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Política

El azul pasa, el "clientelismo" queda

Mira quién habla ahora: trayectorias y necedades

Análisis de las designaciones de los principales jerarcas policiales

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Caras y Caretas Diario

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“Las redes sociales han generado una invasión de imbéciles que le dan el derecho a hablar a legiones de idiotas que antes hablaban solo en el bar después de un vaso de vino, sin dañar a la comunidad y ahora tienen el mismo derecho a hablar que un premio Nobel. Es la invasión de los necios. El drama de internet es que ha promovido al tonto del pueblo al nivel de portador de la verdad”.

Umberto Eco

 

La cuestión de la idoneidad vista a partir, de la formación técnica de los cuadros que asumen posiciones en las diferentes esferas del gobierno es, probablemente, uno de los campos donde más batalla se produce.

Estuvo presente en nuestro país, por solo referir una instancia histórica cercana, en la última campaña electoral, donde el “martilleo” sobre esta cuestión fue constante.

Un día sí y otro también, se nos decía, o se hacían circular por las redes mensajes como este del 9 de octubre: “Hay un equipo de técnicos que viene trabajando desde hace mucho tiempo para poner al país en movimiento #esahora”, afirmaba, vía Twitter, el entonces candidato a presidente, Dr. Luis Lacalle Pou.

O este otro, de nuestra actual vicepresidenta, Beatriz Argimón, quien en un acto del Partido Nacional del 22 de octubre, afirmaba: “Estamos hablando de la esperanza de nuestro futuro porque eso es nuestro proyecto de país (…) nosotros tenemos un excelente equipo de cuadros políticos, un excelente equipo de cuadros técnicos, pero además tenemos un gran candidato que ha hecho de su forma de hacer política, no ahora que está en campaña electoral, sino desde que empezó, a hacer un dirigente respetuoso, un dirigente que ha cultivado intercambios personales con referentes de los otros partidos políticos”

La alocución, mucho más extensa circula aún en formato de video y puede ser vista en una de las redes sociales, a las que aludía Umberto Eco, en la cita que encabeza esta nota.

Hace ya mucho tiempo que la política, tal cual la comprendemos hoy, ha tomado el camino de la viralización a una velocidad que marca, al mismo tiempo, sus distanciamientos con los clásicos “consejos al príncipe” del célebre Maquiavelo.

Hasta el propio Maquiavelo, ha sido convertido en un símbolo, parece que alcanza con tener, a la vista de todos y adornando despacho, un ejemplar de ese clásico de la política llamado “El Príncipe”.

Esto que pasa con el mencionado texto, reducido a pieza ornamental, pasa con la palabra política.

Y la referencia a “política”, no alude a su concepto, sino al modo en que ella se utiliza.

Para avanzar sobre esta idea es necesario “bajarla” a tierra, o lo que es igual, “bajarla” al escenario político nacional, para intentar comprender desde allí, hacia dónde estamos yendo.

Hagamos entonces un pequeño ejercicio: veamos cómo se ha configurado, en decisiones políticas adoptadas, la cuestión de la idoneidad técnica.

No usaremos como ejemplos, aquellos en los que el Poder Ejecutivo, ha quedado “prisionero” de sus alianzas, allí queda, si se quiere el último resto de lo que Maquiavelo aconsejaba.

No hablaremos de Salud Pública, un ministerio cuya composición y procedencia jerárquica, ya ha tratado nuestro medio de forma clara y contundente.

Concentrémonos, en las designaciones en el ministerio del Interior, más específicamente en las jefaturas de Policía y para ello, conduzcamos el análisis, a partir de las condiciones que se nos dijera, durante toda la campaña electoral, tendrían que tener quienes dirijan en este ámbito tan sensible del gobierno nacional.

Las categorías a utilizar para este ejercicio, nacen de las propias definiciones políticas establecidas por aquellos que hoy dirigen el gobierno.

En el caso concreto del ministerio del Interior, las categorías base, si atendemos a los dichos durante la campaña electoral y las críticas furibundas a la gestión anterior en materia de seguridad pública, serían: idoneidad técnica, experiencia, conocimiento del territorio, relacionamiento con la población y, por último, pero no por ello, la menos relevante: que no haya tenido una posición importante en las tareas policiales desarrolladas durante el gobierno del Frente Amplio.

Veamos, inicialmente, cómo se expresan las mismas en las designaciones de los diferentes jefes de Policía: el 57.8% de las designaciones cumplen el requisito de la idoneidad técnica, es decir, se observa a lo largo de su trayectoria de formación policial un desarrollo positivo y relevante.

Se trata de una formación técnica básicamente policial, en tanto apenas dos (10,5%) de los designados ostentan algún título de licenciatura, mientras que, otros dos de los jefes designados tienen titulación de Maestría (10,5%).

El 68,4% tiene experiencia en el trabajo de dirección y mando policial, mientras que, en lo que ha conocimiento del territorio se refiere, el 63,1% se ubica en una posición positiva.

Hasta acá, ninguna sorpresa, la “llegada” a altos cargos policiales, aunque obedezca a decisiones políticas debe “respetar” algunas normativas legales y otras que, aunque no se escriban, funcionan como verdaderos códigos dentro de la fuerza policial, al punto que, si se desconocen, pudieran conducir, a actos de desobediencia relevantes.

En este sentido, no hay que olvidar, por ejemplo, lo que pasó con el actual director Nacional de Policía, cuando fue designado, en su momento, como jefe de Policía de Montevideo, situación que condujera a su renuncia y prácticamente a su “desaparición” en las noticias del mundo policial.

Desde esta perspectiva y atendiendo a los grados de mando existentes en la Policía Nacional y excluyendo los grados “especiales” destinados al Director y subdirector nacional de la Policía, tenemos que, de los nuevos jefes designados: 13 ostentan el grado máximo previsto por la Ley Orgánica Policial, es decir son Comisarios Generales, mientras que, los seis restantes, ostentan el grado de Comisario Mayor.

A diferencia del anterior director Nacional de Policía, que ostentaba el grado de Comisario General (R), el actual director Nacional de Policía, ostenta el grado de Comisario Mayor (R), mientras que, el subdirector Nacional de la fuerza policial es Comisario General (R).

En una estructura de mando tan verticalizada, como la de la Policía, estas diferencias son relevantes y desconocer como ellas operan, al interior de los relacionamientos y subordinaciones, significa desconocer la cultura institucional de la misma.

¿Será por eso que, cada vez que se emprende una de las operaciones que, al decir del actual ministro del Interior, “nunca se hicieron en 15 años”, estas son dirigidas por él y no por el director nacional de Policía?

¿Se resuelve así, con la presencia política, la disparidad que se revela en los grados policiales entre el “que manda” y los “subordinados”?

No son estas, interrogantes menores y en la fuerza policial mucho menos.

Pero no nos detengamos en “minucias” de cultura institucional, observemos ahora, cuántos de los jefes designados tuvieron posiciones de mando policial relevantes durante los gobiernos del frente Amplio.

Del total de jefes policiales designados por el nuevo gobierno, 14 (73,68%) ocuparon posiciones de mando durante los gobiernos del Frente Amplio y esto sí que es una sorpresa.

Y lo es, aunque no más sea, porque fue a través de estos mandos que se desarrollaron las acciones policiales concebidas por los gobiernos del Frente Amplio y que tanto criticara el actual ministro del Interior durante el período electoral.

No hay que acudir a banales interpretaciones sobre esto, la explicación puede ser tan sencilla como esta: la Policía Nacional ha ido transitando, sin mayores problemas, a una clara subordinación política, de modo que, sea quien sea el que gobierne, ella cumplirá con lo que se disponga.

Si esta explicación no fuera de recibo, habría que avanzar hacia otras que sugieren posibles acciones de “resistencia”, “sabotajes” a las decisiones políticas anteriores, que las hubo, que fueron individualizadas y derivaron en sustituciones de altos mandos, pero que no conforman, digamos así, “el espíritu” del mando policial desde una perspectiva de su “cultura institucional”.

Sin embargo, lo más relevante de este último dato, es que permite afirmar que gran parte de la experticia policial adquirida por estos jefes actuales, emerge de su paso por cargos de dirección durante los 15 años de gobierno del Frente Amplio.

Y es justamente acá, donde la evidencia derrumba algunas de las afirmaciones electoreras del ministro y desnuda su pensamiento político en clave de seguridad, autoridad y orden.

Se afirma que lo desnuda, no que lo ocultara, el ministro desde siempre señaló, entre otras cuestiones que: «Venimos con el objetivo de restituir el orden y el respeto» y esto para el ministro se alcanza potenciando el accionar represivo de la policía y legitimando el mismo desde la política, en tanto se parte del supuesto de “desprotección policial” para el cumplimiento de la “protección social”.

En ese interjuego, entre “el que protege” y “lo que se protege”, se desdibuja la centralidad del cómo se realiza y sostiene el accionar policial y todos sus posibles desequilibrios.

En este sentido, el ministro ha sido claro: la primera tarea del ministro del Interior es proteger y legitimar el accionar policial y si este accionar es puesto en dudas, o es criticado, es la mejor evidencia de que quien lo hace, es un potencial aliado del delincuente, una alianza que es políticamente sostenida afirmando que a “estos defensores” no les importa la “gente”.

Y si sus declaraciones no alcanzan para ejemplificar lo anterior, veamos lo que ha pasado, por ejemplo, con el famoso “operativo” de Malvín y el modo en que, a pesar del accionar de la justicia, se insiste en el veredicto policial que legitima lo actuado.

Este lunes 28 de abril, el diario El Observador, publicó una entrevista a quien se presenta como nuevo director de Convivencia y Seguridad Ciudadana del Ministerio del Interior (en la página del ministerio del Interior esa designación no aparece en el listado de las autoridades), el señor Santiago González donde este evaluaba la situación que se había originado en Malvín en los términos siguientes:

“Fue un operativo policial importante, como va a haber varios. No voy a hablar puntualmente del operativo, porque está en el análisis como siempre, del director de la Policía y del ministro. Pero es normal que, si hay gente que está cometiendo delitos, no quiera esa presencia policial. Como bien dijo el ministro, vamos en defensa de los vecinos. En los barrios hay gente que es vecina y hay otra que no. Muchas veces sucede que hay gente que se camufla en los barrios, pero son delincuentes y punto”, señaló.

Para este flamante funcionario, quien además se presenta como asesor del ministro en temas carcelarios, no es tarea del responsable de Convivencia y Seguridad Ciudadana, atender las denuncias que se realicen debido a posibles desbordes policiales, como los ocurridos en el operativo ya mencionado, en este sentido y ante la interrogante del periodista sobre si la situación de Malvín no revelaba una situación de convivencia, fue categórico: “Hay una situación de convivencia está bien. Pero hay que ver de todo lo que se dice qué es cierto y qué no es cierto”.

Sin embargo y a pesar de este “seudo reconocimiento” de una situación de convivencia, más adelante, ante la insistencia del periodista sobre si había entablado diálogo con los habitantes de la zona, afirmó: “No es importante mí rol en este caso ¿Por qué? Porque hubo un operativo, después hubo denuncias y se verá qué sucede con esas denuncias. De estos operativos va a haber muchos. Hubo y va a seguir habiendo”.

Hagamos con este jerarca lo mismo que se hizo más arriba, con los mandos policiales designados, veamos su idoneidad técnica, experiencia, conocimiento del territorio y relacionamiento con la población.

En este caso no será necesario indagar mucho, el propio entrevistado, que afirma no desarrollará una exposición “estridente” como la que califica tuvo su antecesor nos dice sobre sí mismo:

“No, yo vengo de la actividad política de toda la vida. Y mi formación ha sido el conocimiento de la realidad. No sé qué…”, expone ante la pregunta sobre su formación académica.

“Yo creo que tengo una enorme vocación de servicio, una capacidad de trabajo muy grande y de escuchar mucho y de hablar bastante poco”, agrega cuándo se le contrasta con la formación del otrora director durante el gobierno del FA.

De acuerdo a lo publicado en la entrevista de marras, el señor González: “tiene 46 años, estudió en el Instituto Profesional de Enseñanza Periodística (IPEP) y cursó hasta tercer año de Derecho, una carrera que abandonó porque no quería ser abogado, sino político. Militó durante 20 años con Jorge Larrañaga. En su cuenta de Twitter se define como “Larrañaguista (…) Fue secretario personal del hoy ministro del Interior, llegó a ser su chófer, fue también secretario de la Cámara de Senadores…”.

Estamos sin dudas, ante una nueva versión del tipo “soldado del Foro Batllista” que alguna vez supo tener este inmenso paisito, con mucha distancia, es cierto, porque aquél “soldado” que hace rato depuso las armas, gozaba de otras credenciales.

No hay acá ni formación, ni experiencia, ni experticia en el contacto y relacionamiento con la población y mucho menos, cualquier atisbo de idoneidad técnica, ni en el tema Convivencia, ni mucho menos, en el de las prisiones y si lo dudan veamos lo que dijo al respecto: “Estoy mucho en el tema cárceles (…) Pero sin tanta oficialidad. Es un tema que me gusta, como me gusta el tema Convivencia…”.

A diferencia de los altos mandos policiales, cuyas designaciones, además de ser políticas se fundan en otras valoraciones de trayectorias efectivas y eficientes, el flamante “dual” funcionario del ministerio del Interior, no arribó a dicho puesto recorriendo ningún áspero camino, él mismo lo relató de este modo:

“Sobre la dirección propiamente dicha lo charlé con Jorge muy poquito antes que él asumiera”.

Imagino la cara del colega durante toda la entrevista y ante las respuestas del entrevistado, del mismo modo que ahora, imagino las reacciones de quienes lean esto: hay carreras y “carreras”, a unas las sostiene el esfuerzo y un sinnúmero de sacrificios, a las otras “carreras” las sostiene el viejo “clientelismo” que, al parecer ha vuelto a ingresar en el viejo edificio de la calle Mercedes.

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