Si por algo se distinguió la ceremonia de los premios Grammy, celebrada este domingo primero de febrero en Los Ángeles, fue por los discursos con referencias directas a problemáticas sociales y políticas en Estados Unidos. Distintos artistas aprovecharon el escenario para expresar declaraciones vinculadas a la migración, la violencia política, la identidad y el avance de discursos de odio en medio en EEUU.
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El artista Bad Bunny, al recibir el premio al mejor disco del año, dijo: “Fuera ICE. No somos salvajes, no somos animales, no somos ‘aliens’. Somos humanos. Somos americanos”, en alusión al Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de EEUU y como rechazo a las políticas migratorias que él y otros críticos consideran agresivas y deshumanizantes.
Billie Eilish también abordó este tema en su discurso por la mejor canción del año, usando un pin con la consigna “ICE out” y afirmando: “Nadie es ilegal en un país construido sobre tierra robada”.
Operaciones de la ICE
En las últimas semanas se han registrado protestas y enfrentamientos en distintas ciudades de EEUU tras operaciones de la ICE con el uso de tácticas que organizaciones de derechos civiles y autoridades locales han cuestionado con fundamentos irrefutables. En Minneapolis, en particular, activistas y sindicatos impulsaron una huelga general como parte de las protestas contra las redadas federales y la actuación criminal de agentes migratorios.
Durante la gala, la cantante SZA manifestó: “Vivimos en una sociedad agotada por la violencia política, el miedo y la incertidumbre”, reflejando un sentimiento de desgaste frente a la polarización y la conflictividad política actuales. Olivia Dean, al hablar de su familia y origen, declaró: “Recordar de dónde venimos también es una forma de desmontar el discurso del odio”. Shaboozey, en un tono más directo, cuestionó: “¿Quién construyó el país? ¿Quién lo sostiene? ¿Y a quién se está señalando hoy como enemigo?”.
Un momento comentado de la noche fue la mención del presentador sobre la ausencia de Nicki Minaj con la frase traducida al español como “Nicki Minaj no está aquí. Está todavía en la Casa Blanca”, que fue interpretada por muchos asistentes como una crítica a su alineamiento político y generó reacciones del público.
En conjunto, la entrega de los Grammy de este año reflejó cómo la música y la cultura popular funcionaron como plataformas para traducir en palabras las tensiones que atraviesan a la sociedad estadounidense en este momento.