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Terapia espiritual

Tonglen, la meditación que enseña a dar y recibir

Una ancestral práctica budista, la meditación Tonglen, cultiva la compasión y sanación interior, y conecta con el sufrimiento ajeno para transformarlo en amor.

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¿Cuántas veces usted se ha sentido tan agobiado por sus problemas y preocupaciones, que se olvida del sufrimiento de los demás? Inmersos en una realidad cada vez más desafiante, local y globalmente, el instinto de supervivencia hace que, a veces y aunque sea de forma inconsciente, el egoísmo sea más fuerte que la solidaridad. Y eso también genera angustia. Un viejo remedio contra esos conflictos existenciales es la meditación Tonglen, una suerte de terapia espiritual que viene del Tíbet, mediante la cual aprendemos a abrirnos a la experiencia de los demás y a reconocer que todos compartimos un deseo común de ser libres del sufrimiento.

Su práctica sistemática y honesta permite desarrollar una mayor empatía y comprensión hacia los demás, fomentando una actitud de bondad y compasión en nuestro diario interactuar. O, para decirlo más bonito, nos ayuda a abrir el corazón y conectarse con el sufrimiento de los demás.

A medida que practicamos Tonglen, comprendemos que el acto de dar y recibir está intrínsecamente vinculado: al dar compasión y amor a los demás, recibimos sanación y transformación personal. Nos volvemos mejores personas, más solidarias.

En el ámbito de la comunicación social, sería algo así como el “role taking” (asunción de roles), o sea, ponernos en la piel de los demás para entender sin juzgar, y en consecuencia aceptar y ayudar.

Parte inevitable

La meditación Tonglen va más allá de conectar con el pesar ajeno, pues nos ayuda a reconocer que el sufrimiento es parte inevitable de la experiencia humana y que todos lo sentimos en diferentes grados. Al aceptarlo y abrazarlo, desarrollamos una mayor capacidad para enfrentar los desafíos de la vida con paciencia y comprensión.

Dicha aceptación también nos permite dejar de lado el miedo y la resistencia, abriendo el camino hacia la sanación y la transformación personal. Además, nos libera del apego y la aversión, factores que, a menudo, influyen en nuestras reacciones emocionales hacia personas y situaciones.

Al practicar Tonglen, aprendemos a soltar esas emociones aflictivas y a cultivar una actitud de desapego, liberándonos así de la influencia negativa de emociones tóxicas, y sintiendo una mayor paz mental y claridad. Somos más abiertos y receptivos. Y cuando ayudas a disipar el sufrimiento de los demás, reemplazándolo por paz y felicidad, generas un impacto positivo en sus vidas y en la tuya.

¿Cómo se logra?

Esta práctica budista se le atribuye al maestro indio Atisha Dipankara Shrijnana (982–1054), aunque su principal gurú contemporánea es la monja Pema Chödrön, célebre por su interpretación del budismo para el público occidental.

Para Chödrön, esta meditación ayuda a cambiar nuestra actitud hacia el “dukkha” o sufrimiento: en vez de huir de él, podemos permitirnos sentirlo en primera persona, y eso nos puede ayudar a ser más amables con nosotros mismos y también con los demás.

La técnica, a priori, es simple: con cada inhalación, tomamos el dolor del otro, y al exhalar, le enviamos compasión y alivio.

De entrada, concéntrate en la respiración durante unos minutos, para serenar la mente y que puedas alcanzar un estado de quietud mental adecuado. Con cada inhalación, conecta con esos sentimientos negativos y, al exhalar, suéltalos convertidos en algo positivo. Como sea que lo imagines…

Así rompemos con la lógica común de evitar el displacer y buscar el placer. Y en esa suerte de trueque, nos liberamos de los patrones de comportamiento egoístas, comenzamos a sentir afecto por nosotros y por los demás, cuidándonos más y mejor.

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