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Política coronavirus | pandemia |

HAY UNO QUE SIEMPRE GANA

El malla oro

Hay conferencias y conferencias, pero la de este miércoles no fue cualquiera; a esta rueda de prensa, trasmitida por cadena de televisión, hay que dedicarle un poco de “pienso”.

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Caras y Caretas Diario

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Si olvidamos  la gestualidad presidencial, no podemos olvidar la  repetida frase “abrimos las preguntas para los colegas”, de parte de quien no lo es, en tanto opera apenas como “presentadora”.

Hay que tomar esto como parte de esa gestualidad, casi cinematográfica, sin detenerse a pensar  si  la “credencial” que la sostiene es legítima o no.

Llama también la atención, esa teatralidad por la que se llama a los periodistas por su nombre, una estrategia que intenta trasmitir una relación de confianza, cercanías y sentimientos compartidos.

Ese “gesto” es, en definitiva, una marca que este equipo de gobierno ya ha “patentado”.

¿Hará alguien, algún día, una película sobre esto?  De cómo el presidente conoce a los periodistas por su nombre. ¿Habrá algún periodista osado y atrevido que llamará al  Presidente , con su apelativo , “Pompita”?

La pandemia  dará  mucho material para mostrar cómo  los diferentes países manejaron políticamente el problema, aunque lo disfrazaran todo de decisiones “sanitarias”.

Pero  no nos referimos a ese tipo de película, documental o serie.

Sería un film “de cómo la política traspasó al umbral del pensamiento mágico”.

Si ello ronda la cabeza de algún cineasta ya podríamos casi que adelantar el título “La comunidad de los nombres propios”.

¿Un título cursi?, de acuerdo, pero ¿puede alguien no definirlo así, cuando ese es el tono, la forma y su contenido?

En su última conferencia de prensa, además de los anuncios, el Presidente nos mostró la forma en la que piensa el “manejo” de las decisiones y este no es un detalle menor, de modo que, comencemos por ello.

El “panel de control” del Presidente

Tenemos un “panel de control”, así definió el mandatario el “modelo” que el gobierno utiliza para valorar y producir decisiones en medio de la emergencia sanitaria.

Lo del “panel de control” es claramente una metáfora, sin embargo, su descripción de las tres “perillas” resulta por demás  relevante.

El Presidente afirmó que dicho “panel de control” se compone de tres “perillas”: la sanitaria, la social y la económica.

Afirmó además que la “perilla” sanitaria es la más importante: “nosotros en el panel de control, tenemos tres controles básicos, el primero y el más importante, el determinante, es el sanitario, es el de la salud y los otros son, el social y el económico”.

A partir de este “orden” de los “controles”, es que se explica, por parte del mandatario la secuencia de informaciones diarias con relación al número de los nuevos afectados, los testeos, las internaciones y cuando han sucedido, los fallecimientos.

La perilla sanitaria ha sido la que maneja el dueño del  circo. Es la que le permitió tomar la decisión madre de no decretar la cuarentena a ningún precio, decisión  que motivara la renuncia del Ministro de Salud Pública, la directora de Epidemiología de ese Ministerio y buena parte de sus asesores médicos. A partir de allí se establecieron los diferentes nombres que han nominado la curiosa situación que se vive: emergencia sanitaria, asilamiento, distanciamiento social, quédate en casa.

Sin embargo, a pesar de la destreza del  Presidente en el manejo de las “perillas, este primer “control” ha sido uno de los más problemáticos.

Desde el mismo 13 de marzo, las desarticulaciones y tensiones, en el área sanitaria, han sido permanentes, solo así se pueden entender los “encontronazos” con el Sindicato Médico del Uruguay (SMU), las “discrepancias” ocultadas en una renuncia que “no fue” por parte del Ministro de Salud Pública, las dificultades para alcanzar el número de testeos considerados necesarios, las indefiniciones de Protocolos, el señalamiento de ellos como la variable explicativa del bajo número de pruebas realizadas diariamente, la redefinición de los mismos, etc.

Lo que sí se puede afirmar es que Uruguay batió el record mundial  de dar marchas y contramarchas durante 25 días para definir un protocolo que marque las pautas para testear a los sospechosos de estar infectados por Coronavirus.

La ¿última? tensión la vimos anoche mismo, ante la pregunta de un periodista sobre los envíos a seguro de paro de cerca de 1000 trabajadores de la salud por parte de prestadoras privadas de atención médica y la respuesta del Presidente.

Es evidente escuchando las respuestas del Presidente que no tiene mucha idea de lo que habla. Por ejemplo, no sabe porque hay 1000 trabajadores de la salud en el seguro de paro, si eso responde a una verdadera carga imprevista en los costos de los prestadores o si se trata de una arbitrariedad de las patronales como parece acusar la FUS. Es más, dice haberse enterado por el propio “Fogata” Bermúdez en la reunión con el PIT-CNT.

Tampoco sabe bien que es lo que espera de ésta epidemia aunque se sabe que desea  que el futuro sea mejor que el presente. El modelo matemático que usa el Presidente para evaluar la capacidad de respuesta del sistema asistencial  al crecimiento de los casos, es una regla de tres simple, la que se aprende en tercer año de escuela cuando comenzamos  a  entender  del pensamiento abstracto.

Lo verdaderamente notable es como la idea de que los movimientos de la perilla sanitarias están saliendo bien, impulsa al gobierno a mover con cierta libertad las otras perillas. Incluyendo la idea de liberalizar la restricción social.

Por otra parte,  “la perilla” sanitaria, puede ser la coartada perfecta para invisibilizar los movimientos de las otras dos perillas: la “social” y la “económica”.

El Presidente dice que se hace cargo, pero la culpa de la suba del dólar, de los 100.000 trabajadores al seguro de paro, de los informales sin ingresos, de la crisis económica que se avecina  es  el resultado de decisiones sanitarias necesarias e inevitables, que se supone son resultado de opciones técnicas.

También son decisiones sanitarias, no gravar las rentas altísimas de la actividad privada, ni el patrimonio, ni la riqueza, aunque más no sea para que aporten algo a ésta emergencia nacional.

Es sorprendente ver cómo la perilla “sanitaria”, produce la “magia” necesaria para hacer creer que las decisiones económicas del gobierno no responden a intereses sino a decisiones sanitarias

El Presidente podría haber citado a su actual canciller y otrora contrincante, cuando en el primer debate televisado de la pasada campaña electoral, lanzó aquél singular enunciado típico de los nuevos liberales: “Si ves a un empresario: abrázalo”.

Pero, nuestro mandatario, celoso representante de ese nuevo liberalismo, eligió como enunciado propio el del “ciclista” que “arrastra al pelotón”.

De allí su respuesta incómoda, a la pregunta sobre si se gravaría al gran capital nacional.

El “ánima” que supuestamente debe regular el movimiento de la perilla “sanitaria”, no es la “solidaridad”, como de modo insistente se nos quiere hacer creer, por ejemplo, con esas “prestaciones” muy menores  a la población más vulnerada del país.

Se puede, una y otra vez, de forma “machacona”, repetir que el interés es la protección y la atención a la población sin que ello implique hacer “diferencias”, pero lo que resulta imposible de esconder o tergiversar, es que esas diferencias son las que definen la “posición del malla oro” y la define mucho antes que la propia “carrera” empiece, cuando los demás ciclistas del pelotón lo apañan, lo protegen, tiran por el campeón,  para que el “ el líder” saque siempre ventaja en el embalaje final

De lo que se trata para nosotros, es de  seguir abriendo cabezas, descubriendo lo que se oculta, aún en este escenario de “magias” diversas. Estamos, una vez más, en una falsa carrera previamente acordada y organizada con “parámetros éticos y morales”, que no son los nuestros.

Pero se te trata, se ha tratado siempre: de una ética y unas reglas morales muy tramposas.

En la verdadera carrera de estas historias hay quienes, gracias al orden y las condiciones dispuestas para la “trayectoria ciclística”, saben, como diría un relevante periodista uruguayo, que muchos de ellos: “han nacido para perder”.

 

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