La detención de capos del narcotráfico como elemento geopolítico de EEUU
Tal como sucedió con Auguste Ricord en Paraguay y con el boliviano Roberto Suárez Gómez, detrás de la detención de Sebastián Marset se solapan los espurios intereses de EEUU en la región.
El cuadro que tenía Marset junto a grandes capos del narcotráfico.
La caída de los grandes capos del narcotráfico no supone un golpe al mercado ilícito de drogas sino una lógica reconfiguración de las organizaciones criminales -dedicadas al tráfico de drogas y el lavado de activos- que, a menudo, está relacionada a los cambios políticos en los países involucrados y su vínculo con Estados Unidos (EEUU).
En ese sentido, Bolivia y Paraguay no solo son dos países clave en la carrera de Marset como reconocido enlace del tráfico de cocaína a Europa, sino que explican gran parte de la historia del narcotráfico regional y mundial, en la que tuvieron un papel relevante los gobiernos dictatoriales apoyados porEEUU.
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El 27 de marzo de 1971 fue detenido en Itá Enramada barrio de Asunción del Paraguay el francés Lucien Darguelles (más conocido como Auguste Ricord), un excolaborador nazi durante la ocupación alemana en Francia durante la Segunda Guerra Mundial que, como muchos otros, encontró en varios países de Sudamérica un lugar seguro para esconderse de la Justicia tras la caída del nazismo en 1945.
Auguste Ricord
El mafioso marsellés se instaló en 1947 en Buenos Aires (Argentina) y orientó sus negocios a la trata de blancas, abasteciendo mujeres a los más exclusivos prostíbulos de las principales ciudades de Argentina, Paraguay y Uruguay, bajo el amparo de jefes policiales, protegido por exnazis y fascistas prófugos de Europa.
Darguelles (Ricord) abrió un restaurante en las cercanías del estadio Monumental (de River Plate argentino) que le servía como pantalla para sus negocios ilícitos. Por ejemplo, en abril de 1968, la banda del franco-corso se llevó un jugoso botín tras ejecutar un asalto a una sucursal del Banco Nación de Argentina.
El modus operandi empleado por los franceses había sido el mismo utilizado por los miembros de la Organización del Ejército Secreto (OAS) cuando recaudaban fondos para su causa robando bancos en Europa. Dos policías franceses llegados de París reconocieron a los posibles sospechosos, vinculados claramente con Ricord. Los policías bonaerenses que lo protegían, temerosos de que la investigación los involucrara, recomendaron al francés que abandonara rápidamente el país.
Desde entonces, el marsellés se instaló en Paraguay en una pizzería que había abierto a fines de 1967 en Asunción, ubicada en el barrio Itá Enramada, y a la que denominó ‘‘París-Niza’’. Desde allí, operó durante varios años aprovechando su estrecho vínculo con los principales asesores del dictador Alfredo Stroessner, como el Gral. Andrés Rodríguez.
“Papa” Ricord o "Il Comandante", fue formado al amparo de los nexos que la mafia corsa forjó con los dos bandos en pugna durante la Segunda Guerra Mundial y en los turbios años de la posguerra europea. Supo sacar provecho del reacomodo a que se vio obligado el crimen organizado occidental tras la caída del dictador cubano Fulgencio Batista y del desmantelamiento de las bases de operaciones del narcotráfico en La Habana.
Diferentes analistas del crimen organizado transnacional han coincidido en apuntar que la instalación en Paraguay, a mediados de la década del 60, de una conexión latina de la mafia corsa, dirigida por Ricord, en connivencia con la dictadura de Stroessner, fue un punto de no retorno. Las actividades comerciales y las diferentes instituciones del Estado paraguayo quedaron para siempre permeadas por la corrupción y los negocios ilícitos de las organizaciones mafiosas.
La vida de Ricord atravesó la Segunda Guerra Mundial y el Plan Cóndor hasta transformarse en el primer gran narcotraficante de la región, ya que el francés aprovechó la ruta decontrabando dominada por el Gral. Andrés Rodríguez, por la que llegaban desde EEUU whiskey, tabaco, electrodomésticos y armas de fuego, para enviar de vuelta a Norteamérica cargamentos de heroína de origen turco.
General Andrés Rodríguez
Finalmente, en setiembre de 1972, por presiones del Gobierno de Richard Nixon (que por esos tiempos iniciaba “La guerra contra las drogas”), Ricord fue extraditado de Paraguay a EEUU, donde era acusado de ser uno de los responsables principales de la distribución de ocho toneladas anuales de heroína en EEUU en complicidad con el Gral. Andrés Rodríguez y sus secuaces como Patricio Colman, muchos de ellos asociados con hombres de la política paraguaya que hasta el día de hoy siguen vinculados al poder y a las rutas del narcotráfico creadas durante el stronismo.
En marzo de 1983, después de cumplir 10 años de prisión en EEUU, de una pena total de 22 (por brindar datos a la justicia estadounidense sobre el negocio) , Ricord salió de una cárcel de Missouri rumbo a Brasil, donde lo recogió un avión de Líneas Aéreas Paraguayas que lo llevó a Asunción. Ricord llegó mudo debido a un avanzado cáncer de laringe. Murió en 1985 transformado casi en una leyenda, que se potenció por la película “The french connection”, basada en su trayectoria, y que fue galardonada con cinco premios Óscar en 1975.
El “modelo Ricord" sentó las bases del negocio del narcotráfico que floreció en la gestión de el Gral. Andrés Rodríguez, quien el 3 de febrero de 1989 derrocó a Stroessner (del que era consuegro y estrecho colaborador) transformándose en presidente paraguayo, a pesar de ser apodado por la DEA de EEUU como ‘‘El General Cocaína’’.
Bolivia: del “Carnicero de Lyon" al (verdadero) "Rey de la Cocaína"
Siguiendo la línea de excolaboradores del régimen nazi refugiados en Sudamérica que se reinventaron en el entonces incipiente negocio del tráfico de drogas ilícitas, es menester recordar el nefasto currículum del alemán Nikolaus “Klaus” Barbie, quien fue el jefe de la Gestapo en Lyon (Francia) durante la Segunda Guerra, apodado mundialmente como “el Carnicero de Lyon” por su responsabilidad en la matanza de judíos y gitanos en los campos de concentración del régimen nazi.
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El criminal alemán, que vivió décadas en Bolivia bajo el nombre de Klaus Altmann, fue extraditado a Francia tras ser descubierto colaborando con las dictaduras de ese país, desde la de Hugo Banzer a la de Luis García Meza, quien llegó al poder en 1980 tras el conocido “Golpe de la Cocaína”, de la mano del narcotraficante Roberto Suárez Gómez y del primo de García Meza, Luis Arce Gómez, quien actuó en ese entonces como Ministro del Interior de Bolivia y ordenó el asesinato de muchos sindicalistas e intelectuales bolivianos, entre ellos el de Marcelo Quiroga Santa Cruz.
Roberto Suárez Gómez, nacido en Santa Ana del Yacuma (Beni), fue apodado como el “Rey de la Cocaína” por jugar un rol relevante en la expansión del tráfico de cocaína en Bolivia y sobre todo de los cárteles colombianos a los que les proveía.
Suárez Gómez fue bisnieto del empresario boliviano Nicolás Suárez Callaú, famoso por su rol destacado en la explotación de la goma durante la fiebre del caucho. De hecho, tenían el monopolio de la producción de caucho, lo que le valió prosperidad económica hasta que, en la primera mitad del siglo XX, el plástico sintético terminó con el próspero negocio y obligó a la familia Suárez a reconvertirse hacia la ganadería primero y luego hacia el negocio de la cocaína.
A mediados de los años setenta, el narcotraficante boliviano comenzó su relación con el capo del Cártel de Medellín, Pablo Escobar, y luego empezó a reclutar a productores de coca para su crear su propia compañía: “La Corporación” o, como también se la denominaba en esa época, “la General Motors de la Cocaína”.
García Meza y Arce Gómez
A principios de 1980 Suárez Gómez acordó con el general García Meza financiar el golpe de Estado que se ejecutó el 17 de julio y derrocó al gobierno de la primera presidenta boliviana, Lidia Gueiler para monopolizar la producción de coca en el territorio boliviano.
El narcoganadero aportó cinco millones de dólares para la empresa militar golpista, que también tuvo pleno apoyo de la dictadura argentina de la mano del Batallón de Inteligencia 601 y de EEUU, con elementos de la CIA formados en la Escuela de las Américas, que sumaron fuerzas al grupo paramilitar formado por Klaus Barbie, que fue conocido en Bolivia como los “Novios de la Muerte”, integrado también por fascistas italianos que operaron en el Plan Cóndor.
En una carta al presidente de EEUU Ronald Reagan en 1983, Suárez Gómez ofreció entregarse si EEUU pagaba la deuda externa de Bolivia de más de tres mil millones de dólares y se liberaba a su hijo, detenido en Suiza, donde la familia lavaba dinero.
El Rey de la Cocaína, uno de los principales narcotraficantes utilizados por la CIA para la financiación de Los Contras antirrevolucionarios nicaragüenses, no pudo evitar que su hijo terminara detenido y extraditado a EEUU, luego de que a finales de los años ochenta llegara el declive de su organización, tras romper relaciones con el Cártel de Medellín, la DEA y la CIA.
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Tras el asesinato de su hijo en Santa Cruz de la Sierra, luego de su regreso a Bolivia, Suárez Gómez empezó a delatar en 1988 la narcopolítica que lo protegió durante casi dos décadas. Pero su alta exposición y los secretos que conocía lo volvieron un problema y las autoridades políticas bolivianas le soltaron la mano y lo empezaron a perseguir para intentar silenciarlo.
Suárez Gómez fue condenado a 15 años de prisión por tráfico de drogas y estuvo en la cárcel hasta 1996, en una auténtica jaula de oro en Bolivia.
En base a la autobiografía inédita escrita por Suárez Gómez, llamada "Tesis Coca-Cocaína", su viuda, Ayda Levy, publicó en 2012 el libro “Mi vida con Roberto Suárez Gómez y el nacimiento del primer narcoestado”, una pieza fundamental para entender el germen del narcotráfico sudamericano y mundial, el rol de EEUU (la DEA y la CIA) en la presunta “Guerra contra las drogas” y que explica en gran medida la reciente e irregular expulsión (por no cumplir con los 15 días previstos en la normativa migratoria) de Marset de Bolivia y su traslado express a EEUU, exponiendo una vez más las debilidades de los sistemas judiciales y penitenciarios de Bolivia y Paraguay (donde pesa sobre él la acusación más importante) y sobre todo la pasividad de estos países ante la presión e injerencia de EEUU en la región con la excusa del combate al narcotráfico.