alguien, ha sido a los más humildes, a los que han sido más postergados, a los que se les han vulnerado sus derechos.

El Frente tendría que ganar por un margen de votos suficiente para que pueda gobernar, para que pueda llevar adelante un programa potente, transformador, que revierta los aspectos más negativos de las políticas que ha llevado adelante este Gobierno y poner ladrillos y basamento a una nueva construcción histórica que pueda lograr un progreso muy sólido en la consolidación de una democracia plena que permita disputar el futuro de nuestra sociedad frente a los poderes fácticos que son los que en verdad detentan el poder real.

Voy a insistir aunque la repetición pueda resultar redundante. No hay que olvidar la democratización del sistema de medios para que el pueblo pueda comprender la trascendencia histórica de los cambios que se propone la fuerza política y para que la gente se apropie de las conquistas y no crea que vienen desde el cielo.

La verdadera fuerza, si me disculpa Pepe, no está en el corazón; la verdadera fuerza está en la cabeza. No hay que olvidar que los medios hegemónicos concentrados están ubicados en el centro del proyecto conservador.

Yo diría que los cambios no van a ser fáciles, pero además creo que si no tienen pueblo atrás, van a ser mucho más difíciles.

Esta es una guerra, señores, la de la cultura, la inteligencia, la de las ideas, la de la conciencia.

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