María Julia Muñoz anunció que demandará a Sergio Puglia por injurias. Óscar Andrade también está decidido a no dejar pasar ni una sola canallada sin la respuesta legal correspondiente. Ya era hora. Demasiado tiempo llevamos viendo cómo la derecha ensucia a nuestros referentes con acusaciones infundadas mientras la izquierda carece de reacción.
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Puglia fluctúa entre el nivel patológico de Graciela Bianchi y el nivel cloacal de Sebastián Da Silva. A Muñoz la acusó (en Polémica en el bar) por un accidente ocurrido en 2011 en la Interbalnearia. El tema del día era el vínculo del ministro de Turismo Germán Cardoso; pero Puglia optó por la estrategia del contraataque, buscando imponer aquello de “ustedes también lo hicieron”. Esta estrategia es recurrente en la derecha. Cuando a Lacalle se le preguntó si en el caso de Isaac Alfie no hubo abuso de funciones, su respuesta fue que no le alcanzaban los dedos de las manos para contar los casos de abuso de funciones del Frente Amplio.
Sergio Puglia, tras defender a Cardoso, lanzó una grave acusación: “¿Qué hizo el Frente Amplio cuando María Julia Muñoz chocó al de la moto y lo reventó contra una pared y Daisy Tourné salió a limpiar todo?”.
En una sola oración acusó a Muñoz de homicidio y a Tourné de encubrimiento y obstrucción a la Justicia. Supongo que tendrá con qué sostener esto en un juzgado. La primera reaccionó de inmediato por Twitter: “Cuando tuve un accidente de tránsito me hicieron alcoholemia como a cualquier ciudadano y fue negativa. Concurrí espontáneamente al juzgado y el motociclista tenía atrás un carro sin luces al cual no vi. Nadie tapó nada”. “Cualquier persona sin escrúpulos, como el señor Puglia, no puede estar mintiendo impunemente”. Tourné, obviamente, respaldó públicamente a la denunciante.
Lo que no se entiende es por qué Raúl Sendic no demanda a quienes lo acusan de haberse “robado 800 millones de dólares”, como hizo, por ejemplo, Diego Borsani, presidente del Rotary Club de Paysandú y la Agencia de Desarrollo del departamento.
La derecha ataca por todos los flancos usando las tácticas y los mercenarios más inmorales. Han llegado al poder tras prometer a la oligarquía un retroceso en todo lo logrado por el Frente Amplio: están bajando el salario real de los trabajadores y están recortando de manera frenética varios planes de asistencia social (desplumando al pollo pluma por pluma, como prometió Sanguinetti), están metiendo legiones a dedo en la administración pública, volvieron el amiguismo, el tarjetazo y el dedazo. Derogaron la obligación de rendir cuentas por el sobrante de los viáticos tras sus viajes y ya es difícil de contar la cantidad de jerarcas que están en ambos lados del mostrador. Arremeten con todos los medios a disposición contra gremios y sindicatos.
Los derechistas siempre vieron a los sindicalistas como enemigos porque no les dejan explotar libremente a sus empleados y siempre están controlando sus movimientos, sobre todo sus sospechosas licitaciones.
Lo malo es que hay muchos trabajadores que han sido convencidos por sus amos. Lo peor es que hay dirigentes de izquierda que están siendo derrotados por la embestida mediática de la derecha internacional. Algunos han caído en la trampa y coquetean con la derecha sumándose a quienes critican a gobiernos de izquierda. Tantas veces se ha dicho que hay una dictadura en Venezuela, que varios compañeros han cedido ante la propaganda y lo terminaron aceptando, por ignorancia en algún caso, por debilidad ideológica en otro y por cobardía, conveniencia y cálculo político también.
No vamos a ganar con la estrategia de decir a los votantes conservadores lo que quieren oír, sino lo que deben oír.
Un político tiene que ejercer la docencia, y en eso, el Frente Amplio ha sido un verdadero desastre. La derecha nos ganó con el marketing político más burdo y elemental.
Y vamos a lo que duele
Duele ver a varios dirigentes acomodando el trasero y haciendo poco y nada para reunir firmas contra 135 artículos de la LUC. Habrá que tomar nota. Solo Óscar Andrade y unos pocos más están dando batalla. Hay sectores enteros que brillan por su ausencia y juegan a lo antedicho: caer bien a los votantes de derecha, ganando en simpatía y perdiendo en autenticidad, sin comprender que pierden por la izquierda lo que ganan por la derecha.
Duele ver cómo se ha pateado la tan reclamada autocrítica para adelante. Hace un año y medio se tendría que haber hecho. Hoy, hasta dudo de su conveniencia; pero no podemos eludirla.
Duele ver que el Frente Amplio no da la lucha ideológica como debiera; con respeto, sí, pero con energía, con pasión, con argumentos y encendida en los debates.
Duele ver que seguimos aceptando en lugares representativos a personas cuya ideología genera más dudas que certezas.
¿Por qué casi no usamos la palabra socialismo? ¡Claro que no buscamos un socialismo al estilo de la ex Unión Soviética, ni de Cuba o Venezuela! Es que cada país tiene su propia realidad. Uruguay no tiene población indígena como Bolivia, ni los recursos naturales de Venezuela, ni la superficie, recursos y población de México; por lo que no se puede trasladar un sistema de un país a otro de manera íntegra. La nacionalización de los medios de producción pregonada por el marxismo no es viable en Uruguay; pero sí debemos defender con uñas y dientes recursos como el agua potable, la electricidad y las telecomunicaciones. Tenemos que impedir que el herrerismo avance en su plan de dejar caer las empresas públicas para luego privatizarlas.
Cada vez que llegan los blancos al poder los uruguayos tienen que salir a juntar firmas para evitar que vendan el país.
¿Qué presidente vamos a elegir para dirigir al Frente Amplio?
No sé ustedes; pero quiero un presidente que trabaje 25 horas por día y ocho días a la semana; que no deje pasar ni una sola mentira, que ponga a trabajar a su equipo de abogados y que toda calumnia de la derecha termine en un juzgado, que recorra todos los medios de comunicación del país pulverizando cada canallada y denunciando cada abuso de poder. Quiero un presidente que le explique a la gente que un derechista es un conservador de privilegios y que un izquierdista es capaz de renunciar a su bienestar personal para eliminar las injusticias sociales. Ese presidente tendrá que explicar que, al decir del Che, ser de izquierda es que te duela en lo más profundo cualquier injusticia cometida contra cualquier persona en cualquier parte del mundo. Tendrá que tener el coraje de gritar la palabra socialismo y no ocultar lo que somos. Socialismo a la uruguaya, serio, responsable, adaptado a las circunstancias, porque este no es el mundo que les tocó a Marx y a Lenin.
Quiero un presidente que logre recuperar la mística frenteamplista e izquierdista; que nos devuelva la esperanza, la energía, el entusiasmo y la alegría.
No perdimos porque sí. Perdimos porque no siempre pusimos en la primera línea de combate a los mejores y porque repartimos cargos de manera proporcional a los votos obtenidos y no a la capacidad. Perdimos porque no fuimos lo suficientemente celosos y vigilantes con los nuestros. Perdimos porque no entendimos la batalla mediática e ideológica.
Las críticas internas nunca han sido bienvenidas en el Frente Amplio y fue también por no superar esa soberbia que perdimos.
Son tan canallas en la derecha que han acusado al Pit-Cnt de dejar sin alimentación a 18.000 alumnos durante el paro general del 17 de junio. Si eso fue así, la única responsable es ANEP, que podría haber tomado las medidas del caso para que funcionaran los comedores escolares y todos le habríamos aplaudido. Fernando Pereira mencionó que si ese era el punto, podrían haber tomado medidas para que a los niños no les faltara la alimentación los días 19 de abril y 18 de mayo, que eran feriados no laborables. Robert Silva dijo que fue imposible prever la situación porque el sindicato le comunicó la medida el día anterior; pero la Federación Uruguaya de Magisterio (FUM) lo desmintió y aclaró que ANEP fue notificada del paro el 13 de mayo.
La derecha está empecinada en desprestigiar la labor sindical. Su país ideal es un país con un salario mínimo nacional bajísimo, como el de Paraguay, un país donde puedan despedir sin indemnizar, donde a los empresarios no se les exijan medidas de seguridad laboral, que los impuestos los paguen las clases baja y media, pero que la clase alta, productora, sea exonerada de todo gravamen. Un país donde los trabajadores no tengan quien los defienda.
Al senador Sebastián Da Silva le molestan los días en que Fernando Pereira no fue a trabajar porque estaba recorriendo el país, reuniéndose con empresarios o trabajadores, peleando por los derechos de los que menos tienen; pero a Da Silva no le molestan todos los viajes innecesarios que el actual ministro del Interior Luis Alberto Heber hizo cuando fue legislador, rompiendo todos los récords de ambas cámaras ni le molestan todas las veces que el legislador Luis Lacalle Pou faltó a las sesiones. Nuestro presidente salió de la adolescencia directo a la política para defender a los de arriba y jamás supo lo que era marcar tarjeta; pero no lo criticamos por ello, puesto que hacerlo sería (usando sus propias palabras) intentar minimizar la labor política; pero ellos sí pueden criticar a un representante cuando sale a defender los derechos de los de abajo.
Graciela Bianchi está furiosa (siempre lo está) con Óscar Andrade porque el día del paro no fue a la comisión de Asuntos Laborales del Parlamento. ¡Cuánta hipocresía! Si hubiera asistido, los titulares del diario oficial de la dictadura y medios afines dirían que Andrade no adhirió al paro.
Quiero un presidente que sea capaz de explicar todo esto.
No puede ser que mientras la bancada del Frente Amplio pide la renuncia del ministro de Turismo, otros salgan a defenderlo. O una cosa o la otra; pero falta unidad en la acción.
Quiero un presidente que en lugar de proponer un homenaje al GACH proponga pedirle disculpas. Las críticas de la senadora Graciela Bianchi señalando a sus integrantes por su orientación política son propias de una persona absolutamente desquiciada; pero la coalición no la desmiente ni le exige disculpas; ergo, la apoya.
La situación política de Uruguay es grave. Los abusos policiales van en aumento debido al nefasto legado de Jorge Larrañaga, que envalentonó a los bravucones uniformados en lugar de apoyar a los policías de bien, que son (y no lo digo por quedar bien, sino porque estoy convencido) la inmensa mayoría.
Esta semana le tocó al asentamiento San Miguel durante un allanamiento en el cual se detuvo a 13 personas. Por un lado, irrumpieron en la vivienda de una persona que estaba en cuarentena por covid sin respetar ningún protocolo sanitario; en otro, se llevaron a una mujer que acababa de dar a luz.
No solo se recortan planes sociales, sino que la libertad de expresión está amenazada y los ataques a los sindicatos tienen un motivo que no lo ve el que no quiere. Los sindicatos que con más saña ataca la derecha son los de los sectores que esa derecha sueña con privatizar. Quieren privatizar la educación y las empresas públicas, de manera total o parcial, directa o indirecta. El tema no es solo ideológico; también es económico y personal, porque detrás de cada venta hay una cometa esperando ser aceptada. Por eso es que Fenapes y Fancap están siendo agredidas.
Tal como ha denunciado el Partido Socialista, el ataque también va contra el movimiento cooperativo. “A las decisiones de recortar recursos y demorar procesos en el sector del cooperativismo de vivienda, se suma ahora la amenaza sobre miles de puestos de trabajo de cooperativistas sociales, cuyos convenios están en cuestión por parte de varios organismos del Estado”.
Los multicolores arden de deseos de que la justicia envíe a un frenteamplista a la cárcel por el proyecto de la regasificadora, por la que perderemos entre 20 millones y 39 millones de dólares; pero, tal como ha señalado Óscar Andrade, antes de criticar al Frente Amplio tendrían que reconocer que ellos también votaron positivamente este proyecto y ahora se hacen los desentendidos. Además, deberían recordar que ellos “perdieron 200 millones con el gasoducto Cruz del Sur y que aparte no tenía garantías”.
Quiero un presidente que tenga esa capacidad para el debate y la docencia política; pero no puede ser el mismo Óscar, ni Carolina, ni Yamandú, porque ya tienen sus propias trincheras.
No queda otra que reconocer los errores que haya que reconocer, pulir lo que haya que pulir y gritar con orgullo que somos de izquierda. Dejemos de mirar las caras de siempre y busquemos bien en la marea frenteamplista de todo el país. Tenemos que volver; tenemos que recuperar Uruguay y salvarlo de las garras neoliberales.
Por nuestros hijos y los hijos de nuestros adversarios.
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