“Ay, qué dura ’tá la olla,
Vamo’ a meterla en la sopa para ver si la apagamo’,
Olla abollada, calle y hueso,
Vamo’ a hacer con ella un caldo bien espeso”
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(J. Lazaroff)
Sara espera entregar su pote de helado de cinco litros para retirar las porciones de guiso que al menos hoy le asegura la comida de ella y sus cuatro hijos. Si bien fue sobre la hora de entrega de las viandas, la olla se atrasó y esta demorada la entrega. Está preocupada porque debió dejar a los niños solos en la casa.
En el año lectivo las comidas se resolvían entre el comedor escolar y los pesos que traía de alguna limpieza ocasional, aunque la solución la mayoría de las veces era saltearse la cena.
Los flacos pesos que recibe del Mides apenas le sirven para dejar tranquilo al dueño de la casilla que alquila que le podrá pagar el alquiler, aunque ya debe varios meses.
La olla esta en una casa de familia sobre la ruta Nº 1 en Montevido, donde los vehículos pasan a gran velocidad e indiferentes a esa larga cola que termina en la gran fogata con una olla renegrida encima.
Enrique también está en la cola y tiene en una bolsa, casi como escondida, el pote de helado de dos litros que le servirá de vianda. Es que Enrique trabajaba en una cocina y lo despidieron. En su rostro se refleja cierta vergüenza, cierta incomodidad de estar allí, y con cierta sonrisa muy triste se permite ironizar, de la mala jugada que le jugó el destino, que siendo cocinero tenga que ir a buscar comida a una olla.
Desde adentro
El sindicato bancario (AEBU), la Facultad de Ciencias Sociales, Solidaridad.uy, decidieron realizar un análisis de la situación de las ollas y merenderos en Uruguay, que a falta de financiación, se logró llevar el proyecto adelante por un convenio entre AEBU y
la Pro-fundación APFC.
Solidaridad.uy brinda los datos sistematizados, mientras el equipo de trabajo lo lleva adelante; docentes y estudiantes del programa de extensión y técnicos de AEBU.
Los motivó a conocer dicha realidad la disputa en el campo político y los distintos relatos: “Las disputas discursivas en el campo político se despliegan entre los que plantean: 1) volver a “la normalidad” recreando el estado anterior; 2) instaurar una “nueva normalidad” que se adapte a lidiar con las consecuencias de la crisis, aunque no se plantee modificar las causas que la generaron y 3) “reinventar otra normalidad” que modifique la raíz del problema -una crisis sistémica que fue dándose en el eje del capital y la vida-, creando nuevos modos de existencia para la construcción de nuevas formas de habitar basadas en la solidaridad humana y ambiental”.
El análisis enfatiza que la experiencia de ollas y merenderos mas allá del foco que en los primeros días de marzo de 2020 hicieron que los grandes medios de prensa lo cubrieran como la novedad del reciente gobierno, caen rápidamente en la invisibilidad.
“El impulso, aunque territorialmente desvinculado -en cuanto unas experiencias con otras- ha demostrado tener suficiente potencia para abarcar a grandes sectores de la población en condiciones críticas, movilizando la solidaridad de varios actores y logrando paliar, al menos parcialmente, el efecto de la crisis sobre sus necesidades alimentarias básicas inmediatas. Sin embargo, estas experiencias organizativas son comúnmente subestimadas e invisibilizadas en las formas canónicas de comprender la acción colectiva y la lucha social. Uno de los factores que incide en ello es el carácter intermitente, frágil y discontinuo”.
Las incertidumbres que quedan por responder mas allá de la experiencia concreta de la olla serían: ¿cuál es el modelo de producción, distribución y consumo que se promueve en nuestra sociedad en cuanto a la alimentación? ¿Cuáles son las causas profundas del hambre? ¿Qué puede organizarse desde la sociedad civil para revertir dicha situación más allá del problema del acceso a la alimentación de algunas poblaciones?
El universo estudiado
Comenzando el trabajo de campo en el mes de mayo de 2020, la experiencia permitió “ identificar cerca de 700 experiencias, de las cuales aproximadamente el 40% pertenecen a la capital -Montevideo- y el resto se encuentran distribuidas en el resto del país. Es de destacar que seguramente hayan sido subregistradas las experiencias pertenecientes a pequeñas localidades del interior. Dentro de este subconjunto, los dos departamentos con mayor número de iniciativas fueron Canelones y Salto. Del registro total de experiencias, se lograron encuestar 433 iniciativas (durante julio-octubre), logrando encuestar al menos el 70 % de los casos registrados en 17 departamentos y el 60 % en el caso de los dos departamentos con mayor número de experiencias: Canelones y Montevideo. Por otro lado, durante este tiempo de investigación comenzaron a emerger articulaciones entre ollas y la conformación de redes de ollas, lo cual nos representa un hecho importante desde el punto de vista de la autoorganización como experiencia común y de la creación de vínculos que se van conformando a partir de la alimentación”.
¿Quiénes las sostienen?
El relevamiento permitió identificar concurriendo “a varias reuniones, ollas, eventos públicos como ser la movilización realizada en Plaza Independencia por la renta básica de emergencia, el lanzamiento de Uruguay Adelante, la participación del primer encuentro de redes de ollas y merenderos populares llevado a cabo en Fucvam durante el cual se creó la Coordinadora popular de redes de ollas, etc. Dichas observaciones formaron parte de un registro y cuaderno de campo que nos permitió comprender distintos énfasis y posiciones dentro de la sociedad civil y la solidaridad alimentaria. Encontramos, a grandes rasgos, actores con un discurso mayormente asociado a la autonomía y autogestión, actores con fuerte procedencia e incidencia sindical y, por último, actores más vinculados al mundo empresarial con una gramática mayormente asimilada a la ‘responsabilidad social’ y el ‘voluntariado’. Con el objetivo de poder problematizar y reflexionar sobre las distintas racionalidades y perspectivas en juego, realizamos entrevistas semiestructuradas a distintos actores involucrados, como ser: solidaridad.uy, Red de Alimentos Compartidos (Redalco), Un Techo para mi País, Canastas.uy, Uruguay Adelante y distintos actores vinculados a la temática dentro del mundo sindical”.
¿Cuántas son y dónde están?
“La estimación de -al menos- 700 ollas y merenderos en el período considerad, se basa en que si bien el total registrado concretamente fue de 687, tenemos la certeza que este valor representa un mínimo a nivel país, ya que muchas experiencias no llegaron a ser registradas, principalmente en localidades del interior que no son capitales departamentales, por su difícil y poca comunicación con otras ollas/merenderos. En el mes de noviembre, se realizó un encuentro con las ollas de Rocha y al socializar nuestros primeros hallazgos del fenómeno en el departamento, en seguida nos fueron referenciadas experiencias no registradas en nuestra base, lo cual nos corrobora que si bien fueron registradas casi 700, no sería exagerado suponer que el fenómeno esté más cercano a las 800”.
Los departamentos con más ollas son Montevideo con 284 y Canelones con 142.
Dentro de Montevideo la mayor cantidad de ollas y merenderos se encuentran en el oeste de Montevideo (municipio A) con 111 empredimientos, seguidos del Municipio D con 52.
Grupos organizadores
La mayoría de los emprendimientos fueron organizados por vecinos en casas de familia (188 en 433), seguido por grupos familiares (65 en 433). Los clubes deportivos son los que siguen en la lista con cerca de 47 ollas y hay 30 organizaciones entre ollas y merenderos que funcionan como tales.
37.000 porciones diarias
La cantidad de porciones servidas acompañó el crecimiento de las ollas pero alcanzó su máximo antes, la tercera semana de abril del 2020, cuando el promedio semanal rondaba los 385.000 platos de comida, o lo que es lo mismo, las 55.000 porciones diarias. De esas porciones, 47% correspondía al interior y 53% a Montevideo.
Guillermo Pastor, de AEBU, confirmó a Caras y Caretas Portal que en promedio cada olla funciona por lo menos tres veces a la semana, algunas pocas lo hacen todos los días, y otras solo los fines de semana. En el caso de Montevideo, desde la división de Desarrollo Social de la Intendencia, que dirige Mercedes Clara, se da apoyo integral, brindando alimentos, pero también elementos de cocina incluidos ollas y gas, que en muchos casos ha permitido superar la cocción a leña.
El esfuerzo
“Para calcular el costo económico de lo que este esfuerzo implica, se considera la hora trabajada a un valor de 111,5. Lo que surge del valor hora vigente en el primer semestre del año, del laudo de peón general de cocina del grupo 12 del subgrupo 14 del convenio pautado en el marco de los Consejos de Salarios. Por lo que el costo económico del trabajo no remunerado destinado a ollas populares en el período es de $ 149 millones y el de los merenderos es de $ 39 millones. En suma, el costo económico del trabajo no remunerado destinado a sostener las iniciativas solidarias desplegadas en el período es de aproximadamente $ 188 millones. El impacto global del esfuerzo colectivo considerando el costo en alimentos y el costo en horas de trabajo se estima que, en el lapso analizado, significó aproximadamente $ 500 millones, que equivale a 0,1% del PIB generado en el mismo período de tiempo”.
(Informe: Ollas y merenderos populares en Uruguay)