Hacete socio para acceder a este contenido

Para continuar, hacete socio de Caras y Caretas. Si ya formas parte de la comunidad, inicia sesión.

ASOCIARME
Política Wilson | regreso |

DÍA DEL REENCUENTRO

39 años del regreso de Wilson y Juan Raúl

El regreso en sí mismo, bien puede definirse como el más costoso operativo militar de la segunda mitad del siglo XX en Uruguay

Suscribite

Caras y Caretas Diario

En tu email todos los días

Hoy se cumplen 39 años del regreso de Wilson y Juan Raúl a Uruguay. Tuve el privilegio de acompañarlos en su vuelta al pago chico. Mi crónica de la travesía, como la de muchos, no vio la luz en su momento. El gobierno dictatorial no nos lo permitió. Bastaba que una foto de Wilson o su nombre apareciera impresa para clausurar de cuajo la edición. Han pasado muchos años y los recuerdos siguen intactos.

Sin duda, el episodio histórico del regreso, lleno de símbolos, de la vuelta de Wilson Ferreira Aldunate y su hijo, tras 11 años de exilio y de lucha sin pausa contra la dictadura, bien vale la pena recordarlo e interpretarlo. Hoy se cumplen 39 años del regreso y hace ya 35 de su fallecimiento. Sin embargo, sigue siendo la imagen más convocante del Partido Nacional y una de los esenciales de la historia reciente de nuestro país.

El regreso en sí mismo, bien puede definirse como el más costoso operativo militar de la segunda mitad del siglo XX en Uruguay, que incluyó la movilización de la marina de guerra, el acuartelamiento total de las tropas y una campaña del miedo difundida por los medios de comunicación masiva de la época, que se dispuso para detener a un hombre desarmado que volvía a su país con su familia y 400 amigos.

La travesía para los que les tocó vivirla es inolvidable. Como dice el Sabalero, “lindo haberlo vivido pa’ poderlo contar”. Esa mañana el Centro de Buenos Aires amaneció frío, con mucha neblina, pero rodeado de un paisaje inusual cerca del Obelisco. Del primer Alíscafos que llegó temprano aparecieron las banderas azules y blancas de los amigos que llegaban para acompañar al caudillo.

A medida que pasaban las horas, en el hotel Colón, donde se albergaba la familia de Wilson, empezaron también a vislumbrarse banderas del Frente Amplio de esa columna de compatriotas que habían tenido que emigrar y cruzar el charco y querían decían presente.

A media tarde la calle Pellegrini era un hormiguero de gente. Abrazos, lágrimas, incertidumbre, pero todos pusimos proa al puerto de Buenos Aires. La subida al barco fue lenta, éramos demasiados y todos querían estar arriba del Ciudad de Mar del Plata II lo antes posible.

La despedida en el muelle de Dársena Norte fue uno de los episodios más removedores que me ha tocado vivir. Recuerdo la multitud que se agolpó despidiendo a Wilson; lleno de banderas blancas y tricolores nos acompañaron hasta el final. Daba la sensación de que querían subir y sabían que no podían. Pero allí estaban, apoyando, despidiendo.

Aquella noche, en el Mar del Plata II, fue tensa. De la emoción y el bullicio de la despedida pasamos al silencio del mar. Hacía frío. Y mucho. Entrada la noche y con camarotes escasos los más jóvenes resolvimos acampar en el salón comúnmente llamado boite.

Cantores no faltaron. Eustaquio, el Chito Sosa, Fossati, el Caballo Peyrou, Pablo Estramín, Georgiano Gularte. Hasta Gonzalo Aguirre se cantó unos tangos. Pasaban las horas y muchos arrancamos para el truco. A mi me tocó truquear con la gente del Olimar. El Serrano Abella, el recordado Wilson Elso Goñi, eran los más entusiastas.

Todo venía bien y la cantarola y el truco nos hacía pasar la noche hasta que el periodista Jorge Pasculli después de perder un partido, decidió enfilar a la cubierta y pegó el grito: “¡¡¡Estamos rodeados!!!”. Tenía razón pero era la Armada argentina que nos acompañó hasta el límite de las aguas jurisdiccionales.

Amaneció con niebla y, ahora sí, se divisó en el horizonte otro grupo de barcos de guerra. Estos sí eran los uruguayos. Esos sí que nos rodearon. Terminó cuando la patrulla P70 se acercó. Aparecieron varios gomones que todos mirábamos desde la cubierta entre sorprendidos, incrédulos y preocupados. Dos oficiales y un par de hombres rana abordaron el barco.

Wilson y Juan Raúl estaban en la proa, a estribor. Apareció en escena el capitán de navío Carlos Gianni. Técnicamente, en minutos ambos quedaron detenidos. Las marchas y contramarchas, la información que iba de un lado al otro… y los periodistas que, buscando su exclusiva, agudizaron el ingenio para poder transmitir a través de una radio argentina que a esa altura tenía mayor libertad para poder informar y colaboró mucho con los medios uruguayos que venían en el barco.

Los datos que teníamos había que transmitirlos a Buenos Aires y desde allí a Montevideo. Pero estábamos en un punto ciego. Tampoco sabíamos si alguna radio uruguaya podía sacar al aire la información recabada. Informaba a Reuters un joven Roy Berocay, a UPI el entrañable Zelmar Lissardy y a DPA, Alberto Zenga.

Después vinieron las idas y vueltas, que a Montevideo o a Punta del Este. En definitiva el Mar del Plata II rumbeó para Montevideo. La llegada no fue fácil, porque vimos bajar detenidos a Wilson y a Juan Raúl. Recuerdo que cantamos el himno, todos tomados de la mano, no lo olvidaré nunca. A mi me tocó al lado de Carlos Julio Pereyra. Lo entonamos con tanta emoción como, creo no equivocarme, no lo he hecho a lo largo de mi vida.

Enseguida vimos sobrevolar los helicópteros que se llevan a Wilson al cuartel de Trinidad y a Juan Raúl a Paso de los Toros. Y ahí si, como bien gritó un periodista amigo: “Ahora sí que estamos regalados como perejil de feria”.

El desembarco, hasta eso fue desprolijo. Primero nos iban a hacer bajar de a uno. Después en grupos. Al final resolvieron que primero la prensa. Nos fueron subiendo en ómnibus para sacarnos del puerto. Recuerdo que me tocó uno de color gris que decía Fusna. Me asustó. Nos advertían que nos iban a ir dejando en distintos puntos de la ciudad. Al llegar a Agraciada y Paysandú hicieron la primera parada en el Centro Militar. No pensé si me quedaba bien, mal, o regular, me tiré.

Corrí hasta llegar a la vieja casona del Movimiento de Rocha en la calle Uruguay. Pedí un teléfono, hablé a mi casa y tomé conciencia de que había llegado a tierra firme. Como bien dijo el periodista Roger Rodríguez, compañero de esa travesía inolvidable, la llegada tenía sabor a dignidad y aroma a libertad.

El retorno de Wilson, figura política que ya pertenece a todos los uruguayos, debe entenderse como el cimiento del Uruguay que queremos en el futuro.

Wilson nos convoca siempre a pensar en un mejor Uruguay, pero un Wilson despojado de los tironeos del wilsonismo de hoy, ese wilsonismo que tiene demasiado de oportunista y poco del legado que nos dejó el caudillo blanco.

Textos: Rosana Cheirasco

Temas

Dejá tu comentario

Forma parte de los que luchamos por la libertad de información.

Hacete socio de Caras y Caretas y ayudanos a seguir mostrando lo que nadie te muestra.

HACETE SOCIO