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Pase vitalicio

Compró un boleto de avión para "vuelos ilimitados" y terminó costándole millones a la aerolínea

Pagó 400.000 dólares por un boleto de avión para volar gratis y terminó convirtiéndose en la peor pesadilla financiera de una aerolínea.

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En la historia de la aviación comercial existen casos curiosos, pasajeros frecuentes extremos y viajeros obsesionados con acumular millas. Pero pocos episodios alcanzaron el nivel de leyenda que rodea a Steve Rothstein, el hombre que encontró una grieta perfecta en el sistema y la explotó hasta convertirla en un problema multimillonario para American Airlines. Compró un boleto de avión para "vuelos ilimitados" y terminó costándole millones a la aerolínea.

¿Cómo comenzó todo?

Todo comenzó en 1987, cuando la aerolínea lanzó una propuesta inédita, un pase conocido como “AAirpass” que permitía viajar en primera clase de manera ilimitada durante toda la vida. La iniciativa estaba dirigida a empresarios y clientes de alto perfil que volaban constantemente. La idea parecía simple, recibir una enorme suma de dinero por adelantado a cambio de fidelizar pasajeros premium durante décadas. Rothstein vio algo más que una promoción exclusiva. Vio una oportunidad irrepetible.

El empresario decidió desembolsar 250.000 dólares para adquirir el pase vitalicio y agregó otros 150.000 dólares para obtener un beneficio adicional: un acompañante gratuito en cualquier vuelo. En total pagó 400.000 dólares, una cifra gigantesca para la época, pero que terminaría siendo insignificante frente a lo que obtendría después.

Desde entonces, el cielo se convirtió prácticamente en su hogar. Mientras millones de personas organizan sus vacaciones en función de presupuestos, promociones o temporadas, Steve Rothstein podía simplemente elegir un destino, reservar un asiento y despegar. Sin límites de vuelos, sin costos extra y sin preocuparse por el precio de un boleto. El acuerdo era claro, podía volar gratis durante toda su vida. Y decidió aprovecharlo al máximo.

10.000 vuelos alrededor del mundo

Durante más de dos décadas realizó más de 10.000 vuelos alrededor del mundo. Su rutina llegó a desafiar toda lógica comercial. Había días en los que tomaba un avión solo para almorzar en otra ciudad y regresar pocas horas después. En otras ocasiones viajaba sin demasiada planificación, impulsado únicamente por el deseo de volar.

Su nombre empezó a circular dentro de la compañía como una mezcla de mito y problema financiero. La creatividad con la que utilizaba el pase también generó controversias. Rothstein reservaba vuelos con enorme frecuencia y muchas veces utilizaba el pase para acompañantes de maneras que la empresa consideraba abusivas. Según trascendió, llegó a emitir boletos para personas que ni siquiera conocía, incluyendo extraños o personas en situación vulnerable a quienes ayudaba a reencontrarse con familiares.

Esa conducta le ganó cierta simpatía pública. Para algunos era un filántropo extravagante; para otros, un hombre que simplemente aprovechaba un contrato tal como había sido redactado. Sin embargo, dentro de American Airlines el cálculo era mucho menos romántico.

Con el paso de los años, la aerolínea comenzó a estimar las pérdidas generadas por el uso intensivo del pase. Según distintos reportes, el costo total asociado a los viajes de Rothstein superó los 21 millones de dólares. Lo que inicialmente había sido pensado como una estrategia de fidelización terminó transformándose en una pesada carga financiera.

Pases vitalicios ya no más

La tensión llegó a su punto máximo en 2008, en medio de la crisis financiera internacional que golpeó con fuerza a las aerolíneas estadounidenses. Con la necesidad urgente de reducir gastos y optimizar operaciones, American Airlines decidió revisar los pases vitalicios emitidos décadas atrás. Fue entonces cuando la empresa canceló el pase de Steve Rothstein.

La compañía argumentó que el cliente había hecho un uso indebido del beneficio y sostuvo que existían irregularidades en las reservas de acompañantes. Pero para Rothstein la decisión era un incumplimiento contractual absoluto. Él había pagado por un derecho vitalicio y consideraba que la empresa estaba intentando modificar las reglas después de haber cobrado el dinero.

El conflicto escaló rápidamente y terminó en los tribunales. Rothstein, por su parte, insistía en que nunca hizo nada ilegal. Según su visión, simplemente utilizó un beneficio que había comprado legítimamente. La disputa judicial terminó favoreciendo al pasajero en distintos aspectos del proceso y consolidó aún más su figura pública. A finales de 2012, ambas partes parecen haber resuelto su caso extrajudicialmente, con la apelación de Rothstein desestimada y las contrademandas de la aerolínea desestimadas con prejuicio.

Embed - ¡El boleto que hizo perder 21 millones a una aerolínea!