El diputado Daniel Caggiani participó como observador del proceso electoral en Bolivia como integrante del Observatorio de la Democracia del Parlamento del Parlasur, junto al presidente de ese Parlamento, el argentino Oscar Laborde, el diputado argentino Mario Metaza y la diputada de Brasil Sâmia Bomfim.
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Comenta que la delegación paraguaya, integrada y representada por la derecha política en Paraguay, adujo problemas de logística para poder participar y no lo hizo.
¿Cómo fue el recibimiento institucional boliviano de los observadores internacionales?
En particular, el Observatorio de la Democracia tuvo un trabajo previo desde hace dos meses en forma reservada, que trabajó por un lado con los candidatos Arce y Mesa en reuniones virtuales, tratando de mediar cuando el Tribunal Supremo Electoral posterga de forma unilateral la fecha de las elecciones de setiembre para octubre, lo que generó una rispidez muy grande. También se conversó mucho con el presidente del Tribunal Electoral, con la Unión Europea, con miras a generar un proceso electoral confiable.
Hasta 48 horas antes de las elecciones, había muchísima tensión y un marco de incertidumbre, ya que se decía que el resultado electoral podía ser desconocido por los que perdieran, generándose un derramamiento de sangre. Ahí tuvo un papel importante el secretario general de naciones Unidas y la Conferencia Episcopal Boliviana, la Copal, logrando un clima de calma durante el proceso electoral y el de mayor participación ciudadana en los últimos años, no solo por la situación política, sino por la sanitaria, permitiendo que Bolivia vuelva a la senda democrática.
Como diputado uruguayo, ¿iba con algún respaldo del Parlamento nacional?
No fui como parlamentario representando a Uruguay, de hecho, la Cámara de Diputados en Uruguay no tomó cartas en el asunto.
¿La cancillería uruguaya se interesó o se mantuvo la margen?
La primera conclusión que se puede sacar es que uno hubiera deseado mayor intervención de muchos países latinoamericanos en la búsqueda de una solución al conflicto boliviano. Hace un año que Bolivia esta bajo un gobierno de facto, y muchos gobiernos, incluido el de Uruguay, lo legitimaron; en el caso de nuestro país, invitando a su presidenta de hecho a formar parte de las delegaciones internacionales en el acto de asunción del presidente Lacalle.
No jugaron un papel de articulación en la solución a la crisis política boliviana, y el Mercosur fue el gran ausente, tomando en cuneta que solo falta la aprobación del senado de Brasil para que Bolivia se integre al bloque como miembro pleno.
Uno añora el papel jugado en su momento por la Unasur.
La elección en Bolivia tiene una importancia geopolítica muy importante y el resultado pone a Bolivia, Argentina y México como gobiernos de consolidación de una nueva era progresista en América Latina.
A esto se suma la Asamblea Constituyente en Chile y las elecciones en Ecuador, las presidenciales en Brasil.
¿Esta masiva votación es un voto al retorno a la democracia o a retomar el camino del gobierno de Evo Morales?
-Las dos cosas; la alta votación fue una señal de civismo, en el buen sentido, no en el sentido del civismo en Santa Cruz.
La alta votación obtenida por Arce es una ratificación de un proceso progresista que tiene mas de 15 años logrando resultados políticos y económicos muy importantes; creo que es un ajuste de cuentas con la historia por parte de sectores que han estado durante años sometidos, perseguidos, marginados, pero que han demostrado tener una fuerza arrolladora para legitimar un proyecto político como el del MAS [Movimiento Al Socialismo].
De alguna manera es un nuevo grano en la cara para el imperialismo estadounidense donde vuelve un gobierno que ejercerá su soberanía sobre las reservas más importantes de litio y gas.
Este triunfo electoral se da en un contexto de crisis política, social y económica y con una región donde han perdido varios gobiernos progresistas. ¿Cuáles son las perspectivas de reconstrucción democrática y progresista y qué se puede esperar de la oligarquía y derecha bolivianas?
El destino todavía no está escrito, pero esta votación le da una legitimidad muy importante al nuevo gobierno para transitar ese camino de reconstrucción democrática y progresista.
Hoy Bolivia tiene, como muchos países del continente, problemas acuciantes de población marginada, problemas de hambre, la pandemia, el enorme desafío para la sociedad boliviana de pelear contra el odio racial inoculado presente en algunos sectores sociales que tienen su expresión electoral en la media luna de Santa Cruz, específicamente en su líder, Camacho, que ha obtenido un 14% de respaldo electoral.
¿Es decir que aún no están claras las posibilidades en el tiempo del retorno de Evo Morales a Bolivia y su rol político?
Evo sufrió un desplazamiento institucional, pero también hubo una persecución muy fuerte al punto de estar amenazado de ser linchado. Pero la alta votación de Arce y la presencia de David Choquehuanca hablan de un liderazgo político muy fuerte del MAS, en que habrá que ver el rol, sin dudas, de Morales.
Esta votación nos reconforta a los progresistas en la esperanza de un proceso nacional y popular en América Latina.
Pandemia sí, facto no
El comunicado emitido el 19 de octubre por el Ministerio de Relaciones Exteriores de Uruguay expresa: “El gobierno de la República Oriental del Uruguay saluda y felicita al pueblo y a las instituciones del Estado Plurinacional de Bolivia por la jornada cívica pacífica y democrática en la que se desarrollaron las elecciones celebradas el pasado domingo 18 del corriente.
La superación exitosa de los desafíos que planteó la pandemia de covid-19 durante los comicios muestra claramente el temple del pueblo boliviano y augura progreso en múltiples áreas del quehacer de esa nación.
Uruguay considera el acto eleccionario de ayer una prueba de la solidez del proceso político boliviano y confía en que su positiva resolución por parte del pueblo boliviano consolida el camino hacia la normalización institucional del país.
Al tiempo de felicitar al nuevo presidente electo de Bolivia, Econ. Luis Arce Catacora por su triunfo electoral, el gobierno de la República Oriental del Uruguay reafirma su intención de continuar profundizando las históricas relaciones de amistad y cooperación con el Estado Plurinacional de Bolivia, en beneficio de los pueblos de ambos países”.
Las negritas en el comunicado son nuestras porque el gobierno uruguayo, mediante su cancillería, limita la crisis boliviana a la pandemia, y por suerte se suma al concierto internacional de países que celebran el retorno a la normalización institucional en el país.
En marzo de este año, el entonces canciller Ernesto Talvi sostuvo que Jeanine Áñez, presidenta interina de Bolivia, será invitada a la ceremonia de asunción del presidente electo Luis Lacalle Pou, el 1º de marzo. Talvi dijo que «Bolivia ha tenido un quiebre institucional, en el que hay un gobierno de transición que ha anunciado para el 3 de mayo elecciones democráticas, abiertas, con observadores internacionales, así lo ha reconocido la Unión Europea, así lo reconocemos nosotros´´. Talvi se refería a la crísis en Bolivia, al mismo tiempo que quedaban excluidos de participar de la ceremonia oficial de asunción Cuba, Nicaragua y Venezuela.