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Sociedad

Bárbara Figueroa, presidenta de la CUT de Chile

El neoliberalismo pretende aplicar la «política de exterminio»

La primera mujer presidenta de una central sindical de América Latina sostiene que estamos viviendo una ofensiva reaccionaria «pocas veces vista» y que los sectores más duros de la derecha militarista apuntan decididamente contra los trabajadores y los sindicatos. Está convencida de que la respuesta debe ser colectiva, considera que hay que alertar a las Naciones Unidas y la OIT para que sean garantes de los derechos y actúen como «contención» internacional frente a las estrategias de polarización y campañas de odio que pretenden justificar «estados de excepción» y avances represivos.

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Caras y Caretas Diario

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Por Alfredo Percovich 

Por estas horas, en Chile se pueden ver miles de imágenes del general Augusto Pinochet con comentarios que exaltan públicamente la fidelidad con «la causa fascista» (sic), abogando por la «muerte al marxismo», a favor de un nuevo «pinochetazo», de ciudadanos que se dicen «chilenos patriotas que a diario defendemos su legado», reclamando «que vuelva el Tata» a las casas, oficinas, libros, plazas «y que nadie se atreva a censurarnos», porque, aseguran, «ahora nos toca». Algunos incluso dicen que la culpa de los males del presente son consecuencia de haberle «permitido la entrada a la izquierda narcocomunista» y por haber sido «tan ingenuos». La campaña no se limita a las redes sociales. La imagen del general golpista se ha exhibido en el Parlamento, en medios de comunicación, calles, plazas y decenas de lugares públicos. La «desinhibición moral del fascismo» viene siendo analizada por diversos pensadores, filósofos y cientistas sociales que tratan de encontrar respuestas a un fenómeno que no sabe de fronteras.

Para la presidenta de la Central Única de Trabajadores de Chile (CUT), Bárbara Figueroa, las campañas de odio hacia los sindicatos y los trabajadores, así como el movimiento que enaltece la figura de Pinochet a través de expresiones de nostalgia militar golpista, «son hechos graves» y pueden desatar un clima de odio que les permitiría justificar un «estado de excepción» con avances represivos.

«No solamente en Chile, sino también en la región hemos visto que los gobiernos de derecha neoliberales están más comprometidos con las políticas de defensa de los intereses del empresariado que con las necesidades de los trabajadores. No solamente en muchos casos han enfrentado mal a la pandemia, sino que hoy día, aquí en Chile se pone en riesgo la propia democracia con tal de mantener las políticas neoliberales. Tal como lo explica de manera muy contundente el documental sobre Lula (The Edge of Democracy), esto es una disputa sin ley para ellos, se transformó en una batalla abierta y confrontacional ideológica y política contra la posibilidad de cambio que demandan las mayorías y contra las necesidades de la población. Esto lo están haciendo incluso en contra de la necesidad de tener un ingreso básico, de percibir alimentos, es decir, ya es una política de exterminio. Con tal de mantener el modelo, aun en tiempo de pandemia, son capaces de todo. Ahora han sido muy evidentes las fallas del modelo para poder hacer frente a una situación humanitaria de esta envergadura. Porque estamos enfrentados a una crisis que ya no es solamente sanitaria, es económica, social y, desde mi opinión, abarca a la democracia y eso se visibiliza con las campañas en las redes sociales, con las acciones que vivimos hace unos días contra los comuneros mapuches en la Araucanía, que han venido desarrollando una huelga de hambre durante varios días. Todo esto se articula finalmente para generar un clima de tensión, de odiosidad, de polarización que tiene como objetivo tensionar al máximo la democracia y con eso poner en riesgo el proceso constituyente».

 

¿Cuál es el rol de los trabajadores y las trabajadoras en la defensa de la democracia en este contexto actual?

Estamos en un escenario de alerta. Desde el mundo sindical organizado, desde la CUT,   entendemos que no podemos ni debemos permitirle a la autoridad poner en riesgo el proceso constituyente que tenemos que comenzar a vivir ahora a la vuelta de la esquina. El 25 de octubre nosotros tenemos fechado el plebiscito que se tuvo que suspender originalmente el 26 de abril. Como consecuencia de la pandemia se tuvo que reagendar y el proceso constituyente formalmente comienza con el plebiscito. La primera y gran tarea que tenemos todos los actores del mundo progresista, quienes creemos en la necesidad de transformaciones en Chile, es garantizar que este proceso se realice. Para eso tenemos distintos frentes, en el caso nuestro, uno de ellos es la preocupación que le hemos expresado a las distintas autoridades respecto del proceso de desconfinamiento forzoso que está tratando de generar el gobierno. Sabemos que el gobierno es incapaz de controlar la pandemia, entonces, si generas procesos de desconfinamiento forzoso, aumentará el riesgo de contagio. En caso de que crezcan los contagios, tendrán el pretexto justo para la posible postergación del plebiscito. Esa es una primera gran tarea sobre la que estamos alertas, vigilantes y actuando.

 

¿Y en relación a las campañas de odio?

Respecto a las situaciones de violencia, de odio y a estas campañas del terror que se han desarrollado, como organización sindical, estamos solicitando la mediación de organismos internacionales, tanto de Naciones Unidas como la OIT, a partir de nuestro rol en el Convenio 169, para ponerle un muro de contención a esta intención que tiene el Poder Ejecutivo de generar un cuadro de mayor violencia y de mayor odiosidad a nivel nacional. Nuestra manera de responder es decir “mire, ojo aquí, usted no puede venir a decirnos que no existe ningún instrumento”, nuestro país ratificó el Convenio 169 y nosotros como organización sindical tenemos la obligación de exigir que eso se cumpla. De hecho, durante todo este período, nuestra vicepresidenta de relaciones internacionales, Tamara Muñoz, ha estado muy activa en desarrollar campañas a nivel internacional, solicitando el apoyo de las centrales sindicales y también demandando al director general de la OIT, Guy Ryder, un pronunciamiento respecto a esta materia. Eso como manera de contener la estrategia del gobierno de Sebastián Piñera de generar más polarización y más violencia. Por otra parte, las campañas de odio -que es un tema muy sensible- han tenido muy ocupada a la organización que nuclea a los trabajadores de los medios de comunicación. Nosotros aquí también estamos en una acción muy estrecha con las organizaciones de derechos humanos para hacer frente a estos embates. No se puede permitir todo en nombre de la democracia. Tenemos una historia reciente de mucho dolor, con un golpe militar cercano, como para volver a abrir esas heridas y esas campañas de odio que sabemos a lo que nos pueden conducir.

 

El mundo entero vio en 2019 la ferocidad de la represión de los carabineros a la protesta social en Chile. Esa violencia selectiva, que apuntó a los ojos de los más jóvenes, ¿traspasó los límites del relato oficial punitivista del orden y la autoridad? Y, por otra parte, ¿esa violencia y represión oficial es la que reclama una parte de la población?

Efectivamente, lo traspasó todo. Acá vivimos un proceso de revuelta social, de revolución popular que efectivamente puso en jaque al gobierno y la respuesta fue la represión más dura de todo lo que se podía imaginar. Tenemos el caso emblemático del joven Gustavo Gatica, de 21 años, que quedó ciego de ambos ojos por los balines de la represión. Este estudiante universitario participaba en las manifestaciones permanentes que se hacían los días viernes en Plaza de la Dignidad, tomando fotos, no haciendo ningún daño, solamente registrando la brutalidad de la fuerza de orden y seguridad de nuestro país que se transformó en fuerza represiva. Tenemos en el ámbito sindical una experiencia que nos duele mucho, que fue lo que ocurrió con Fabiola Campillai, que iba a tomar el bus para irse a su trabajo y una bomba lacrimógena le impactó en la cara. Ella también quedó ciega.

En cuanto a la segunda parte de la pregunta, precisamente por todo esto es que decimos que no hay que mirar muy atrás para ver de todo lo que es capaz de hacer un Estado represivo contra la protesta social, contra cualquier disonante que se pronuncie en los medios de comunicación. Aquí en Chile el control de los medios está en poder de los grandes grupos económicos y, por tanto, cualquier voz disidente no tiene cabida. Y por esa vía también se reprime la expresión crítica en este país. Este es un gobierno que además reprime parlamentarios, tal como ha sucedido con el integrante de la bancada comunista, diputado Hugo Gutiérrez. Por eso legítimamente nos preguntamos si realmente estamos frente a una verdadera democracia. Nosotros decimos que no tiene que haber un golpe para que un gobierno se convierta en autoritario.

 

La pandemia interrumpió la respuesta social y la posibilidad de movilizaciones masivas. ¿Qué espacios tienen los sindicatos para actuar en este contexto actual?

En el período más crítico de la pandemia y de la crisis sanitaria, hubo muy poco espacio para realizar acciones de movilización aunque siempre hubo organización activa. Frente a la ausencia del Estado, hubo y habrá organización sindical, comunitaria, territorial, para levantar y sostener las ollas comunes, los espacios de almuerzos comunitarios. Es decir, se han desarrollado múltiples expresiones para tratar de enfrentar esta crisis. La organización sindical -especialmente- no se detuvo, todo lo contrario, debió activarse de manera distinta a partir de las necesidades también distintas de mucha gente que no contaba ni siquiera con los alimentos básicos. En eso hemos logrado un despliegue territorial de articulación de los sindicatos con las organizaciones sociales porque, como dice la consigna, el pueblo ayuda al pueblo. Todo este tiempo ha sido complejo y nos obliga a actuar con creatividad e innovación en un tiempo tan particular y tan inédito como ha sido tener que enfrentarnos a una pandemia. Sin embargo y pese a todo, yo diría que ha habido una gran capacidad de articulación para enfrentar este tiempo complejo, primero desde la resistencia, desde la autodefensa en el sentido de apoyarse como pueblo y luego con acciones de movilización que se han gestado en los territorios como una manera de demostrar que seguimos en pie. En nuestro país, la pandemia impactó fuerte y todos tenemos la conciencia de que hay que cuidarse porque no queremos poner en riesgo los procesos que vienen, pero eso no significa estar «dormidos» ni mucho menos. Y el movimiento social ha demostrado una notable capacidad y madurez al respecto.

 

Te han atacado por todo, por ser mujer, sindicalista y comunista.

Esto no es personal, yo lo entiendo así. Quien estuviera en el lugar que a mí me toca, es decir, encabezando la principal central sindical de nuestro país, estaría expuesto al mismo nivel de crítica.

 

Pero además sos mujer

Es verdad. No solo hemos recibido la crítica descarnada de la derecha, sino que también tenemos que enfrentar la crítica de sectores sociales dentro del propio movimiento sindical. Eso es muy propio del ejercicio de la democracia. Pero así como uno exige diversidad y pluralidad a los demás, tenemos que ser capaces de ser tolerantes con la diversidad y pluralidad en la interna. Nosotros como militantes sociales a veces tampoco somos ajenos a lo que cuestionamos de los otros y esa es quizás una de las grandes tareas sobre las que tenemos que reflexionar como movimiento social y sindical. Por supuesto que sabemos que por el hecho de ser mujer hay quienes piensan que tienen el derecho de ser más vehementes en sus críticas, pero más allá de eso, lo importante es estar a la altura de los desafíos del país, de la clase trabajadora y que quienes se sientan abandonados por el Estado sepan que siempre van a encontrar una referencia de contención en el movimiento sindical. Y más allá de críticas o no, nos toca la tarea de encabezar un colectivo de dirección solidario y fuerte; sabemos que nuestra tarea hoy es hacer frente a esta crisis porque no va a haber nadie más que nosotros que coloque las necesidades de los trabajadores y las trabajadoras en el centro del debate. Somos tremendamente autocríticos y también cometemos errores, pero lo que no podemos dejar de hacer es llevar propuestas, insistir, reclamar y proponer, elaborar pensamiento, presentar documentos. Hacemos y haremos todo lo posible por defender a la clase trabajadora y en ese plano sentimos que hemos estado y estaremos a la altura de las circunstancias.

 

Premio Arthur Svensson 2020
En abril de 2020, Bárbara Figueroa fue galardonada con el Premio Arthur Svensson 2020 de derechos sindicales y por su compromiso con las luchas sociales en Chile. Según afirmó entonces la secretaria general de la Confederación Sindical Internacional (CSI), Sharan Burrow, “Bárbara pertenece a una nueva generación de sindicalistas y está firmemente comprometida a organizar y a luchar contra la injusticia codo a codo con la gente trabajadora. Chile se encuentra en una encrucijada y este premio representa un merecido reconocimiento a una dirigente totalmente dedicada a conseguir una sociedad justa e igualitaria reforzando el poder de la gente trabajadora”.

 

El Pit-Cnt y su «caudal de humanidad»

Bárbara destacó la solidaridad internacional de los movimientos sindicales del continente, especialmente en los momentos difíciles. Así, destacó especialmente la visita del secretario general del Pit-Cnt, Marcelo Abdala, a fines de 2019, en momentos en que los trabajadores y las trabajadoras se movilizaban en la plaza Italia de Santiago de Chile contra la criminalización de la protesta social del gobierno de Sebastián Piñera y en reclamo de una nueva constitución que sustituyera la vigente desde la dictadura de Pinochet. «Quedamos infinitamente agradecidos», señaló. «La compañía de Marcelo [Abdala], de diversos dirigentes del Pit-Cnt, que llegaron a Chile para transmitir solidaridad y apoyo en los momentos más duros de la revuelta social y bajo la represión más feroz, fue muy importante para confirmar que no estamos solos, que tenemos muchos compañeros y compañeras sindicalistas en el mundo acompañando este proceso. Eso da esperanza, afectividad y emotividad a esta construcción colectiva, porque los procesos se construyen con conciencia y lucha, pero también con esperanza, mística, con el abrazo fraterno, con solidaridad, cuando somos capaces de estremecernos con el dolor del otro. Cuando la represión caía con toda su furia, aquella compañía de clase que vino desde Uruguay con Marcelo y con el Pit-Cnt nos hizo sentir apoyados y nos comprometió de por vida con los compañeros y compañeras del sindicalismo de las Américas y, especialmente, con el movimiento sindical uruguayo.

Sentido y razón
Bárbara Figueroa es licenciada en Psicología y profesora de Literatura, formada en la Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educación (UMCE) y en la Universidad Academia de Humanismo Cristiano (UAHC). Es la presidenta de la CUT de Chile desde la elección del año 2012 y Bárbara Figueroa es, además, secretaria de Política Económica y Desarrollo Sustentable de la Confederación Sindical de Trabajadores/as de las Américas. Nació en Santiago y creció bajo la dictadura de Augusto Pinochet. Hija de Salomé Sandoval y de José Figueroa, aún recuerda el olor y el color del terrorismo de Estado. Vio a su padre llegar con su cabeza ensangrentada por la represión, antes y después de las torturas a las que fue sometido. A su casa de la infancia, por las noches, llegaban dirigentes sindicales a discutir y organizar la resistencia a Pinochet. Algunos no volvían al día siguiente porque ya habían sido secuestrados y desaparecidos. Ella asegura que «no se necesita haberlo vivido en carne propia» para comprender lo que fue la dictadura de Pinochet. Por eso le cuesta entender que haya quienes admiren a un genocida. Y lo añoren.

 

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