Una por que frena, otra por que acelera. Una por que se achica, otra por que aumenta. Distintas causas, iguales consecuencias. La primera es la economía, que se enlentece; la segunda, las protestas de Hong Kong, que se extienden. Ambas representan el peligro más serio que enfrenta Xi Jinping desde que asumiera la Secretaría General del Partido Comunista de China (PCCh) en noviembre de 2012 y la máxima magistratura del Estado en marzo de 2013.
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Los efectos de la guerra comercial con Estados Unidos comienzan a sentirse. Los datos de la Oficina Nacional de Estadística, correspondientes al segundo trimestre del año, revelan un crecimiento de 6,2% que, no obstante esté alineado a las previsiones del gobierno, representa la tasa más baja desde que empezaron a publicarse las estadísticas trimestrales en 1992.
El Fondo Monetario Internacional calcula que el crecimiento del año en curso será de 6,2% -una décima de punto menos que su pronóstico inicial-, el más débil en tres décadas. Días pasados el primer ministro Li Keqiang reconoció que será “muy difícil” superar ese fatídico 6%, el mínimo de los mínimos para satisfacer la demanda de las decenas de millones de jóvenes trabajadores y profesionales que anualmente se incorporan al mercado del trabajo.
Durante el mes de agosto las exportaciones chinas cayeron 1%, según los últimos datos oficiales, una caída inesperada dado que en julio habían aumentado 3,3% y las previsiones para agosto eran de un crecimiento de 2,1%. A todas luces estas pérdidas -consecuencia directa del recrudecimiento del enfrentamiento arancelario con Estados Unidos- representan un golpe para un país cuyas exportaciones aumentaban de a dos dígitos durante la mayor parte de los últimos 30 años.
El dato más alarmante se conoció esta semana: la producción industrial del mes de agosto creció solamente 4,4%, el menor índice desde 2002, cuando las calles de Beijing aún eran dominadas por las bicicletas.
El gobierno reaccionó a estos datos negativos con una serie de medidas de estímulo a todos los niveles, desde la administración central hasta los gobiernos provinciales y locales. Por su parte, el banco central -apostando a una inyección extraordinaria de liquidez para reactivar la demanda, la inversión y el consumo de las familias- anunció una reducción de los encajes obligatorios (la sexta del año) a su nivel más bajo desde 2007. Y para los próximos días se espera una baja de la tasa de interés de referencia.
La devaluación del yuan -que ha alcanzado su cotización más baja en 11 años- no ha impedido la caída de las exportaciones, las cuales, según los especialistas, podrían ser ayudadas por la depreciación de la divisa, pero no contrarrestarían por completo el impacto de las sanciones norteamericanas.
Precisamente, en un gesto distensivo hacia Washington, China hizo saber a finales de la semana anterior y en plena festividad del Día del Medio Otoño, que eximirá de aranceles a las semillas de soja y al cerdo estadounidenses.
Dos días antes Beijing ya había anunciado que 16 tipos de productos que importa de Estados Unidos quedarán exentos durante un año y, a partir de la semana que viene, de los aranceles de 25% que les había impuesto en la guerra comercial. Entre esos bienes se encuentran medicamentos, lubricantes y pesticidas.
Por su parte, para facilitar la reunión bilateral de los principales referentes en temas de economía y comercio de ambos países a celebrarse en octubre, Donald Trump, declaró que la aplicación de la suba de aranceles al 30% sobre 250.000 millones de dólares en compras procedentes del país asiático, que debía regir a partir del 1º de octubre, se postergaba para el 15 de ese mismo mes.
Las noticias que llegan de Hong Kong distan mucho de ser tranquilizadoras para los nervios de las más altas autoridades. A pesar del ramo de olivo de retirar definitivamente el proyecto de ley de extradición que estuvo en los orígenes de las protestas de la ex colonia británica, este fin de semana -el décimo quinto consecutivo- miles de jóvenes ocuparon nuevamente las calles y los principales centros comerciales. Algunos con banderas de Estados Unidos y todos cantando, en riguroso cantonés (para diferenciarse del idioma mandarín de China continental), un nuevo himno (“la libertad pertenece a esta tierra /gloria a Hong Kong / a las armas / la revolución de nuestro tiempo”) en contraposición con el oficial de la República Popular y reclamando la renuncia del ejecutivo de Carri Lam, el sufragio universal para la elección del nuevo gobierno y la asamblea legislativa. El ala más extremista del frente opositor llegó a reclamar la separación de la ciudad puerto de la República Popular.
El viernes último, compareciendo junto a la canciller alemana, Angela Merkel, Li Keqiang dejó claro que su gobierno respalda los esfuerzos de Lam para “poner fin a la violencia y el caos de acuerdo con la ley, para restablecer el orden” y no descartó que el gobierno autónomo de Hong Kong decrete la ley de emergencia para acabar con las movilizaciones.
Beijing también teme el “efecto contagio” y que las reivindicaciones de los hongkongers se extiendan al resto del Imperio Celeste, comenzando por la provincia fronteriza de Guandong.
A finales de agosto el ministro de Seguridad Pública pidió a la policía local “defender con todas sus fuerzas la seguridad política cerrando el paso a cualquier tipo de infiltración, sabotaje y subversión a través de la gran puerta del sur [el pasaje de frontera entre la isla y China continental]”.
Inaugurando los cursos de la Escuela del Partido del Comité Central del PCCh (Academia Nacional de Gobernanza), el presidente chino advirtió que “el desarrollo de nuestro país ha entrado en una etapa en la que todo tipo de riesgos y desafíos se acumulan y concentran”, en áreas desde la economía al medioambiente, y específicamente en “Hong Kong, Macao y Taiwán”.
Xi Jinping, exhortó a los funcionarios, particularmente a los jóvenes, a mantener un espíritu de lucha para superar pruebas que pueden ser «inimaginablemente desafiantes», para esforzarse por la culminación de los objetivos de lucha fijados para los dos centenarios y por la materialización de la gran revitalización de la nación china.
En 2021 se cumplirán 100 años de la fundación del PCCh y para esa fecha China deberá culminar la construcción integral de una “sociedad modestamente acomodada” y, para 2049 -la celebración del centenario de la fundación de la República Popular-, el gigante asiático será “un país socialista moderno, próspero, fuerte, democrático, avanzado culturalmente y armonioso”.
La palabra “lucha” (douzheng) fue repetida 60 veces, como en los tiempos de la Revolución Cultural, cuando Mao Zedong convocaba a los comunistas y al pueblo todo a otro tipo de lucha, la de clases, contra los burgueses e intelectuales, que fuera y dentro del partido minaban, según el gran timonel, las bases del desarrollo de China y contaminaban la pureza de la ideología marxista leninista del PCCh.
El discurso de Xi hizo gala de numerosas metáforas bélicas, incluyendo un llamamiento a los funcionarios del partido a «ser comandantes y combatientes, y cultivar y mantener un fuerte espíritu de lucha, tener voluntad tenaz y excelentes habilidades de lucha».
Asimismo, el presidente llamó a cerrar filas para combatir y superar cualquier riesgo o desafío que ponga “en peligro a la dirección del PCCh y al sistema socialista, dañe la soberanía, seguridad y el desarrollo de China, ponga en riesgo los intereses esenciales y fundamentales del país” .
Para el “líder del pueblo”-como lo llama la prensa en estos días-, son precisamente el Partido Comunista, el socialismo con características chinas, el modelo de país y su soberanía los que se ven hoy amenazados, como nunca antes, por la situación económica y por las protestas de Hong Kong.
Para entender la gravedad de la situación hay que saber que el contrato tácito del gobierno y el PCCh con sus 1.430 millones de ciudadanos se basa en asegurarles el bienestar económico y preservar la estabilidad social y política. Son esos, y no otros, los dos pilares que hicieron posible el “milagro chino” y explican los niveles de aprobación y consenso -sin precedentes en las democracias occidentales- que recoge el régimen meritocrático de partido único entre la población.
Preservar la unidad política y territorial encarnada en el principio “un país dos sistemas” de Hong Kong y recuperar los niveles de crecimiento económico que garantice el bienestar y la estabilidad social son los dos grandes desafíos que enfrenta y que obsesionan al presidente.
En este contexto, China se apresta a celebrar el 70º aniversario de la fundación de la República Popular, la efemérides más importante de la década y que Xi comenzó a planificar desde el primer día que asumiera la Secretaría General del PCCh.