En el declive de las redes masculinas ¿Quién cuida a los hombres?
La psicóloga e investigadora Angelica Puzio Ferrara, quien acuñó el término, sostiene que se trata de una extensión del kinkeeping —la tendencia de las mujeres a ser las encargadas de sostener los lazos familiares—, trasladada ahora al plano íntimo de las relaciones heterosexuales. La investigación de Ferrara en Stanford reveló que mientras las mujeres diversifican sus apoyos afectivos en amistades y entornos comunitarios, los hombres suelen concentrar su vulnerabilidad exclusivamente en su pareja.
El mankeeping no es solo un fenómeno interpersonal. Es también síntoma de una falla estructural: el aislamiento creciente de los varones. Según un estudio citado en el New York Times, en 1990 solo el 3% de los hombres estadounidenses decía no tener amigos cercanos; en 2021, ese número trepó al 15%. Las cifras revelan un colapso progresivo de las redes masculinas de apoyo, atribuible al desgaste de los vínculos espontáneos que antes generaban en espacios como clubes deportivos, sindicatos, iglesias o el lugar de trabajo.
Frente a esto, muchos hombres trasladan su necesidad de contención a la pareja, esperando que ella cubra todos los flancos: escucha, planificación, sostén, cuidado y validación. Y aunque no todos lo hacen con mala intención, el efecto termina siendo el mismo: mujeres agotadas, relaciones desbalanceadas y una vida afectiva donde lo íntimo deviene carga.
“Estamos en un momento donde más mujeres se animan a decir que se sienten drenadas por esta dinámica”, afirmó el terapeuta Justin Pere. Y no es solo una cuestión de discurso: en redes sociales, miles de mujeres narran el hartazgo de sostener relaciones donde el varón espera ser querido como un niño y acompañado como si tuviera un gabinete emocional a disposición.
Hacerse cargo
El mankeeping no se resuelve dejando a todos los hombres solos con sus vacíos, sino responsabilizándolos de su propio crecimiento emocional, dicen las especialistas. No se trata de demonizarlos por necesitar afecto, sino de poner en cuestión la pasividad con que delegan ese trabajo en sus parejas. La psicóloga Tracy Dalgleish lo resume así: Nadie puede ser el todo de nadie. Los hombres también necesitan vínculos que los escuchen, los cuiden, los sostengan.
Construir esas redes implica esfuerzo, pero también voluntad de romper con un modelo que asocia masculinidad con dureza, independencia y silencio. El escritor Richard Reeves apunta que los hombres deben reaprender a cultivar amistad, comunidad y apertura emocional, aunque eso implique ir contra décadas de mandato cultural.
En la vida cotidiana, hablar explícitamente del tema —como hizo la pareja entrevistada en el Times— puede ser un primer paso. Pero más allá de la conversación, lo que se necesita es acción: que los hombres dejen de exigir cuidado emocional como un derecho tácito, y comiencen a construirlo como una responsabilidad propia.