Por Lucía Barrios
En los últimos días, una comunicación entre el presidente electo, Luis Lacalle Pou, y el secretario de Estado de EE. UU., Mike Pompeo, fue el foco de atención de la prensa. Con halagos entre el mandatario electo y el secretario de Estado de por medio, ambos afirmaron que lucharán por la “democracia y la seguridad en la región”.
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En el FA inmediatamente se encendieron las alarmas, especialmente porque democracia y seguridad son palabras que suelen utilizarse para un solo tema en América Latina: Venezuela. El licenciado en Relaciones Internacionales Sebastián Hagobian y el presidente de la Comisión de Asuntos Internacionales del Frente Amplio (FA), Martín Clavijo, afirmaron a Caras y Caretas que Lacalle Pou es mucho “más servil a EE. UU.”, por lo que se preguntaron si esto no podría significar una pérdida de la soberanía, la firma de “cheques en blanco” en relación a tratados de libre comercio, y la pérdida del rol neutral y relevante a nivel internacional que ha tenido el país en referencia a Venezuela.
“EE. UU. es más afín a un gobierno de Lacalle que a uno del Frente Amplio, que representa en la región un faro de estabilidad y de progresismo […] Contar con un aliado como Lacalle Pou y el Partido Nacional es más servil para los intereses de EE. UU. que un gobierno del Frente Amplio”, reflexionó Hagobian, quien también es miembro de la Comisión de Asuntos Internacionales del FA.
“Habría que preguntarles al nuevo canciller y al presidente electo qué significa un giro de 180 grados en la política exterior uruguaya y cuál va a ser la postura que ellos van a tener respecto a algunos temas, como por ejemplo Venezuela”, dijo a esta revista Clavijo.
El lunes el secretario de Estado de EE. UU., Mike Pompeo, afirmó que EE. UU. espera tener una relación más estrecha con Uruguay luego de que mantuvo una llamada telefónica con Lacalle Pou.
“Tuve una buena llamada hoy con el presidente electo Luis Lacalle Pou; EE. UU. espera desarrollar una relación más estrecha con Uruguay basada en nuestro compromiso de expandir la prosperidad económica y fortalecer las instituciones democráticas y la seguridad en la región”, publicó Pompeo en la red social Twitter.
El presidente electo de Uruguay, que asumirá el próximo 1º de marzo, afirmó a través de esa red social que está “contento” con la conversación que tuvo con Pompeo y que espera “fortalecer” la relación entre ambas naciones.
Por su parte, Hagobian recordó que Uruguay en los últimos años ha sido independiente de los intereses extranjeros y de EE. UU. para poder establecer más relaciones con China y Rusia.
“Logramos salir del espectro ideológico de Jorge Batlle (2000-2005) que era pro EE. UU. y obviamente totalmente sumiso a sus intereses. Logramos pagar la deuda que había generado con la crisis del 2002 y salirnos de ese eje”, señaló.
Antes del 2005, cuando gobernaron los partidos tradicionales, Uruguay tenía una deuda con el Fondo Monetario Internacional (FMI) que representaba el 18,3% del Producto Bruto Interno (PBI); además, el volumen de la deuda con los organismos internacionales de crédito en general era de U$S 13.322 millones, lo que equivalía a más del 100% del PBI nacional, según cifras presentadas por el doctor en Ciencias Humanas, Diego Luján, en su artículo “La negociación de la deuda uruguaya con el FMI en el 2005”.
Sin embargo, el Frente Amplio fue el que resolvió la deuda con el FMI el 8 de noviembre de 2006.
“Giro de 180 grados”
Clavijo dijo que el país debería preguntarse qué significa que las relaciones internacionales de Uruguay darán un “giro de 180 grados”, en función de lo expresado por el presidente electo.
“Habría que preguntarse cuáles van a ser sus lineamientos cuando Uruguay en política exterior ha respetado los principios históricos de su política exterior, que son la autodeterminación de los pueblos, la resolución de conflictos de manera pacífica y la búsqueda de diplomacia para la resolución de conflictos”, señaló Clavijo.
En la parte comercial, Uruguay ha firmado acuerdos “como nunca”, ha diversificado mercados y fue uno de los “pilares importantes” para que el acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea se firmara, explicó.
“Lo que uno puede llegar a tener de diagnóstico es que va a haber una postura afín a los intereses de EE. UU. y no tanto a los intereses nacionales. Nadie está diciendo que Uruguay no tenga relaciones políticas o comerciales con EE. UU., pero sí que hay algunas posturas que nos preocupan, porque firmar un tratado de libre comercio sin analizar los riesgos puede ser un cheque en blanco”, agregó.
Según el diario El País, el cambio de gobierno a partir de marzo traerá un giro en lo que venía siendo la política exterior bajo las administraciones del Frente Amplio.
“Por lo pronto, Uruguay tomará distancia del régimen de Nicolás Maduro en Venezuela –con todo lo que eso implica–, una decisión que le permitirá reacomodar su posicionamiento en la región, por ejemplo, acercándose al Grupo de Lima y al área del Pacífico”, afirma El País en una nota del 28 de noviembre.
Venezuela
Hagobian consideró que “sorprende” que la comunicación entre el secretario de Estado de EE. UU. solo se refiera a Venezuela cuando se pretende hablar de la política regional.
“Hablan solo de Venezuela como si en Chile, Ecuador, Bolivia, Honduras y Nicaragua no sucedieran cosas. Esta situación marca un cambio de rumbo, donde Venezuela es el objetivo de EE. UU., eso ya lo sabíamos, pero lo que se modifica es la postura de Uruguay, que adoptará una perspectiva que creemos que no suma”, agregó.
Señaló que Uruguay es el único país de Sudamérica que tiene la capacidad de establecer un diálogo tanto con la oposición como con el gobierno de Venezuela. “Eso es un activo. Ahora bien, con esta reorientación de la política exterior en Uruguay y con un acercamiento con EE. UU. en esta materia, sin duda perderíamos lo que Uruguay ha invertido para ser un negociador y dialogador importante para la resolución pacífica a la controversia. Lamentable ese diálogo que se enfoca en Venezuela no creo que sea lo más constructivo”, expresó.
Consideró que la comunicación entre Lacalle y Pompeo deja un “sabor amargo”, porque se ignoran los problemas que tienen otros países de la región, en donde se violan los derechos humanos.
“Las denuncias de derechos humanos se deben hacer en su totalidad, no solo para la parte ideológica. Lo que se pretende es una ideologización cercana a los Estados Unidos y a la derecha continental, y no una visión de los derechos humanos, que es lo que venía buscando el Frente Amplio con sus gobiernos”, reflexionó.
Señaló que “no hubo una sola palabra” por parte de Lacalle Pou a lo que está sucediendo en Medio Oriente y el asesinato, realizado por EE.UU., de un comandante iraní; mientras que para hablar de Venezuela se habla inmediatamente.
Dijo que el próximo Gobierno actuará en el Grupo de Lima, el cual es un “grupo ideológico”, integrado por países de “derecha” que articulan con EE. UU. la política exterior de la región.
Uruguay ha sido referente a nivel mundial y ha tenido una “neutralidad activa”, porque el canciller fue un actor “importante” para buscar una solución en Venezuela; sin embargo, con el nuevo gobierno el país perderá estas credenciales, explicó Hagobian.
¿Por qué para EE. UU. era tan importante Uruguay?
Para EE. UU. era “importante” Uruguay porque el Grupo de Lima se estaba desarticulando cuando Estados importantes como México y Argentina, con nuevos gobiernos, cambiaron sus posición con respecto a Venezuela, explicó Hagobian.
“EE. UU. perdió ese capital de que eran países miembros del Foro para el Progreso de América del Sur (Prosur) y del Grupo de Lima, hoy ya no están en esa lista a la hora de tener votos en la Organización de los Estados Americanos (OEA), por lo tanto, que Uruguay se sume al espectro de EE. UU. es bienvenido para sus intereses. Sin embargo, sin duda que no es auspicioso si queremos tener una región integrada en base a principios que defiendan a los latinoamericanos”, reflexionó el licenciado en Relaciones Internacionales.
Por su parte, Clavijo aseveró que EE. UU. quería tener un nuevo aliado regional para poder incidir en las elecciones de la OEA y hacer que su secretario general, Luis Almagro, volviera a ser reelecto.
“Almagro ha hecho lo que EE. UU. ha querido, violando el derecho internacional. ¿Cuál es el papel que debería desempeñar la OEA? De mediador. Pero ha hecho todo lo contrario. Es evidente que Uruguay le va a dar el voto a Almagro”, reflexionó.
Lo primero que se viene es la reelección de la OEA, y luego va a cambiar la postura de Uruguay ante Bolivia y Venezuela, manifestó.
Almagro asumió su cargo en la OEA en 2015 tras desempeñarse como canciller de Uruguay en el gobierno de José Mujica (2010-2015).
El diplomático ha dirigido duras críticas al gobierno de Nicolás Maduro en Venezuela y llegó a afirmar que no podía descartarse una intervención militar en ese país.
El FA se distanció de las declaraciones de Almagro y sostuvo una polémica pública con el diplomático que concluyó con su expulsión de ese partido, en diciembre del año pasado.
El 26 de abril el canciller de Uruguay, Rodolfo Nin Novoa, afirmó que Almagro “defraudó” al gobierno uruguayo en su abordaje de la crisis venezolana.