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Política Venezuela |

señales peligrosas

Trump redibuja el mapa de América Latina y Uruguay permanece tristemente silencioso

Para el historiador Roberto García el giro en la política de EEUU, orientado por Donald Trump, obedece a una disputa geopolítica de carácter global.

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La nueva administración de Donald Trump comenzó el año dejando señales claras de que América Latina ocupará un lugar central en su agenda, señaló el historiador e investigador, Roberto García. Destacó que desde su discurso de asunción, "algo inusual para un presidente estadounidense, ya mencionó explícitamente a la región y señaló a países como Venezuela, Haití y, de forma especialmente marcada, Panamá. Ese gesto temprano fue interpretado por analistas internacionales como un anticipo de una política exterior más agresiva e intervencionista hacia el sur".

Entrevistado por Legítima Defensa (Caras y Caretas), García indicó que el giro no ocurre en el vacío: "Forma parte de una disputa geopolítica más amplia, en un mundo que se desplaza cada vez más hacia Oriente. En ese escenario, Estados Unidos busca reordenar lo que históricamente ha considerado su “patio trasero”. La Casa Blanca incluso publicó recientemente un documento de su Oficina China donde vuelve a invocar la Doctrina Monroe y define a América Latina como “nuestro hemisferio”, retomando conceptos propios de otra época".

El discurso de Trump en su toma de posesión reforzó estas señales al citar como modelos de relación internacional a Theodore Roosevelt —recordado por su política del “gran garrote”— y a William McKinley, dos presidentes vinculados al intervencionismo y al racismo institucionalizado. Ese marco simbólico no deja dudas sobre el tono que la administración pretende adoptar en la región.

Discurso de Trump

Destacó García que la coyuntura latinoamericana, marcada por la fragmentación política y la debilidad de los mecanismos de integración, "abrió aún más espacio para esta reconfiguración del poder hemisférico. En este clima, la política exterior estadounidense se combinó con un neoliberalismo especialmente duro y, según voces expertas, con un uso inédito de redes sociales como herramienta de presión diplomática".

El caso de Honduras fue un ejemplo reciente. En pleno proceso electoral, Trump intervino directamente a través de su red social Truth Social con mensajes en apoyo al candidato de la derecha tradicional, acusando de “comunista” a la oficialista Rixi Moncada y calificando a Salvador Nasralla como aliado de corrientes radicales. La intervención coincidió con un clima político ya inestable, agravado por el antecedente del apagón de 2017 que permitió la llegada al poder de Juan Orlando Hernández, luego condenado en Estados Unidos por narcotráfico.

En paralelo, crecen las especulaciones sobre eventuales acciones más duras en el Caribe, incluyendo la posibilidad —muy discutida entre especialistas— de una intervención militar en Venezuela, sostuvo García. "Aunque esa hipótesis enfrenta límites claros, como la falta de apoyo de Brasil y Colombia, el despliegue militar estadounidense en la región sugiere que la administración Trump se prepara para movimientos significativos", agregó.

Silencio uruguayo

En este contexto, García no rehuyó mencionar el silencio de Uruguay, al que consideró llamativo. A diferencia de otros momentos de su política exterior, el país ha evitado pronunciarse sobre los gestos cada vez más explícitos de intervención estadounidense en la región. "Para algunos analistas, esta postura podría responder a una estrategia de bajo perfil, guiada por la idea de que cuanto menos visible sea Uruguay en el radar de las potencias, mejor.

"No sé a qué atribuirlo, pero me imagino que hay un conjunto de gente que debe pensar, y asesorar, que cuanto más calladitos y cuanto más por abajo del radar pasemos, mejor", sentenció.

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