Las cifras dimensionan el desafío
En Australia hay unos 440.000 usuarios de 13 a 15 años en Snapchat, 350.000 en Instagram, 200.000 en TikTok y 150.000 en Facebook. Todas esas cuentas deberán desaparecer de un día para otro. Sin embargo, la ley no bloquea el acceso general, solo la posesión de cuentas, y aplica a un número limitado de plataformas, dejando fuera servicios muy utilizados por adolescentes como Discord, Roblox, Pinterest, WhatsApp o YouTube Kids.
La implementación recae sobre la industria tecnológica, que deberá identificar y desactivar perfiles menores de edad mediante herramientas que van desde análisis faciales hasta patrones de comportamiento escolar. El escenario promete errores, apelaciones y nuevas controversias sobre privacidad.
El Gobierno defiende la norma como una política de salud pública, comparable a las restricciones de edad para el alcohol o el tabaco. Argumenta que el objetivo es frenar el ciberacoso, la ansiedad generada por algoritmos y situaciones extremas de daño psicológico. Las empresas tecnológicas, por el contrario, consideran que la regulación es improvisada y que podría eliminar herramientas diseñadas justamente para proteger a los menores, aunque cumplirán para evitar multas de hasta 50 millones de dólares australianos.
Los propios adolescentes ya anticipan resistencia: en una encuesta de más de 17.000 jóvenes, la mayoría consideró que la medida no funcionará y que seguirá usando redes por vías alternativas.