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Política Contaminación Lumínica | patrimonio |

Contaminación lumínica

Rocha declaró como Patrimonio Departamental al cielo oscuro natural

Un trabajo conjunto entre academia, sociedad civil y el Gobierno de Rocha permitió aprobar por unanimidad una normativa pionera en la Junta Departamental.

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Caras y Caretas Diario

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La Junta Departamental de Rocha aprobó a principios de setiembre, por unanimidad de los 30 ediles presentes, una Ordenanza para la Protección del Cielo Oscuro Natural que establece estándares de calidad asociados a la observación del firmamento y a preservar los procesos ecológicos, paisajísticos, culturales y científicos asociados a la noche.

La nueva normativa declara Patrimonio Departamental al cielo oscuro natural y lo define por la “ausencia o mínima incidencia de contaminación lumínica de origen artificial”. El proyecto fue inicialmente planteado a la Junta por la edila frenteamplista Irina Hintz, y cuenta con el impulso de numerosas comisiones vecinales de la costa del departamento, además del apoyo del artista Jorge Drexler.

Según relató la edila, gracias a la perseverancia de los vecinos y el apoyo de Drexler, el intendente nacionalista Alejo Umpiérrez se comprometió a trabajar sobre el proyecto. Para el que se contaba con un antecedente del anterior período, cuando tres integrantes del Núcleo Interdisciplinario de Estudios en Contaminación Lumínica del Centro Universitario Regional del Este (CURE) de la Universidad de la República (Udelar) habían presentado una propuesta de marco normativo y zonificación para la protección del cielo oscuro natural en el departamento de Rocha, que fue tomada de base.

La astrónoma Andrea Sosa, la ecóloga Florencia Reichmann y la arqueóloga del paisaje Camila Gianotti no solo elaboraron la propuesta presentada en 2024, sino que participaron del equipo multidisciplinario que asesoró a la Dirección de Ordenamiento Territorial de la Intendencia de Rocha en el proyecto.

¿De qué trata?

“La ordenanza apunta a regular la luz artificial en dos planos, por un lado está la obligación de la Intendencia con el alumbrado público, y por otro la iluminación exterior de las viviendas privadas”, explicó a Caras y Caretas el director departamental de Ordenamiento Territorial, Santiago Martínez.

La normativa establece que la luz sea “cálida, que esté mirando al suelo en un ángulo de 90° desde la horizontal y que las luminarias estén apantalladas”, explicó. Esto permite que “las viviendas no tengan luz hacia la atmósfera o hacia los costados, sino que la luz siempre esté enfocada y direccionada hacia el suelo”, explicó.

“Esto es lo que se espera para las viviendas sobre todo del entorno costero”, porque las ciudades de Rocha, de Castillos y Lascano “en principio no llevan este control y tampoco están abarcadas en este primer estadio”, aclaró el director. “Estamos avanzando en primer lugar con la parte más frágil, ecosistémica, que es en toda la faja costera son más de 180 km de costa, y un destino turístico”, destacó.

En cuanto al alumbrado público, “la Intendencia ya viene trabajando con luminarias que cumplen con los grados y con los parámetros aproximados de la ordenanza”, por lo que la aplicación no va a implicar “cambiar toda la metodología de trabajo del Departamento de Eléctrica de la Dirección de Obras”, apuntó. “Para el alumbrado público nuevo se van a usar los criterios de la ordenanza, y el resto se actualizará en el proceso de reposición”, señaló.

Criterios diferenciados

La ordenanza establece criterios diferenciados para zonas de protección “máxima, alta, moderada y menor, también distinguiendo entre zona rural, urbana, y áreas protegidas”, explicó la edila frenteamplista Hintz. “Este ya es un gran logro, así sea para la zona de menor protección que está a nivel urbano”, resaltó.

La normativa busca favorecer “la contemplación de las estrellas, pero además proteger a la fauna nocturna” como las luciérnagas, pájaros, roedores “y también el sueño de los humanos que, aunque tengamos cortinas, afecta al ritmo y la calidad del sueño”, destacó.

En cuanto a los cuestionamientos sobre la necesidad de alumbrar para generar seguridad, la edila señaló que “la iluminación fuerte genera contrastes oscuros donde los ladrones se pueden esconder mejor; con una luz cálida más continua y más homogénea se ve mejor, es más segura”, aseguró.

Uno de los grupos impulsores del cambio normativo del que Hintz es parte es el de vecinos de la playa La Serena de La Paloma, “que con mucho esfuerzo y tenacidad alcanzó este logro”, destacó. En octubre de 2025 la zona recibió un premio en la categoría de innovación y alumbrado inteligente por la Fundación Starlight, luego de un proceso de cambio de las luminarias en el que se involucró el músico Jorge Drexler.

Pero luego de lograr modificar la iluminación pública se dieron cuenta “de que hay un problema muy grande, que es el vecino que pone la iluminación exterior de los predios privados”, reseñó. En esos casos, “no podíamos hacer nada, más que pedir por favor” que tuvieran consideración; “eso nos llevó a promover una ordenanza en donde nos pudiéramos apoyar”, explicó. “Ahora toca ponerse a trabajar entre todos, academia, Gobierno y sociedad civil organizada en cómo se implementa la norma”, resaltó.

“Estamos muy contentos y felices, y ya pidieron la normativa en Colonia”, a donde “seguramente se va a expandir”, subrayó. “Sé que en Montevideo la Intendencia también está trabajando en una normativa”; es decir que la ordenanza de Rocha “es un primer paso que se va a expandir a todo el Uruguay”, auguró.

Equipo científico

“Estamos muy conformes y evaluamos bien la ordenanza, pensamos que es un primer gran paso”, resaltó la astrónoma Sosa. Se supera la etapa “de no tener absolutamente ninguna normativa en el Uruguay”, reconoció.

La normativa recoge los cinco principios básicos para una iluminación responsable: utilidad, dirección, niveles de iluminación bajos, regulable y el uso de luz cálida. En primer caso la iluminación exterior se debe utilizar “solamente cuando se necesita, con un propósito claro”, explicó. En segundo lugar, “tiene que incidir solamente dónde se necesita, para lo que se pueden utilizar elementos que direccionen la luz hacia abajo”, agregó.

En tercer término, “la intensidad o la potencia de la luminaria no puede ser más brillante de lo necesario, con el nivel de luz más bajo posible”, afirmó. Esto varía si se trata de una calle, una avenida, una cancha deportiva u otro espacio. El cuarto principio “tiene que ver con que la iluminación esté controlada” con reguladores de tiempo, detectores de movimiento y dimerizadores que regulen la intensidad “para acomodarla al momento en que se necesita, y siempre tenerla apagada cuando no se usa”, destacó.

El último principio “es que la luz tiene que ser cálida de color amarillo o naranja”, subrayó. “Es muy importante, porque los colores más cálidos corresponden a longitudes de onda mayores y se propagan menos en la atmósfera”, y, por consiguiente, “contaminan menos que los colores blanco azulados que son de menor longitud de onda”, justificó. A esta característica técnicamente se le dice “temperatura de color”, por lo tanto al momento de comprar “hay que fijarse que las lámparas sean de 2700 kelvin o menos”, insistió. “Por la noche, una iluminación blanco azulada reproduce lo que sería la iluminación diurna y por factores biológicos eso estimula a los seres vivos a estar despiertos”, argumentó.

“La zona de máxima protección comprende a toda la faja costera del océano Atlántico, las lagunas Garzón, de Rocha, el Parque Nacional Cabo Polonio y todo lo que es suelo rural natural”, donde están incluidas las sierras de Rocha, “que tienen unos cielos espectaculares”, describió. “Por supuesto, también las áreas protegidas del sistema nacional”, resaltó.

Con esta normativa “nos interesa proteger sitios emblemáticos para el disfrute como paisaje natural que están en peligro por la contaminación lumínica”, advirtió. “Sin dudas el Parque Nacional Cabo Polonio es uno de ellos”, acotó. “La ordenanza es una herramienta para resguardarlo de que no pierda esa calidad de cielo excepcional que tiene”, evaluó.

Luego “hay zonas de alta protección que tienen un poquito menos de restricciones, pero que también apuntan a guardar un cielo oscuro” como los suelos urbanos de áreas protegidas “donde están Oceanía del Polonio, y Santa María de Rocha”, destacó.

En particular, desde el Núcleo y el Cure “nos interesa muchísimo que se incorpore la contaminación lumínica en los planes de manejo de las áreas protegidas”, dijo. “Estamos trabajando para lograr que esto llegue a todas, sería lo ideal”, expresó. Por ejemplo, en “la laguna Garzón lo están empezando a incorporar en sus planes de manejo a la gestión, es importante”, reconoció.

“En La Serena aspiramos a ser una zona de protección alta”, por lo que ahora “se viene la pelea por instrumentar”, matizó Hintz. “Hay algo que llama la atención y es que el Parque Nacional de Santa Teresa está como zona moderada”, pero allí también se aplican los criterios generales y se utilizará “un sistema que en determinadas horas de la noche se apaga del todo”, señaló. Y también se pueden utilizar “unos sensores que bajan la intensidad, que ponen más suave la luz a determinadas horas donde hay poca circulación”, aclaró.

Cambio cultural

“Soy testigo de que hay varios movimientos de la sociedad civil organizados, emprendedores de turismo astronómico que hace años suman su esfuerzo en esta dirección junto al Cure”, destacó Sosa. “Por algo surgió Rocha”, reflexionó. “Con todo el desarrollo de las ciencias ambientalistas que hay en la región”, ya sea “con la parte académica universitaria, la parte civil, hay mucha difusión”, explicó. La Red Pro Cielos Uruguay “tiene un rol en la difusión a través de redes sociales importante”, resaltó la astrónoma.

“Este cambio normativo se produce porque ya hay muchos colectivos de muchas localidades que vienen hace tiempo desarrollando campañas de concientización, charlas con los municipios, con las juntas locales, con los vecinos”, dijo el director Martínez. “En el festival de La Serena que Jorge Drexler hizo el año pasado en La Paloma” se tuvo en cuenta “toda esa sensibilidad lumínica con una puesta en escena vinculada a la preservación del cielo oscuro natural”, reconoció.

“Hay un nivel de conciencia general importante, aunque eso no quiere decir que no haya espacio” para trabajar de forma socioeducativa y “seguir apuntalando las políticas públicas”, matizó. Actualmente, “menos del 2 % del departamento corresponde a suelo urbano, el cielo disponible en condiciones óptimas es la mayor cantidad”, opinó. Se tomó a la contaminación lumínica “en su etapa incipiente, no con una contaminación que está consolidada”, concluyó.

Fiscalización

“Una cosa es la ordenanza y después otra es ponerla en práctica; ahora habrá que empezar a trabajar en cómo implementarla, eso es lo difícil”, advirtió Hintz. “Por supuesto se tiene que adueñar la sociedad civil y hacer difusión”, destacó. “Ahora empieza un gran trabajo de ir a golpear la puerta, y decirle al vecino, informarle, buscar la manera de incentivar, de facilitar”, analizó la edila. “Inspectores específicos no creo que haya, serían los mismos que tendrían que fiscalizar las construcciones inapropiadas, que no se fiscalizan”, criticó.

“En términos prácticos, para cumplir la ordenanza, las personas tienen que presentar una declaración jurada en el marco del permiso de construcción” junto a toda la documentación técnica que presentan “que aplica sobre la zona donde ellos están implantando la vivienda”, explicó el director Martínez. Eso lo controla el Departamento de Arquitectura, “y ese es el mecanismo que acordamos para la adecuación de las viviendas a la norma”, indicó. La ordenanza, “si bien establece un estándar que es ambicioso, lo establece a futuro, no obliga a todas las viviendas edificadas a sustituir sus sistemas de iluminación exterior”, reiteró.

La normativa establece que por Régimen General las infracciones a la Ordenanza pueden recibir multas de entre 5 y 350 Unidades Reajustables, que en el mes de setiembre equivalen de 9.704 pesos a 679.270. “No estamos en una situación donde hay que salir a buscar al que incumple porque está violentando el parámetro lumínico general, ese no es el escenario de Rocha en este momento, ni tampoco es la lógica con la que nosotros quisimos impulsar esta modificación”, explicó Martínez. “No estamos elaborando una norma para salir a perseguir a infractores”, aclaró.

En cuanto a comercios en las zonas comprendidas, “la normativa en principio aspira a que no haya carteles lumínicos”; las únicas excepciones al respecto “en las que no aplican los parámetros de la ordenanza es para edificios de los Ministerios del Interior, de Salud Pública, de Transporte y Obras Públicas, Defensa”, detalló. “En casos particulares la norma también establece la posibilidad de que la Intendencia, previa a valoración técnica, pueda generar alguna excepción”, para lo que se requiere que el particular presente un proyecto que “explique cuál es la necesidad, la justifique y que la Intendencia eventualmente lo evalúe si es que no hay otra alternativa”, resaltó.

A partir de ahora, “hay toda una institucionalidad que se empieza a acostumbrar a este control, a las inspecciones, a monitorear territorio”, y a partir de que se desarrollen los procesos “hay que ver cómo responde el ecosistema” de actores “y la propia institucionalidad”, reflexionó. Esta temática compete a las áreas de “Tránsito, Obras, Ordenamiento Territorial, Ambiente y Fiscalización de Ingresos, que es la que controla las habilitaciones comerciales”, sostuvo.

“Hay aspectos que no son los ideales, como estas excepciones, pero igualmente es un avance enorme”, teniendo en cuenta que “antes no había nada y lo que hay ahora”, subrayó la astrónoma. “Quizás a medida que se aplique se vayan encontrando mejoras, no cabe duda de que todo es perfectible”, manifestó Sosa.