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El asombro

Por Rafael Bayce.

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En los últimos días al menos dos hechos asombraron a la opinión pública, no solo por espectaculares y sorpresivos, sino porque fueron ampliamente cubiertos con imágenes y sonido, y también porque promovieron numerosos comentarios, interpretaciones y explicaciones. Pero todavía nada conjuró el asombro inicial que provocaron ni agotó las especulaciones sobre ellos en sí mismos y por sus consecuencias posibles: uno, la multitransgresión ciudadana y sanitaria de los médicos recién recibidos; dos, las renuncias de Ernesto Talvi a la cancillería y al Senado. Comenzaré por el segundo hecho y en la próxima columna abordaré el segundo.

 

La renuncia de Talvi

Ernesto Talvi, vale la pena recordarlo brevemente, tuvo una fulgurante aparición en la política pública luego de muchos años -debe decirse- de convivencia próxima con la política formal y con el mundo y mundillo políticos, al punto que Jorge Batlle lo convocó como el primer Noé para salvar el arca de Uruguay en el 2002.

Entonces, no era un outsider de la política, sino, eso sí, un novel político institucional y formal, con cargos importantes y visibilidad masiva recientes. Se exageró su ajenidad como parte del operativo de marketing, porque desde al menos 30 años los outsiders están de moda entre los votantes del mundo; y además enfrentaba políticos clásicos en la interna colorada. Entre nosotros también pasó lo que se dio casi globalmente; la oración fúnebre de los políticos clásicos la pronunció Ricardo Espalter desde todas las plazas del país con su personaje del candidato Pinchinatti; así también la irrupción de Pepe Mujica como supermediático diputado outsider liquidó la corbata del atuendo político, con gran ventaja, además, para el disimulo de las papadas y la más fácil adopción de talles corporales peleados con los talles de cuello, signo indudable del pasaje de la juventud y la entrada en la adultez.

Pues bien, hay algunas explicaciones alternativas que yo creo, sin embargo, que son complementarias porque suenan verosímiles y no se excluyen mutuamente.

Uno. Las explicaciones caracteriológicas. Más allá de groserías tales como ‘petiso calentón’ o ‘calderita de lata’, en la vida cotidiana, pero más que nada en la vida política, hay dos condiciones que deben poseerse para poder surfear sus avatares, condiciones que se conquistan en la socialización primaria intrafamiliar, pero se proyectan a toda la vida futura (su importancia está magníficamente subrayada por Talcott Parsons desde 1951): la tolerancia a la frustración y la capacidad para diferir gratificaciones.

Si usted lo piensa rápidamente con ayuda de ejemplos conocidos en su vida, quien no se formó con esos recursos será un ‘malcriado’, y eso repercutirá en toda su vida, especialmente en la política; y tendrá que ver con su probabilidad de precisar adicciones para exorcizar su carencia o las consecuencias de ello.

No parece que Talvi posea esos productos centrales de la socialización primaria en el grado requerido por la vida política institucional y formal; en política es imposible permanecer y sobrevivir a sus vaivenes sin tolerar y superar frustraciones externas y/o internas, y sin postergar gratificaciones deseadas y perseguibles. Viéndolo actuar y recogiendo el folklore político a su alrededor, esta explicación caracteriológica seduce, aunque no hace inverosímiles ni descartables otras explicaciones, a mi modo de ver no competitivas con ella, sino fuertemente complementarias.

Dos. Campos minados: las internas colorada y de la coalición multicolor; víctima de su éxito.

Con el telón de fondo de la dotación caracteriológica descrita, la interna colorada y la historia del protagonismo de Talvi en ella lo pusieron en peligro de sufrir por su carencia relativa de esas cualidades mencionadas -frustración, gratificación-.

Observemos que Talvi no sufre frustraciones ni gratificaciones diferidas hasta que no ocupa su lugar como canciller, y debe tomar decisiones y asumir posiciones que lo enfrentan en la interna colorada y en la interna multicolor; hasta ahí es un panzer exitoso, anclado en su éxito en la interna colorada y en su lacrimógena actuación desde la cancillería a propósito del coronavirus, que le dan hasta una aprobación pública mayor que la del presidente Lacalle Pou.

Pero ambos éxitos se constituirán en victorias a lo Pirro, causas mediatas de ulteriores derrotas. Su popularidad como canciller del triunfante Uruguay moderador del coronavirus lo ponía, paradojalmente, ante un nuevo riesgo; no olvidemos que en la próxima elección al Frente se opondrá alguien de la coalición multicolor: algún blanco, Manini y algún colorado. El favorito coyuntural inmediato colorado sería Talvi, pero desplazando a Sanguinetti en la interna colorada; por otro lado, ya había enfrentado a Manini en la interna multicolor, y aparecía como cuestionador de la mayoría blanca en la coalición a futuro. Tan triunfador, entonces, como amenazado para victorias futuras; potencial víctima de su éxito y de lo hecho para obtenerlo. Ambas cosas le ponían un duro techo de crecimiento.

Había terminado su periplo enfrentado, explícita o implícitamente, a las tres figuras más influyentes en la coalición. Ernesto Talvi resultaba alguien que Manini consideraría como reacio a una posible candidatura suya multicolor para la próxima elección nacional, dados los choques ya sufridos con él. También Sanguinetti sentiría a Talvi como reductor potencial de su influencia en el Partido Colorado, posiblemente más influencia que poder institucional futuro debido a su edad.

En efecto, el modo como conquistó su triunfo colorado interno sería pensable como factor de su condena posterior; ofendió pública y frontalmente a Sanguinetti varias veces: cuando rechazó su apoyo, exagerando su atractivo de outsider; cuando lo derrotó en la interna una vez que este se largó a enfrentarlo negando su apoyo; cuando se opuso pública y enérgicamente a la designación de un hijo de Sanguinetti en un cargo relevante, sugiriendo cosas muy negativas enfrentando así la propuesta.

Y si hay alguien con tolerancia a la frustración y con capacidad para diferir gratificaciones es Sanguinetti, que, desde su Secretariado del partido promovido por Talvi, podría mover sus piezas al interior del partido y en el seno de la coalición multicolor. Finalmente, Lacalle Pou lo aprecia como clásico rival en la interna rosada antifrentista, aliado sí, pero también riesgo de perder la mayoría electoral a sus manos, dada la incertidumbre del resultado de la gestión de gobierno y de la atracción electoral de su aún indefinido relevo blanco para el próximo período.

En ese panorama, la frontalidad de la opinión y la retórica pública de Ernesto Talvi no habían tenido grandes oposiciones ni habían sufrido erosiones por parte de las máquinas políticas tan despreciadas por Talvi como triunfante outsider, pertinazmente influyentes en el mundo pese a su pasaje de moda electoral.

Diálogos con Sanguinetti, ninguneos del presidente, cooptaciones parciales de sus más próximos colaboradores, molestaron a Talvi, que, por primera vez, sufrió frustraciones y dilaciones de gratificación que testearían sus capacidades en esos rubros. Sus rivales, líderes alternativos de la coalición multicolor, comenzarían a testar su tolerancia a la frustración y su capacidad de diferir gratificaciones con maniobras palaciegas destinadas a testar su cintura política, hasta ese entonces virgen de exposición pública; quizás olfateando que ese camino comunicacional y psicopolítico era más promisorio para limitarlo que otros caminos ya recorridos.

Ernesto Talvi terminó siendo molesto para los líderes alternativos de la coalición multicolor, un problema comunicacional y de convivencia en ella, y también sufrió frustraciones y gratificaciones diferidas que no había padecido antes. Aun resultando una pérdida en el corto plazo para Ciudadanos, para el Partido Colorado y para la coalición multicolor, muchos de ellos se moverán más cómodos a futuro sin él. Y, pese a su negativa, sus drásticas renuncias y su negación de la política como su ámbito adecuado de acción cultivan su carácter de outsider, tan atractivo electoralmente hoy.

Muchos de sus seguidores no desencantados lo tentarán por la revancha; y no me animaría a afirmar que no volverá al ruedo, aunque ahora lo niegue porque se siente herido y sapo de otro pozo. Al fin y al cabo también aprendió, aunque no pueda adquirir a cabalidad lo que se absorbe en la socialización primaria. Enigma abierto, a dilucidarse en próximos capítulos de suspenso.

 

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