Nebenzya remarcó que Maduro es “el presidente legítimamente electo de un país soberano” y subrayó que “cualquier problema o conflicto entre Estados Unidos y Venezuela debe resolverse mediante el diálogo”, tal como lo consagra la Carta de las Naciones Unidas. En ese sentido, cuestionó que algunos Estados apliquen sus principios “de manera selectiva”, lo que, a su juicio, ha derivado en un escenario internacional marcado por la arbitrariedad. “Hoy enfrentamos las consecuencias de esta irresponsabilidad y selectividad en la aplicación de las normas del derecho internacional”, señaló.
Solidaridad con Venezuela
El representante ruso expresó además la “profunda solidaridad con el pueblo venezolano ante la agresión externa” y aseguró que su país apoya “firme y completamente la política del gobierno bolivariano de protección de los intereses nacionales y la soberanía del país”. Recordó, además, que las acciones de Washington ya fueron condenadas por “numerosos Estados y asociaciones multilaterales”, entre ellos el Movimiento de Países No Alineados, la Unión Africana y el Grupo de Amigos en Defensa de la Carta de la ONU.
Nebenzya también cuestionó lo que definió como “susurros apenas inteligibles y los intentos de eludir valoraciones de principios” por parte de países que, en otros contextos, “exigían con vehemencia el cumplimiento de la Carta de la ONU”. Para el diplomático, esas actitudes resultan “especialmente hipócritas e inapropiadas”.
Los verdaderos objetivos de EEUU
Nebenzya acusó a Washington de actuar con “terrible cinismo” y de no ocultar “los verdaderos objetivos de su operación criminal: establecer un control ilimitado sobre los recursos naturales de Venezuela y la afirmación de sus ambiciones hegemónicas en América Latina”. Según sostuvo, estas acciones dan “un nuevo impulso al neocolonialismo y al imperialismo” rechazados por los pueblos de la región y del sur global.
Hacia el final, el diplomático llamó a la comunidad internacional a actuar de forma conjunta: “Es de suma importancia que toda la comunidad internacional esté unida y rechace de manera definitiva los métodos y herramientas de la política militar exterior estadounidense”. Advirtió que no hacerlo implica aceptar que Estados Unidos se “autoproclame juez supremo” con derecho a “designar culpables, imponer y ejecutar castigos” al margen de la soberanía y la jurisdicción internacional.
Finalmente, planteó una serie de interrogantes sobre el futuro del sistema multilateral y de la propia ONU, especialmente en el contexto del 80.º aniversario de su Carta, y concluyó con un llamado a que Estados Unidos “reconozca la soberanía de otros Estados en lugar de dedicarse a derrocar regímenes que resultan incómodos”.