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Investigación

Edulcorante artificial está vinculado a cambios cerebrales que aumentan el apetito

Un edulcorante artificial en bebidas dietéticas está vinculado a cambios cerebrales que aumentan el apetito, según un estudio.

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Un reciente estudio puso en jaque la idea de que el edulcorante artificial ayuda a controlar el peso. La investigación encontró que la sucralosa, un edulcorante común en bebidas dietéticas, puede alterar la regulación del apetito en el cerebro y generar un aumento en la sensación de hambre.

Durante años, los productos con edulcorantes no calóricos han sido promovidos como aliados en la reducción de peso. Sin embargo, un creciente número de estudios cuestiona esta creencia. Tanto es así, que la Organización Mundial de la Salud (OMS) advirtió en 2023 que los sustitutos del azúcar no son efectivos para el control de peso a largo plazo.

El nuevo estudio, publicado en la revista Nature Metabolism, muestra cómo la sucralosa puede alterar la forma en que el cerebro regula la saciedad. Según la Dra. Katie Page, autora principal de la investigación y profesora en la Universidad del Sur de California, este edulcorante activa regiones cerebrales responsables del hambre, lo que se traduce en un aumento del apetito de hasta un 20% en comparación con el consumo de azúcar regular.

Un experimento revelador

El estudio incluyó a 75 participantes que consumieron, en diferentes ocasiones, tres tipos de bebidas: agua simple, agua con azúcar de mesa y agua con sucralosa. Luego, se sometieron a pruebas de resonancia magnética funcional (fMRI) para observar la actividad cerebral y se midieron sus niveles de glucosa en sangre y hormonas del apetito.

Los resultados fueron contundentes: las bebidas con sucralosa aumentaron la sensación de hambre y generaron una mayor conectividad entre el hipotálamo y la corteza cingulada anterior, áreas cerebrales asociadas con la toma de decisiones y la motivación por la comida. Además, se comprobó que la sucralosa no estimula la liberación de hormonas que indican saciedad, dejando al organismo sin una señal clara de que ha consumido suficiente.

¿Qué significa esto para la alimentación cotidiana?

Estos hallazgos refuerzan la hipótesis de que los edulcorantes artificiales pueden confundir al cerebro. Al proporcionar una sensación de dulzura sin las calorías esperadas, el cuerpo reacciona aumentando la necesidad de ingerir más alimentos. Esta falta de regulación podría explicar por qué muchas personas no logran bajar de peso a pesar de optar por productos sin azúcar.

La Asociación Estadounidense de la Diabetes recomienda consumir edulcorantes sin calorías con moderación, pero expertos como el Dr. David Katz sugieren que la mejor estrategia es reducir el consumo general de productos dulces. “Rehabilitar el paladar” puede ayudar a disminuir la necesidad de azúcares añadidos, del mismo modo que muchas personas han aprendido a reducir su consumo de sal.

A medida que avanza la investigación, se refuerza la idea de que el consumo de edulcorantes artificiales no es una solución definitiva para controlar el peso. En lugar de depender de estos productos, los expertos recomiendan enfocarse en una alimentación equilibrada, basada en alimentos naturales y mínimamente procesados. Reducir la exposición a sabores excesivamente dulces podría ser fundamental para una relación más saludable con la comida y un mejor control del apetito.