Después de meses defendiendo a Manuel Adorni con la misma convicción con la que se defendieron cada una de las polémicas del Gobierno, el presidente de Argentina, Javier Milei, terminó haciendo aquello que tantas veces negó que haría: aceptar la salida de quien fue su vocero, su espada mediática y uno de los rostros más visibles de La Libertad Avanza.
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La renuncia llegó tras un creciente desgaste político y judicial. Las investigaciones sobre la evolución de su patrimonio, las inconsistencias señaladas en sus declaraciones juradas y la posibilidad de tener que dar explicaciones en el Congreso fueron convirtiendo a Adorni en un problema demasiado pesado para una administración que hizo de la lucha contra "la casta" su principal bandera.
Javier Milei contra los medios
Durante meses, el Gobierno sostuvo que todo formaba parte de una operación mediática. Sin embargo, cuando las preguntas empezaron a multiplicarse y las respuestas escaseaban, el relato cambió de velocidad. Lo que hasta ayer era una persecución pasó a convertirse en una carga incómoda.
La decisión no parece responder a una cuestión ética sino a una lógica de supervivencia política. Si el escándalo seguía creciendo, el daño ya no alcanzaba únicamente al vocero: amenazaba con golpear el corazón mismo del oficialismo.
El propio Milei había anticipado, durante una gira por España, que si la Justicia encontraba responsabilidades, Adorni sería desplazado. Un día después, la renuncia estaba sobre la mesa. Casualidad o sincronización política, cada lector sacará sus conclusiones.
En su carta de despedida, Adorni denunció haber sido víctima de hostigamiento mediático contra él y su familia y negó haber cometido delitos. Es la explicación habitual cuando la política deja de ofrecer micrófonos y empieza a ofrecer expedientes.
Repercusión fuera de Argentina
La repercusión cruzó rápidamente las fronteras argentinas. Diversos medios internacionales describieron la salida como el mayor golpe político sufrido hasta ahora por la administración Milei y observaron con atención el impacto que el episodio podría tener sobre la imagen del Gobierno en el exterior.
Paradójicamente, un gobierno que llegó prometiendo terminar con los privilegios terminó enfrentando preguntas sobre uno de sus funcionarios más cercanos. La diferencia entre "la nueva política" y la vieja parece reducirse, una vez más, a quién ocupa el atril durante la conferencia de prensa.
Porque en la Argentina de Milei la motosierra sigue funcionando, pero cuando el ajuste amenaza con alcanzar al poder, siempre aparece un fusible dispuesto a quemarse primero. Y esta vez ese fusible tuvo nombre y apellido: Manuel Adorni.