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Política humano | racismo |

El que no parece humano es usted

Queremos condenar política, humana e institucionalmente las expresiones del edil nacionalista Osvaldo Matteu

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Con indignación, vergüenza ajena, asombro y una profunda tristeza queremos condenar política, humana e institucionalmente las expresiones del edil nacionalista Osvaldo Matteu. Lo hacemos no sólo por la gravedad de sus palabras, sino por la responsabilidad que implica ocupar un cargo de representación pública y por el daño que este tipo de declaraciones provoca en la convivencia democrática.

Sus dichos resultan incompatibles con los valores de igualdad, dignidad, respeto y derechos humanos que deben orientar la actuación de quienes ejercen funciones públicas y, en realidad, de toda la sociedad.

A esta altura cabe preguntarse: ¿todavía hay quienes dudan de que el racismo existe en Uruguay? ¿Todavía hay quienes creen que estas expresiones son simples opiniones sin consecuencias? ¿Ni siquiera hechos tan evidentes motivan a revisar prejuicios, aprender y construir una convivencia más justa?

Cuando una autoridad afirma que las personas afrodescendientes son "seres humanos igual que nosotros", instala una frontera donde no debería existir ninguna. Porque el problema no es sólo la frase: es la mirada que la sostiene. Una mirada que coloca a unos en el lugar de quienes reconocen y a otros en el lugar de quienes esperan ser reconocidos.

Las personas afrodescendientes no somos seres humanos porque alguien lo diga. Lo somos desde siempre. No hay que ganar la humanidad, ni la dignidad, ni el derecho a existir. Lo que sí se ha debido conquistar, a lo largo de siglos, es el reconocimiento efectivo de derechos que fueron negados por la esclavitud, el racismo y la discriminación.

Por eso resulta igualmente preocupante afirmar que "hoy tienen su lugar porque lo ganaron en buena ley". Los derechos humanos no son premios, no son favores y no son concesiones otorgadas por la buena voluntad de nadie. Son inherentes a todas las personas. Lo que las poblaciones afrodescendientes han conquistado con su lucha es que la sociedad y el Estado comiencen, aunque todavía insuficientemente, a reparar injusticias históricas y a reconocer desigualdades que persisten hasta hoy.

Uruguay reconoce oficialmente que la población afrodescendiente ha sido víctima de racismo, discriminación y estigmatización. Existen leyes, políticas públicas y medidas reparatorias porque la igualdad formal nunca alcanzó para corregir las desigualdades reales.

Quien ocupa una banca en representación de la ciudadanía tiene el deber de contribuir a la convivencia democrática y al respeto de los derechos humanos. Por ello corresponde una rectificación pública clara e inequívoca. Y si no existe comprensión de la gravedad de lo expresado ni voluntad de reparar el daño causado, corresponde reflexionar seriamente sobre la continuidad en una función que exige representar a toda la sociedad, sin distinciones.

Este episodio debería servir además para promover instancias de formación sobre discriminación racial y racismo institucional, para reafirmar el compromiso de las instituciones con la igualdad y para abrir un debate sincero sobre los prejuicios que todavía sobreviven en nuestra cultura.

Porque lo más doloroso de estas palabras no es sólo lo que dicen. Es lo que revelan.

Revelan que aún hay quienes siguen creyendo que la humanidad de algunas personas necesita ser reconocida por otras. Hay algo muy grave detrás de esas frases: la sensación de que todavía, en pleno siglo XXI, algunas personas siguen viendo a la población afrodescendiente como un "otro" al que hay que reconocer o aceptar.

No necesitamos que nadie nos otorgue humanidad. No necesitamos que nadie nos conceda un lugar. Aunque nuestra familia antepasada llegó forzadamente en los barcos negreros durante el tráfico esclavista de la colonización europea, y de allí derivan los horrores supremacistas físicos y simbólicos que padecemos, somos parte de este país desde su origen, hemos contribuido a construirlo y seguiremos haciéndolo.

La humanidad no se concede. La igualdad no se regala. Los derechos no se mendigan.

Y cuando se olvida esa verdad elemental, el que no parece humano es usted, Edil Matteu.

Por Susana Andrade

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