Después, claro, viene el modelo neoliberal más duro y con un mensaje muy claro de
individualismo, de que lo importante es que tenemos que ser empresarios de nosotros mismos, y van debilitando todo el campo de lo colectivo, de lo comunitario, y luego viene ya la crisis de 2008 y directamente pasan al nihilismo, es decir, a plantear que quien se preocupe de los colectivos es imbécil y ahí está Milei insultando, Donald Trump insultando y al mismo tiempo insultan a lo comunitario y lo colectivo.
Si no entiendes lo que te pasa, si estás confundido y los canallas están envalentonados, lo que tienes es una parálisis y, por tanto, he intentado en ese libro salir de la indiferencia invitando a la gente a que se salga de su propia realidad y se mire desde fuera y así pueda entender que estamos yendo hacia el desastre, que es verdad que hay mucha confusión, hay nazisionistas, que es como ya no entender absolutamente nada de lo que está pasando, pero también hay mucho dolor en el mundo. Hay guerras otra vez en Europa; un genocidio en Palestina delante de nuestros ojos, donde no somos capaces de responder; hay un deterioro medioambiental que lo normalizamos, que como está ocurriendo en muchos sitios ya se da por sentado que va a haber crecidas de los ríos, huracanes, tifones y lo que hay que hacer solamente es adelantarnos para tapiar las casas. Bueno, pues cuando ya se lleven varias poblaciones por delante y mueran cientos de miles, diremos “¡qué idiotas hemos sido!”, ¿no?
De alguna manera, por resumir, el libro es una respuesta a la película “No mires arriba”, es un intento de ayudar a la gente a despertar.
Parece que estamos en una etapa donde las pantallas de alguna manera se han convertido en las viejas sombras de la época de las cavernas. La pregunta es, si se lograra de alguna manera decir “no puedo estar todo el tiempo percibiendo la realidad a través de la pantalla”, ¿cómo se vuelve al territorio?
Hay un problema y es que nadie escarmienta en cabeza ajena y la evolución de la humanidad es a base de golpes, y entonces a partir de los golpes, gente que había adelantado lo que iba a ocurrir, vuelve a ser escuchada y se puede articular algo. Yo no creo que sea muy sencillo ahora que de repente la gente entiende que tiene que dejar de consumir, que hay que decrecer, a los niños hay que obligarles a que no usen la tableta y el celular y se enfaden con sus padres. Yo creo que llevamos medio siglo de invitación a desentendernos de la marcha del mundo y por tanto no creas que soy muy optimista. Es más fácil derrotar en unas elecciones a un líder neoliberal que al neoliberalismo, porque todos nos hemos hecho de alguna manera neoliberales. Todos interiorizamos el egoísmo, intuimos que lo público no funciona, que el Estado es ineficiente. Entonces yo creo que sí es cierto eso de que cuando teníamos la respuesta nos han cambiado las preguntas.
Creo que tenemos que darnos cuenta de que en realidad las preguntas siguen siendo las mismas, la de la libertad, la igualdad y la fraternidad, pero es verdad que las respuestas tienen que ser diferentes y yo he visto una cosa que no la he aprendido en los libros, la he aprendido en la vida, y es que lo que diferencia a una persona conservadora de una persona progresista es que las personas progresistas confiamos en la gente, hay como un depósito de confianza en el ser humano que, si no lo tienes, es que ya te han derrotado. Tenemos que pensar que en otros momentos de la humanidad el ser humano se ha dado cuenta y ha respondido, esa es una suerte de optimismo trágico, no de pesimismo esperanzado.
Como América Latina, donde ves que está el continente en disputa, que es verdad que están los Milei, los Noboa, los Bolsonaro… pero también están los Lula y están los Maduro, y están los Boric, las Sheinbaum, los Petro, Orsi en Uruguay; es decir, hay como movimientos donde se está haciendo posible lo que parecía imposible y ahí están México y Colombia, que eran dos países tomados por el narco y que, sin embargo, ha ganado la izquierda y están dando soluciones a sus países.
Yo creo que caer en el pesimismo es entregar la mitad del armamento.
Ahora estos nuevos progresismos, por lo menos en América latina, no tienen mucho que ver con aquella primera ola progresista de principios del siglo. ¿Qué debates se deberían dar dentro del progresismo en el campo de lo cultural, de lo político, de lo social?
En el cambio de siglo es la primera respuesta a un acumulado de energías utópicas que vienen de los años 70, que es cuando se empieza a aplicar el modelo neoliberal, es decir, que en Venezuela gana Chávez en el 98, pero 10 años antes había tenido lugar el Caracazo; en México gana López Obrador, pero es que venía desde el año 82 del giro neoliberal del PRI. Gana Boric después del estallido social y decían los medios de la derecha “¿por qué protestan? Solamente ha subido el transporte 30 céntimos”, pero se decía: “No son 30 céntimos, son 30 años”. Entonces ahí hay un movimiento social muy fuerte que encarnan esos gobiernos de cambio. Ha tenido lugar el foro social mundial, que es un aglutinador de una manera diferente de mirar las cosas. Surgen presidentes que no son de la izquierda tradicional y que, por lo tanto, no saben que el sujeto revolucionario es la clase obrera y entonces van a hacer su revolución con lo que tienen.
Yo recuerdo una pintada que decía “menos mal que no sabía que era imposible”, entonces, eso también se desgasta por errores, porque la derecha también aprende, porque baja el ciclo de las commodities de las exportaciones de productos de materias primas que habían dado muchos recursos, pero fíjate que cuando regresa la derecha en Argentina, regresa con medio país en contra. Es verdad que gana Macri, pero con medio país en contra, y cuando después regresan otra vez, Boric gana, gana Petro y se mantiene Maduro, gana Orsi… Es decir, hay de todo. Hay un acumulado que no se pierde y, por tanto, yo diría que no seamos tan derrotistas de no darnos cuenta de que todos esos gobiernos de cambio han dejado una huella en los países porque mejoraron la vida de la gente, es decir, hemos perdido algunos sitios por muy poquito y también haciendo trampas como en Ecuador.
¿Qué reinventar entonces?
Yo estoy convencido de que tenemos que ir primero hacia partidos en movimiento; mi experiencia es que donde ha fracasado la izquierda es porque no han construido el partido en movimiento y un partido en movimiento es un partido que no es un partido jerárquico, no es un partido tradicional, no es un partido de corte leninista que las órdenes van de arriba a abajo y no se explica más. Es un partido muy vinculado al movimiento social, donde el partido es más importante que los cargos institucionales, es un partido que está constantemente donde está la ciudadanía, expresando su cuaderno de quejas.
Hay que recuperarlo porque falló el partido en movimiento en Ecuador y perdimos el gobierno; falló el partido en movimiento en Argentina. El partido en movimiento está fallando en Bolivia y es muy probable que se pierda Bolivia; el partido en movimiento dejó de ser eficaz en Nicaragua y no sabemos bien qué está pasando.
Creo que el partido en movimiento es la gran exigencia de la izquierda mundial y al mismo tiempo que esto, un partido, un movimiento olvida la pelea entre reformistas y revolucionarios y asume que tenemos que ser reformistas y revolucionarios que, como dicen los chinos, hay que cruzar el río tanteando las piedras, pero no hay que perder de vista el horizonte moral, de transformación, de superación del capitalismo, de superación de las desigualdades que marca siempre revolución y ambos, reforma y revolución que a lo largo del siglo 20 despreciaron una rebeldía. Hay que incorporarla porque la rebeldía es la parte más hermosa de lo libertario que no se puede dejar.
Entonces yo creo que el partido en movimiento, más que seamos todos revolucionariamente reformistas y rebeldes, forma parte del escenario porque no gestionaremos el capitalismo, sino que también tendremos el horizonte de transformarlo, buscaremos poner en marcha
herramientas que no se basan solamente en la redistribución de la renta, como hizo la marea roja a comienzos del siglo XX; tiene que incorporar la pelea medioambiental, porque es brutal.
Hay que incorporar a las mujeres como el primer actor, la primera actriz política, que es básica para poder reinventar la nueva política y aprender también de ese primer movimiento: el internacionalismo, que es un poco a lo que nos ha convocado aquí Bolívar como excusa para pensar regionalmente América Latina, pero luego también tendrá que ser con Europa, tendrá que ser con África, tendrá que ser con Asia, con el mundo árabe.