La Flotilla Global Sumud confirmó que 56 embarcaciones zarparon oficialmente esta tarde desde Porto Xiphonio en Augusta (Sicilia), marcando el inicio de la mayor movilización marítima civil coordinada hasta la fecha, con rumbo a Gaza. Tres uruguayos siguen navegando en esta dirección.
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Bajo la mirada de simpatizantes y medios de comunicación congregados a lo largo de la costa de Augusta, las embarcaciones abandonaron sus amarres. A medida que la flota avanza hacia el este, entra en una fase operativa caracterizada por presencia constante, visibilidad internacional y crecientes repercusiones políticas.
La flotilla es acompañada por importantes actores internacionales, como el Arctic Sunrise de Greenpeace y el buque de rescate Open Arms, que navegan junto a la flota como parte de la misión humanitaria. Su presencia refuerza tanto la capacidad operativa de la misión como el creciente apoyo global para desafiar el bloqueo ilegal israelí y garantizar un acceso humanitario seguro.
Objetivos claros
La flotilla parte con metas definidas como desafiar el bloqueo ilegal israelí, impulsar la apertura de un corredor humanitario permanente e intensificar la presión internacional coordinada sobre gobiernos y empresas cómplices de su imposición. Esta escalada se fundamenta en la Declaración de Bruselas, adoptada el 22 de abril por cientos de parlamentarios de todo el mundo reunidos en el primer Congreso Parlamentario Global Sumud.
Dicha declaración afirma que, ante las continuas violaciones del derecho internacional y la obstrucción del acceso humanitario, es necesario pasar de la denuncia a la acción, e insta a adoptar estrategias coordinadas como el boicot, la movilización laboral, la presión política y la desobediencia civil no violenta.
Un acto de resistencia civil internacional
Desde la Coordinación por Palestina Uruguay, que difundió el comunicado, se destaca que esta flotilla no es un acto aislado, sino que forma parte de un creciente esfuerzo internacional para exponer e interrumpir los sistemas que sustentan el bloqueo, desde las rutas marítimas globales hasta las políticas estatales.
A medida que los buques se adentran en aguas italianas, la misión entra en una fase en la que cada milla recorrida adquiere un peso político, legal y humanitario cada vez mayor. "Este viaje representa un acto coordinado de resistencia civil internacional en el mar. Cuando las instituciones fallan, la gente actúa", concluye el comunicado.