La entrevista realizada por Residente, vía Instagram, al ex presidente José Mujica ha dado «la vuelta al mundo» y lo ha hecho sin necesidad de esperar los famosos 80 días de Julio Verne.
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Ha causado y estimulado aplausos, comentarios en redes y expresiones twiteras de diversos «pelos y señales», todos ellos emergen del «amor», «odio», «resentimiento», o del «rechazo» que Mujica, como líder político, produce tanto hoy, como antes.
Esta es una primera cuestión que a algunos «molesta», constatar la persistencia de un liderazgo.
Mujica ejerce, sin que sea su propósito manifiesto, un liderazgo que marcha «a contrapelo» del liderazgo de las «rancias aristocracias».
De allí las manifestaciones, por ejemplo, de un Gandini que vía Twitter, describe en unos pocos carácteres su «urticaria» de clases, una «urticaria» similar y compartida por un Sanguinetti, el siempre feroz opositor de los sindicatos uruguayos, quien en las últimas horas intentara denostar las posiciones y acciones del PIT-CNT calificando las mismas como «clasistas», olvidando que es, justamente de eso de lo que se trata.
Es justamente por esto, que René inicia el intercambio con Mujica, describiendo la forma en que se intersectan en Puerto Rico, las desigualdades de clases y el peso de la dependencia colonial condensado en ese indigno e infamante estatuto que la potencia del norte ha dado a los puertoriqueños y que hoy hace que su situación frente a la pandemia sea tan complicada.
La entrevista tuvo además, como peculiaridad que René no elaboraba las preguntas, ellas procedían de otras personas, quienes puestas en conocimiento de la situación, se animaron a enviar al cantante un conjunto de interrogantes, para que éste se «las cantara» a Mujica.
Hay a todo lo largo de este intercambio, ese plus «popular» que tanto ha molestado a aquellos acostumbrados a «tener la voz, mientras silencian a otros».
Mujica lo entiende, ha estado en estrecho y permanente contacto con los «sin voz» y es por ello que insiste en «hacer política y decir la historia», no del modo grandilocuente de las palabras engoladas, sino, en esa sonora horizontalidad que le permite describir, por ejemplo, parte de nuestra historia y hacerlo sin las petulancias y las frases armadas de aquellos que, también, se han dedicado a sustraer la historia y la política, para pretender dejar al «pobrerío» apenas con la «ronquera» que queda luego de tantos y tantos intentos por ser escuchados.
Sintetiza el período batllista, que ha sido durante mucho tiempo una suerte de «propiedad privada» para algunos, y en un rápido movimiento conceptualiza políticamente sus significados y los ubica en esa geopolítica del pensamiento político dominante que ha hecho de América Latina un continente que parece siempre destinado a consumir ideas producidas por otros, sólo así se comprende la referencia de lo que llamó «socialdemocracia» a la uruguaya.
Este relatar del ex presidente, es un mensaje de larga data histórica y que solo aquellos que quieren estimular los rechazos al mismo, pueden negar: «Éramos una máscara, con los calzones de Inglaterra, el chaleco parisiense, el chaquetón de Norteamérica y la montera de España. El indio, mudo, nos daba vueltas alrededor, y se iba al monte, a la cumbre del monte, a bautizar a sus hijos. El negro, oteado, cantaba en la noche la música de su corazón, solo y desconocido, entre las olas y las fieras. El campesino, el creador, se revolvía, ciego de indignación, contra la ciudad desdeñosa, contra su criatura. Éramos charreteras y togas, en países que venían al mundo con la alpargata en los pies y la vincha en la cabeza. El genio hubiera estado en hermanar, con la caridad del corazón y con el atrevimiento de los fundadores, la vincha y la toga; en desestancar al indio; en ir haciendo lado al negro suficiente; en ajustar la libertad al cuerpo de los que se alzaron y vencieron por ella», escribía José Martí en 1891.
Solo si se despliega este manto histórico se podrá escuchar y entender todo aquello que el cantante y el ex presidente conversaron, no se precisa «glosarlos».
Por suerte, la entrevista está disponible, no es «propiedad de nadie» y mal que les pese a algunos, puede ser escuchada sin que venga nadie, otra vez, a intentar «interpretar y/o traducir», lo que ambos hombres dicen, en un decir que como muestran sus comportamientos «sociales», es un decir «abierto y sin tapujos».