Por Ricardo Pose
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Juan Sartori votó bien para su breve campaña electoral, pero hasta el menos idóneo analista político concluía que no sería el ganador. Salvo para sus allegados de campaña, salvo para los trabajadores de sus empresas, incluido un portal digital, todo el mundo político tenía claro que no podría contra Luis Lacalle.
Las reacciones de los sectores nacionalistas en pugna, a medida que las encuestas avanzaban, iban desde la estrategia confrontativa de Larrañaga hasta el respetuoso ninguneo de los sectores que apoyaban a Luis, salvo en la recta final, a partir de los escándalos por la campaña sucia contra la lista 71 y sus misteriosas llamadas en la madrugada.
Pero, confirmado el triunfo de Lacalle junior, los picoteos en el gallinero hicieron volar las plumas del convidado de piedra.
Los furibundos ataques no solo provenían de sus contrincantes, sino que ahora aparecían desde su propio entorno.
En honor a la verdad, nada sabíamos de Magdalena Herrera hasta el 30 de junio y es bien valido preguntarse: ¿habríamos sabido de ella de haber ganado Sartori?
Magdalena, la fiel
El 31 de diciembre del año pasado, el diputado Daniel Caggiani publicó este tuit: “¿Sabes cuál es el portal del que es dueño @JuanSartoriUY? Este.”, haciendo referencia al portal Ecos.
La respuesta de Magdalena no se hizo esperar y respondió: “Soy Magdalena Herrera, editora de este portal, nos falta el respeto a todos los periodistas que trabajamos con total independencia en este sitio desde el inicio. Un portal que es un éxito dada su poca vida y que da trabajo a mucha gente”. Desde Ecos se insistió en la misma jornada: “Todos los periodistas que desde hace tres años conformamos un nuevo medio de prensa, con gran esfuerzo, imparcialidad, recogiendo las voces de todos los tintes políticos y trabajo, esperamos una rectificación de su parte”.
Ninguna de las respuestas podía desmentir lo que el diputado afirmaba y que no atentaba contra la independencia de ningún periodista, que sea público saber quiénes son sus patrones.
La pronta y airada respuesta de Magdalena es efectista por responderle a un político uruguayo, ya que mucho antes que Caggiani, la revista argentina Noticias había dado el nombre del propietario del portal en su campaña “¿Conoces a Juan Sartori?”; pero en aquel diciembre de 2018, vale la pena recordar, Juan Sartori empezaba a ser más conocido y todavía no había mordido el polvo de la derrota.
Linaje
Magdalena Herrera es hija de Daniel Herrera Lussich, destacado periodista del diario El País cuyo apellido lo vincula al abolengo Herrerista; se desempeñó como secretario de redacción, columnista y corresponsal del matutino en Estados Unidos y países europeos. Ingresó al diario en sus años jóvenes, a comienzos de la década de los 60, y llegó a las máximas posiciones de conducción de la redacción del mismo y también fue fundador de Mundocolor, un diario vespertino publicado por El País entre 1976 y 1987.
La vocación de Magdalena en el ejercicio del periodismo tiene un antecedente paterno nada despreciable; nos imaginamos que por él debía conocer el oficio de la pluma y, en este caso, su fuerte impronta empresarial en el mundo de la comunicación.
¿Es creíble la ingenuidad de no sospechar cuáles podían ser los destinos de un portal periodístico, empresa de una sociedad anónima panameña, entre cuyos responsables figuraba Juan Sartori?
Portales y papers
Magdalena Herrera venía trabajando desde 2016, año de su fundación, en Ecos. Como ahora sabemos, Juan Sartori no era un personaje desconocido en el mundo del Partido Nacional; había aportado financieramente a la campaña de Luis Lacalle en 2014, tenía inversiones en Uruguay a través de diversas empresas y, con capitales anónimos panameños, había fundado el portal Ecos.
Día mas, día menos, en que se hicieron públicas las primeras denuncias de los Panama papers –en español, Papeles de Panamá-, expresión dada por los medios de comunicación a una filtración informativa de documentos confidenciales de la firma de abogados panameña Mossack Fonseca, a través de una entrega de 2,6 terabytes de información por parte de una fuente no identificada al periódico alemán Süddeutsche Zeitung, que posteriormente compartió con el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ, por sus siglas en inglés), revelando el ocultamiento de propiedades de empresas, activos, ganancias y evasión tributaria de jefes de Estado y de gobierno, líderes de la política mundial, personas políticamente expuestas y personalidades de las finanzas, negocios, deportes y arte.
El portal se sumó a la denuncia del escándalo, como era de esperar. Ciertamente, en la cosmovisión de Magdalena, ser empleado y desarrollar la profesión periodística de tan controversiales capitales no era filosóficamente cuestionable.
Embarrando la cancha
Denuncia públicamente Magdalena Herrera que, perteneciendo a un medio de comunicación del multimillonario, no iban a entrar en el barro contra otros candidatos de la interna nacionalista.
Esa digna actitud periodística de la exeditora y su equipo de trabajadores no hace más que confirmar las prácticas sugeridas por el asesor sartorista, el venezolano Juan José Rendón, acusado por alguno de los propios nacionalistas de ser el artífice de una campaña electoral sucia o negra.
Pero ese detalle, el de poner estrictamente al servicio o no de la campaña electoral sartorista, estaba dejando meridianamente claro cuál era el destino que esperaba al medio de comunicación.
Libre albedrío
No siempre los intereses de un empleado coinciden con los de su empleador; hay un límite ético autoimpuesto en esa transacción laboral en que la capacidad intelectual, en este caso, se pone a la venta.
Preciso es reconocer que muchas veces los trabajadores de la prensa ejercen su profesión por la presencia de capitales que invierten en el rubro de la comunicación.
En ese sentido, las peripecias que viven Magdalena Herrera y algunos trabajadores ameritan las acciones llevadas adelante por la Asociación de la Prensa.
Pero la valoración es en términos estrictamente de análisis político; lo que le sucedió a Magdalena Herrera, linaje y riñón del universo nacionalista, se explica por pertenecer a una colectividad de históricas y encarnizadas luchas fratricidas internas, por haber participado en el emprendimiento empresarial de foráneos capitales y haber sido contemporánea de un candidato que, a pesar de la inversión de fuertes sumas de dinero, fue derrotado.
En artículo que compartimos conceptos con el reconocido periodista Miguel Ángel Campodónico, ‘La insustituible prensa libre’, publicado en el portal Ecos el 10 de junio de este año, sostiene: “Descubrir la verdad es la finalidad del periodismo de investigación, de ahí que los dictadores usen la fuerza para impedir que se conozca. Los auténticos periodistas, no los comunicadores que actualmente se reproducen con asombrosa rapidez, preguntan, bucean, escarban, descubren documentos, buscan nuevas fuentes, analizan y no se detienen hasta cumplir con su tarea. A veces los ayuda la intuición, en otras, la casualidad es la que los lleva a meter la nariz en temas que ofrecen algunas dudas. Quizás sin saberlo, comparten la afirmación de Luis Pasteur: ‘La casualidad favorece a los espíritus preparados’”.
¿Falló la intuición? ¿La búsqueda de la verdad se sorteó, no por la prisión de una fantasiosa dictadura o las supuestas prohibiciones de la ley de medios, sino por no morder la mano del amo?
¿Magdalena, como editora, no recibió las punzantes afirmaciones de su columnista estrella para arribar a la conclusión de que su destino en ese medio estaba predestinado?
Qué ingratas son las derrotas de los patrones.