Desde ámbitos religiosos y de la sociedad civil estadounidense también se alzaron denuncias. Jim Winkler, expresidente del Consejo Nacional de Iglesias de Cristo, calificó el bloqueo como innecesario e inmoral. El movimiento Pastores por la Paz subrayó que el cerco económico ha sido el principal responsable de las dificultades de Cuba y llamó al pueblo estadounidense a intensificar su solidaridad frente a la escalada agresiva.
La condena trasciende fronteras. En América Latina, la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, reafirmó la disposición de su Gobierno a brindar ayuda humanitaria y respaldo energético, subrayando que se trata de una cuestión de solidaridad con el pueblo cubano. Organizaciones y partidos políticos de la región, como el Foro de São Paulo, la CUT de Colombia, el Partido Comunista de Brasil y fuerzas políticas de Perú, coincidieron en denunciar el bloqueo como una política de castigo colectivo, violatoria del Derecho Internacional y orientada a la desestabilización política.
Un bloqueo injustificado
Desde Europa, el Partido Comunista de Noruega calificó el intento de bloquear totalmente el suministro de combustible como un acto cruel e ilegal, que profundiza un asedio económico ya brutal. La Asociación Americana de Juristas, por su parte, alertó que la orden ejecutiva constituye una peligrosa escalada colonialista y exigió el respeto a la Carta de las Naciones Unidas, el fin del bloqueo y la devolución del territorio ocupado en Guantánamo.
Incluso el papa León XIV expresó su preocupación por el deterioro de las relaciones entre ambos países y llamó a evitar cualquier acción que incremente el sufrimiento del pueblo cubano.
La respuesta internacional es clara y contundente porque el recrudecimiento del bloqueo carece de justificación política o moral y constituye una agresión criminal contra un pueblo soberano. Frente a esta política imperialista, el mundo vuelve a colocarse del lado de Cuba, de su derecho a vivir sin asedio y de su digna resistencia.