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Política Partido Nacional | Directorio |

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Las "vacaciones" de Pablo Iturralde

Desde el jueves 23 de mayo, la vida del ex presidente del Partido Nacional, Pablo Iturralde, cambió.

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Pablo Iturralde, un joven arachán hijo de un querido escribano de la ciudad y candidato eterno del Frente Amplio de Cerro Largo, vio su vida cambiar radicalmente desde el jueves 23 de mayo.

De joven, Pablo viajó a la capital para estudiar abogacía y allí abrazó los ideales de Wilson. En la primavera de 1983, fundó con un grupo de estudiantes la Corriente Gremial Universitaria. Rápidamente, Pablo, aquel estudiante de barba tupida y boina blanca, se destacó y tuvo una participación activa en la Marcha de los Estudiantes de 1983. A medida que avanzaba en sus estudios de abogacía, su militancia gremial se hacía cada vez más prominente. Pablo siempre fue un joven inquieto y con influencia entre los más jóvenes. Fundó una agrupación que respondía a los jóvenes blancos, específicamente a la lista 430. Fue elegido diputado por Montevideo en tres ocasiones, acompañando a Jorge Larrañaga.

En las elecciones de 2019, cuando su partido volvió al gobierno, el festejo por el triunfo no lo encontró ni entre los legisladores electos ni entre los designados en cargos de responsabilidad ejecutiva. Aun así, exigió y pataleó por un cargo, pero no uno honorario ni modesto, sino uno que fuera remunerado, preferiblemente con un salario de tres cifras. Ante la insistencia del pedido y sin más cargos para ofrecer a quien no presentaba ni votos ni respaldo, los blancos tomaron una resolución que cambiaría la historia. En 186 años de vida del partido de Oribe, nunca antes su presidente había cobrado un peso. Ahora, bajo la premisa de que con los blancos se viviría mejor, el sillón del Honorable Directorio del Partido Nacional sería ocupado por don Pablo, y por tal responsabilidad cobraría un salario de tres cifras. Cuando fue designado, Pablo Iturralde aún cobraba el subsidio al que acceden los legisladores que no renuevan la banca. Pero, como insistía Pablo, cuando se termine el subsidio, hay que vivir de algo, y ese algo sería el nuevo sueldo de presidente nacionalista.

Juana recuerda que le ofrecieron un cargo poco atractivo para su historial y compromiso. Era en el Ministerio de Educación y Cultura, justo al lado del otro Pablo, el pretendidamente culto Da Silveira, que no mantenía buenas relaciones con Ana Ribeiro. En fin, Iturralde quería algo más para sí mismo y no aceptó hacer nada en el Ministerio de los educados y cultos. La decisión final recayó en Pablo Iturralde, que, como todos sabían, tenía ganas de seguir en carrera y tiempo para ejercer la presidencia con dedicación y entusiasmo.

Por esos días también había que nombrar nuevas autoridades partidarias, y la presidencia del Honorable Directorio del Partido Nacional estaba libre pues su titular, la muy serena Beatriz Argimón, estrenaba la Vicepresidencia de la República.

Sin embargo, pasó mucha agua debajo del puente, y ahora Iturralde es eyectado del Honorable por estar conspirando con Gustavo. Pero esa renuncia lo transformó en un desocupado más. Y ya sin subsidio, sin cargo y sin un futuro próximo, Iturralde perdió la compostura. Al enterarse de que no podía llenar el tanque ni hacer las compras en el supermercado, se dio cuenta de que no le habían depositado el sueldo de mayo. Enojado y perseguido, tomó valor y llamó a la casona de la calle Juan Carlos Gómez para reclamar que le depositaran sus emolumentos por los deberes cumplidos, al menos hasta mayo. Juana supo que ahora, visto lo visto, Pablo quiere que le paguen "un subsidio" para seguir tirando porque no tiene trono, no tiene reina ni cargo, y ya no puede coordinar nada con Gustavo.

Un amigo bien informado sobre la interna partidaria le contó a Juana que las consecuencias de la publicación de los chats para Iturralde fueron demoledoras. El Honorable Directorio aceptó su pedido, y don Pablo pasó a percibir un ingreso mensual, que se deducirá de los aportes al Tesoro partidario que hacen los legisladores y los cargos de confianza.

Mientras tanto, el expresidente del Partido Nacional entretiene sus días participando en los grupos de WhatsApp partidarios y reflexionando, aunque nadie se anima a decirle que apenas le clavan el visto.

Juana de la Barra.

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