Epílogo

La vida comienza mañana

Por Juan Raúl Ferreira.

 Sello conmemorativo de los "100 AÑOS NACIMIENTO WILSON FERREIRA ALDUNATE”
Wilson Ferreira Aldunate

Wilson Ferreira, en el discurso de la Explanada Municipal, tras su liberación el 30 de noviembre de 1984, dijo: “Para nosotros la lucha comienza todos los días, por lo tanto comienza hoy”. Esa concepción de la renovación permanente de la vida y de la lucha tiene seguramente muchas fuentes. Una es la de su viejo maestro Carlos Quijano, quien al despedirse definitivamente de los lemas nacionalistas, antes de las elecciones de 1958, en su célebre editorial “A rienda corta”, culminaba su texto con las palabras: “La vida comienza mañana”.

Quijano clausuró así el capítulo de su largo tránsito de casi cuarenta años por el Partido Nacional, el Partido Nacional Independiente, el Partido Demócrata y su propio movimiento, la Agrupación Nacionalista Demócrata Social. Lo hizo en uno de sus memorables editoriales del semanario Marcha, el 22 de agosto de 1958, aunque volvió a definirse nacionalista antiimperialista, federalista, artiguista y demócrata social. A la vez, en tácito homenaje a su origen “blanco”, condenaba a los que  “traicionaron a Artigas y rindieron pleitesía al conquistador lusitano […] los que más tarde, sombrero en mano andaban por las cancillerías europeas, reclamando el protectorado francés o inglés para nuestros pueblos […] los que, todavía más cerca de nosotros, marcharon al flanco de los invasores del Paraguay, después de haber entrado al flanco de los invasores de la patria…”. Luego decía que el recién reunificado Partido Nacional de 1958 era una mala calcomanía” del Partido Colorado (no había fotocopias en esa época), y enumeraba sus múltiples contradicciones. Finalizaba diciendo: “Repetimos: nuestra experiencia electoral dentro del nacionalismo está terminada. […] Y en cuanto a lo demás, ya se sabe. Es otra historia que hoy sería abusivo narrar. Como siempre, la vida comienza mañana. Un mañana, que claro, se extiende más allá de nuestra propia vida”.

A pesar de la bifurcación de caminos con Quijano, se mantuvo en Wilson, como escribió Ardao, la inspiración demócrata social. A la vez conservó la convicción trascendente sobre el incesante devenir siempre renovado de la historia y la vida de la humanidad. En Quijano se manifestaba desde una perspectiva más filosófica -como en Ardao- y en Wilson desde una perspectiva más religiosa, aunque también filosófica.

Por otra parte ambos, Wilson y Quijano, habían compartido la experiencia de abandonar el lema tradicional, el Partido Nacional, para irse al Partido Nacional Independiente. Luego la Agrupación Nacionalista Demócrata Social se separó del nacionalismo independiente para constituirse en lema propio, que terminó llamándose Partido Demócrata, por impugnación blanca de la palabra nacionalista e impugnación socialista de la palabra social. Es necesario recordar aquellas rupturas, que no fueron las únicas divisiones entre nacionalistas, transformadas en partidos diferentes. Estaban también los ‘carnelistas’ del Partido Blanco Radical -el radicalismo blanco- y el lema saravista, Cándida Díaz de Saravia.

A mis 66 años decidí, atravesando muchos, demasiados sufrimientos e incomprensiones, alejarme del partido en el que me formé, aunque en realidad nací cuando todavía no se habían reunificado el Partido Nacional y el Partido Nacional Independiente.

Wilson le decía a Diego Achard en 1982, tras la victoria en las internas, “no entendés nada, estoy llevando el viejo partido a la centroizquierda”. Por eso tantas veces en el exilio se manifestó socialdemócrata y también reivindicó, tanto en el exilio como de retorno en el Uruguay, el “populismo”, en el sentido latinoamericano del término, en referencia a los movimientos populares, nacionales, progresistas y antiimperialistas de nuestra América. No por azar en el discurso de la Explanada explicó el resultado electoral diciendo: “Nosotros nos quedamos sin derecha… la derecha que tradicionalmente militaba dentro del Partido Nacional optó por votar la gran derecha dentro del Partido Colorado”.

Esas identidades filosófico-políticas las traía desde su adolescencia: nacionalismo demócrata social antiimperialista, socialdemocracia auténtica entendida como socialismo democrático (cuando esas palabras todavía eran significativas y no como ahora máscaras del neoliberalismo), movimientos populares y nacionales progresistas latinoamericanos. Todas vinculadas concretamente a las propuestas de transformaciones estructurales verdaderas, que atañen a la modificación de las relaciones del poder social e internacional, como la reforma agraria, la nacionalización de la banca, la nacionalización del comercio exterior y la integración latinoamericana.

Esas identidades y propuestas han desaparecido completamente del viejo partido. Wilson seguramente no imaginó que, tras su desaparición, el viejo tronco tradicional daría un brusco giro a la derecha desde 1989 hasta el presente.

De modo que recuperar la memoria de su lucha es a la vez una invocación a recobrar los ideales y proyectos que la inspiraron. No podemos saber qué habría hecho Wilson si viviera, aunque seguramente con él su partido sería otro y no este que cada día se parece más al que rechazó su proyecto de ley de reforma agraria, o a los sectores que acordaron con Pacheco y Bordaberry antes del 73.

¿Qué significa ser wilsonista? No es exhibir la foto y el nombre del líder de aquel tiempo. Fueron sus ideas, proyectos, programas, sueños y esperanzas los que transformaron nuestras vidas. Y las transformaron desde el llano, desde la oposición, frente al fraude, la represión, la dictadura, el exilio, la proscripción.

Tenemos una misión los que llevamos las valijas del alma repletas por la patria, desbordadas por la patria chica y por la patria grande.

¿Acaso vamos a resignarnos a que ya nada puede hacerse con la tierra excepto seguir permitiendo que el “mercado” continúe la concentración y la extranjerización de la propiedad del suelo? Ahora que vemos con nuestros ojos y respiramos con nuestros pulmones el humo de los incendios de la Amazonia, encendidos por el afán extremo e irracional del lucro, no podemos aceptarlo. Decimos que no.

¿Acaso vamos a resignarnos a la concentración capitalista de la riqueza en el 1% de la población mundial, junto con la concentración del poder y la riqueza en las potencias del mundo? Ahora que ya ni se procura la igualdad y se elogia la inequidad, ahora que en vez de enarbolar orgullosos el principio de no intervención y la autodeterminación de los pueblos se suplica la intervención imperial, no podemos aceptarlo. Decimos que no.

¿Acaso vamos a resignarnos a que ya nada se puede hacer con el sistema financiero local e internacional, totalmente desconectado de la voluntad de los pueblos? Ahora que hasta países europeos son maltratados, pisoteados por las instituciones financieras, como antes lo hacían siempre con los de nuestra indo-afro-Latinoamérica, no podemos aceptarlo. Decimos que no.

¿Acaso vamos a resignarnos a la discriminación de las minorías, sean de género o cualesquiera otras, cuando antes era nuestra bandera el reclamo por los derechos de las minorías? No podemos aceptarlo. Decimos que no.

¿Acaso vamos a aceptar que avance la desindustrialización y resignarnos solamente al consumo de la tecnología ajena, en lugar de ser creadores y protagonistas de las nuevas revoluciones tecnológicas? No podemos aceptarlo. Decimos que no. Entre otras razones porque Wilson, hombre profundamente enamorado de la naturaleza, fue siempre un entusiasta de la técnica, en la acción política y en su vida privada. Y es nuestro deber asegurarnos el control social democrático sobre las nuevas tecnologías, en vez de someternos a las imposiciones del “mercado”, es decir, de los menos.

¿Acaso vamos a resignarnos a la destrucción del equilibrio ecológico que nos mantiene vivos? No podemos aceptarlo. Decimos que no. Wilson ni siquiera permitía que se cazaran los pájaros de su tierra.

¿Acaso vamos a resignarnos a la desintegración de la América Latina y el Caribe, creyéndonos otra vez “europeos”, o sea “malos americanos”, en vez de defender la “gran patria común latinoamericana”? No podemos aceptarlo. Decimos que no.

¿Acaso vamos a resignarnos a que nosotros los hispanoamericanos seamos genéricamente descalificados con ánimo racista como criminales y violadores, mientras muchos de nuestros hermanos son asesinados? No podemos aceptarlo, no son fake news. Decimos que no.

Como dijimos NO en 1980 a la dictadura, decimos NO a los poderes mundiales, geopolíticos y financieros, que avasallan el destino de las patrias y los pueblos. Eso es ser wilsonista hoy.

Es mantener viva la memoria de los hechos y la vigencia de las ideas. Es la esperanza en la “comunidad espiritual” de un pueblo integrado social, económica, cultural y políticamente, sin marginados.

La lucha comienza todos los días, hoy y mañana, porque la vida de nuevo comienza hoy y también mañana. Vida y lucha que se prolongan más allá de la nuestra. Esperanza en mi caso acompañada de la fe compartida con mi padre, en que la misericordia nos ampare en el camino de la verdad y la vida.

3 comentarios en «La vida comienza mañana»

  1. Wilson, la última auténtica visión socialista de Uruguay en el Partido Nacional. Los que podemos llamarnos wilsonistas, no estamos ya en el PN.Por supuesto, ningun político Blanco hoy por hoy es verdaderamente wilsonista, por más que el nombre del Caudillo le sirva a muchos como seudo-bandera. Bueno el editorial de Juan Raúl; honra la memoria de su Padre.

  2. Bien JR!! Ahora escribís cada semana .Hay que jetear con más frecuencia, no sea cosa que te ninguneen en el reparto de curritos, que el domingo se nos viene encima y los muchachos están empezando la repartija. Con los miles y miles de votos que le traés al FA, que no se hagan los distraídos y te quieran dejar al costao!!!

  3. Para comentar con buenos argumentos, también es necesario hacerlo respetuosamente. Por razones obvias ha de disimularse o eximirse de tal obligación racional, intelectual, ética y moral a los débiles mentales. A los oligofrénicos, para decirlo más claramente.

Comentarios cerrados.

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